Algo de lo mejor del 2016 (y algo de lo peor)

Se termina el año y en MOOG hacemos un repaso ecléctico e incompleto: música, cine, televisión, literatura y cosas inclasificables
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Mackenzie Davies y Gugu Mbatha-Raw en “San Junipero”, tercera temporada de Black Mirror

Lo mejor

      • Artistas que saben decir adiós:
        El Blackstar de David Bowie y el You Want It Darker de Leonard Cohen, ambos fallecidos poco después de publicados los discos. El primero es quizá la obra maestra del británico: no tanto por el disco en sí, tomado fuera de contexto, sino por cómo convirtió su propia muerte en un acto artístico. Destaque para “Lazarus” y su videoclip magistral (“Mirá acá arriba/Estoy en el cielo”). El del canadiense, en cambio, no fue pensado explícitamente como un último disco, pero bien podría haberlo sido dada la sensación de cercanía y aceptación del final. Destaque para el oscuro tema que le da título al álbum.
      • Suspenso claustrofóbico:
      • No respires se quedó con todas las miradas dada la dirección de Fede Álvarez, y está bien que así sea: su concepto es sencillo aunque con una vuelta perturbadora, y Álvarez y su co-guionista Rodo Sayagues le exprimen hasta la última gota; a eso se suma la actuación intensa de Stephen Lang y el trabajo original y david fincheresco del director de fotografía Pedro Luque. Pero no fue la única expresión destacable en el año del suspenso claustrofóbico, una suerte de subgénero en el que también descollaron Green Room y, con su dosis de ciencia ficción, 10 Cloverfield Lane.
      • La primera es obra de Jeremy Saulnier, anteriormente director del thriller de venganza Blue Ruin, que en este caso cuenta la historia de una banda punk que ve más de lo que debe en un show para un grupo de neo-nazis, y prefiere encerrarse en el backstage antes que enfrentarse con las consecuencias. Anton Yelchin, fallecido este año en un accidente de tránsito, es el protagonista y demuestra que era capaz de llevar una película sobre sus hombros, si bien la revelación es la rubia Imogen Poots, que le pone un toque de humor ácido a la mezcla. Saulnier no se deleita con la sangre y el gore, y de todas formas Green Room es tremendamente tensa y lo fuerza a uno a sacar la mirada de la pantalla alguna que otra vez.
    • 10 Cloverfield Lane, mientras tanto, es una “secuela espiritual” a Cloverfield, en palabras de su productor J.J. Abrams. Bajo la dirección de Dan Trachtenberg (que este año también estuvo detrás del episodio “Playtest” de Black Mirror), y sin el estilo found footage de su predecesora, 10 Cloverfield Lane transcurre casi por entero en el búnker subterráneo en el que una chica (Mary Elizabeth Winstead) se despierta tras un accidente en auto. Allí un hombre imponente y agresivo (John Goodman, en su mejor papel desde El gran Lebowski) le asegura que se están escondiendo de algo terrible que sucedió en el mundo, aunque no está seguro de si es una guerra nuclear o una invasión alienígena; y ni el personaje de Winstead ni el de John Gallagher Jr. (exThe Newsroom) están seguros de si está diciendo la verdad o si es un demente que los tiene secuestrados. En el final se les va un poco la moto, pero sigue siendo más que disfrutable.
    • ¡Qué bonito!:
      El comediante argentino Juan Pablo González presentó este año a su imitación de Alessandra Rampolla en consultas realizadas a través de Instagram, y uno podría pensar “uhh, otro imitador más…”; pero Alessandra Teapoya resultó ser no solo una sexóloga bastante seria, sino una fuente inagotable de seudónimos y formas novedosas de referirse a… todo.
  • “Side to Side”:
    Ariana Grande se recuperó de una de las polémicas más chistosas de los últimos tiempos (quedó filmada chupando donas de la vidriera de una panadería y diciendo que odiaba Estados Unidos) para dejar esta oda ultra-pegadiza a una noche de sexo tan salvaje que la dejó caminando de costado. Sutil, no. Divertida, sí.
    • Despedida pelotera:
      Segunda Pelota llegó a su fin tras más de una década al aire, y por más que la gran mayoría de sus integrantes continuarán en Del Sol, no será lo mismo sin Mariano López  o Florencia Infante. Este cierre emotivo está del lado positivo porque las cosas cumplen su ciclo, y está bien que así sea. Puede escucharse en el sitio de Océano.
        • Feel de 2016:
          El sello discográfico digital Feel de Agua tuvo un año cargado con seis ediciones, todas ellas recomendables. A la muy variada banda sonora de la película Clever (a cargo del Sr. Faraón, Ismael Varela) es quizá a la que es más difícil entrar, aunque no por eso tiene menos valor; los falsetes de “Alone in the car” o las funky “Soft dementia” y “Pure love attraction” son los mayores destaques. Vino ovni del también poeta Martín Barea Mattos & Por Hora Por Día Por Mes es una obra ecléctica y extraña, ganadora del título a la tapa de disco más bizarra del año, con canciones de aire tanguero como “Maestro” y otras inclasificables como “Himno cardinal” o “Hamburguesa”. El íntimo y acústico Música para viajes interdepartamentales Vol. I de Fabrizio Rossi lo tiene a él como único músico durante casi todo el disco, grabado en vivo, con canciones desnudas y sencillas que alcanzan su cénit en “La música de las estrellas”.
        • El álbum homónimo de la banda Mux es un disco de guitarras melancólicas, bajos y baterías potentes, y sintetizadores atmosféricos, con el premio a la letra más viajera en “Sueño de conejo” y una nota ideal para el comienzo del 2017 en la canción “Feel de año”: “Una cara de mujer/Mancha de humedad/Me habla desde el muro/Dice: ‘Este año todo va a estar mucho mejor’/Espero que tenga razón”. También hay que resaltar los paisajes instrumentales de “Pablo”, “Observador” y la enteramente desprovista de letra “Su guitarra”.
A tres años de Ciudad dormitorio, su último disco, Carmen Sandiego regresó con una quinta integrante (Lucía Riera) y Mapas anatómicos, diez canciones “para sentarse en la oscuridad con el ventilador prendido y pensar en el horror del paso del tiempo, la sensación de vivir en un mundo moribundo, y cómo la belleza es también destrucción”, como lo describió la propia banda en su página de Facebook. Arranca esperablemente oscuro con la triste “Dos sábados”, y con su desdén casi absoluto por la rima y los estribillos no es que en ningún momento se vuelva alegre. Pero sus tintes de humor cínico (como en “La telefonista”), momentos de romance sincero (“Fines de semana”) y otros de belleza poco tradicional (“Un mapa arruinado sigue siendo un mapa”, cantan a coro en “Mapas”), hacen que Mapas anatómicos no sea nunca un álbum deprimente. A eso se suma la destreza de los músicos de Carmen Sandiego, aunque quizá no sea, de todas maneras, apto para un domingo lluvioso de agosto.
Mientras tanto, O’Neill publicó Baja fidelidad a todo, un trabajo que suena de a ratos noventoso, de a ratos punky, con mucho de Pavement, otro poco del Pity Álvarez, otro poco del indie vernáculo de la última época, en la línea de grupos como Julen y la Gente Sola. Letras básicamente sobre vagancia y no hacer nada (“Si me quedo con vos perderé el presentismo”, en el cortito-y-al-pie “Presentismo”, “Desde la cama/Alcanzo todo/Por eso hoy/Me quedo quieto/Mirando el techo”, en la ruidosa “Todo lo que entra en una A4”, toda la letra de “El vasto universo del por ahí”) y segmentos “irrestiblemente coreables”, como escribió Agustín Acevedo Kanopa en la diaria, (en particular “Alguaciles” y “No hay nadie”) se complementan con una dupla enérgica de bajo y batería y guitarras de esas que no buscan el protagonismo activamente y de todas formas lo consiguen.
      • Flameando la bandera:
        El canal de Youtube de latinos en Estados Unidos Flama publicó su video “Signs You’re Uruguayan” (signos de que sos uruguayo) y así los conocimos aquí en MOOG. Recomendaciones en particular: todo lo de la venezolana Joanna Hausmann y la intervención de los demás países a un argentino, además de la competencia de empanadas en que las orientales fueron elegidas como las mejores. Uruguayos campeones.
    • Folk extraterrestre:
      Santiago Bogacz se ha convertido en uno de los hombres más prolíficos de la música nacional con su proyecto de folk experimental Matador, a caballo de una guitarra acústica a la que hace sonar como ninguna otra persona. El álbum homónimo que publicó este 2016 continúa la misma línea, como la contraposición de tres guitarras de cuerdas de acero y un triple overdub de su voz en “FFF”; con otros como “Shinú”, se sumerge de lleno en territorio avant-garde y suena a algo que grabaría Yoko Ono si hubiera nacido en la Pampa. Las guitarras que inundan el doblete de “Wouw-é” y “9 cuerdas” lo dejan a uno de boca abierta.
  • We make the terror:
    Los últimos instantes de las cuartas temporadas de House of Cards y Orange is the New Black dejaron bien en alto a los dos estandartes iniciales de Netflix como canal de series originales. La liderada por Kevin Spacey se puso nuevamente en pie tras una tercera temporada tambaleante y finalizó con un shock doble; la de Piper Chapman y toda la banda de la cárcel de Litchfield cerró con su mayor golpe emocional hasta ahora, y también su mayor cliffhanger.
    • Momento yanqui:
      La imitación de Donald Trump y Hillary Clinton a manos de Alec Baldwin y Kate McKinnon en Saturday Night Live. No hay que saber muchísimo de la realidad estadounidense para divertirse con todos sus sketches. Hasta terminaron con un toque emotivo en el último programa antes de las elecciones, corriendo por Times Square en Manhattan y abrazando a desconocidos. Los late night shows de entre semana también tuvieron un buen año, sobre todo los de Stephen Colbert y Samantha Bee; y ni que hablar del Last Week Tonight de John Oliver.
      • Lo mejor de la televisión nacional:
        El programa de Facundo Ponce de León con la productora Mueca ya era excelente cuando hablaba de Artigas, Varela, la independencia y José Batlle y Ordóñez, pero los tres especiales de El Origen: humor rioplatense rankean entre lo más alto. Pueden verse en el sitio web de La Tele.
      • Western del siglo XXI:
    • Chris Pine (el capitán Kirk de las últimas películas de Star Trek) y Ben Foster (que dejó muy atrás su pasado como Angel en X-Men: la batalla final) interpretan a dos hermanos ladrones de bancos en pueblos perdidos de Texas en Hell or High Water, ambos juntando el dinero para pagar las deudas de su madre fallecida y así evitar que un banco se quede con su rancho. Del otro lado de la ley, un Jeff Bridges en la plenitud de su carrera interpreta a un ranger a punto de retirarse (obviamente) y Gil Birmingham (el indio de Unbreakable Kimmy SchmidtHouse of Cards y la saga Crepúsculo) a su compañero. En este western, los malos son los hombres de traje que manejan las hipotecas, y el área gris en que se mueven los protagonistas aumenta mucho el drama y convierte a la acción en mucho más interesante.
  • Soy un perdedor:
    Los cordobeses youtubers de Hecatombe! y sus tres entregas de “La vida en canciones”, cada uno mejor que el anterior. El último hasta cuenta una historia anti-bullying.
    • “All Night”:
      Como todo lo que hace Beyoncé, al disco Lemonade le dieron un poco demasiado para adelante. Igual “All Night” es un temazo indiscutido.
    • Te amo como Kanye ama a Kanye:
      El marido de Kim Kardashian tuvo un año complicado, pero su disco The Life of Pablo debe ser recordado como otro punto alto en una carrera que no para de romper expectativas, si bien es un álbum al que no le vendría mal algún que otro recorte. “Wolves”, “Waves”, “Famous” o “Real Friends” son canciones memorables, aunque el premio se lo lleva “Ultralight Beam”, una joya de hip hop y gospel. El que menos aparece es el propio West, si bien él llevó la batuta.
      • Satisfacción:
        Los Stones rockearon el Centenario a principios de año y dejaron un álbum nuevo de blues cuando el 2016 se iba. Al final la satisfacción llegó.
    • El pico de la cumbia pop:
      Agustín de Márama y su paso por el “Bailando por un Sueño”. Sigue siendo el mismo programa absurdo desde hace una década, sí; lo que hizo el joven cantante fue aportar su carisma y probarse un bailarín a tener en cuenta junto con Josefina Oriozabala.
    • La nueva rubia de Rombai:
      Tras el alejamiento de Camila Rajchman, Fernando Vázquez se probó como líder solitario del grupo a la vez más exitoso y criticado de la ola de cumbia pop con “Reencuentro”, pero quedaba raro que fuera él quien gritara el “Rombai, de fiesta”. Hacia fin de año apareció la solución: se sumó a su lado la argentina Emilia Mernes, quien a diferencia de Camila -a quien le sobra carisma, pero no tanto habilidad vocal- puede defenderse más con un micrófono. “Cuando se pone a bailar” es de lo poco a resaltar del género en el año en que su burbuja empezó a pincharse.
    • Ni vengas, Gary Oldman:
      2017 traerá a Oldman en el rol de Wiston Churchill en la película Darkest Hour, pero el bueno de Gary tendrá que trabajar mucho después de la actuación sensacionalmente exagerada de John Lithgow en la piel del primer ministro británico, en su caso en la serie The Crown.
  • De ciber fiesta:
    Para cerrar con la cumbia pop, Camila Rajchman fue la sorpresa de las charlas TED en lo previo, y también a posteriori: la suya resultó plantear una conversación necesaria sobre el ciberacoso. El título, “Se ciberdice de mí”, ya es para sacarse el sombrero.
        • Eleven por siempre:
          Stranger Things se nutre en demasía de sus influencias ochentosas, está clarísimo. Sin embargo, el personaje encarnado por la jovencísima Millie Bobby Brown es una adición bienvenida al canon de héroes televisivos. Ochentosos o no.
        • Un tanto menos picantes:
          Los Red Hot Chili Peppers pueden haber perdido un poco de sabor funk en su último disco, The Getaway. Pero no importa nada cuando ponen sobre la mesa canciones tan potentes como “Dark Necessities”, “Go Robot” o “Dreams of a Samurai”.
        • Recuerdos de la crisis:
          La muerte del expresidente Jorge Batlle motivó la reedición de Con los días contados, la investigación periodística de Claudio Paolillo a los meses más candentes de la crisis de 2002. Y eso, fuera de la visión política de cada quien, es una gran noticia: Paolillo escribe con mucha fluidez, y la historia es una de esas que superan cualquier ficción.
        • Caballo de mar:
          BoJack Horseman tuvo una segunda temporada sublime, y podían existir dudas entre los fanáticos de si la tercera mantendría el nivel. Si bien los chistes del primer trío de episodios ya bastaban para tranquilizar a cualquiera, el cuarto -“Fish Out of Water”- no solo termina de enterrar las dudas sino que directamente entra en el podio de lo mejor de la serie animada de Netflix. Situado durante un viaje al Pacific Ocean Film Festival, debajo del agua, el capítulo es casi enteramente mudo y está entonces desprovisto de dos armas clave de la serie -el diálogo y la inspirada actuación vocal de Will Arnett-; lo compensa con creces alimentándose de humor visual y de una animación onírica, surrealista y neón para lograr otra joya de melancolía cómica. Lo mejor de todo: el resto de la temporada está más que a la altura.
        • Reírse mientras el mundo se cae a pedazos:
        • La adaptación de una obra menor de Jane Austen en Love & Friendship, con una actuación de Kate Beckinsale como para preguntarse por qué dedica tanto tiempo a la saga vampírica Underworld y no a expandir su carrera, y un guion que enfatiza mucho más el aspecto crítico y ácido de Austen que sus obras más conocidas y románticas (Orgullo y prejuicio Sentido y sensibilidad).
        • O la subversión de los policiales clásicos tipo buddy movie (en que una pareja despareja debe unir fuerzas para resolver un caso) que propone Dos tipos peligrosos (The Nice Guys), el retorno de Shane Black al cine original tras dirigir Iron Man 3, la más particular de las películas del universo Marvel. Con un Ryan Gosling fuera de su zona de confort y un Russell Crowe explotando sus dotes cómicas poco aprovechadas, a los que se suma la pequeña sorpresa que es Angourie Rice como la hija de Gosling, Black (director también de Kiss Kiss Bang Bang y guionista de Arma mortal) no se preocupa demasiado por que la investigación policial tenga mucho sentido pero sí por provocar una carcajada tras otra.
        • También fuera de Hollywood aparecieron opciones de primera: en Alemania, la directora y guionista Maren Ade estrenó Toni Erdmann, que parte de un concepto no muy original (un padre divorciado y cada vez más solitario se preocupa por su hija adicta al trabajo, con la que no tiene demasiada relación, y se propone cambiarle la vida) para construir una historia crecientemente extraña, con muchos más tintes dramáticos de los que sus tráilers quieren hacer parecer, con un subtexto político, social y de crítica al machismo, pero sobre todo con un fondo de ternura y esporádicas explosiones de risa que cimentan su etiqueta de comedia. Con casi tres horas de largo puede hacerse un poco pesada; lo que la saca adelante, sobre todo, son las actuaciones fenomenales de Sandra Hüller como la hija y Peter Simonischek como el padre y su álter ego, Toni Erdmann. Maren Ade se resiste todo el tiempo a los lugares comunes, hasta el extremo, y Simonischek y sobre todo Hüller le siguen el ritmo.
        • En Nueva Zelanda, Taika Waititi (del falso documental de vampiros Lo que hacemos en las sombras y futuro director de la tercera entrega de la saga de Thor, Ragnarok) escribió y dirigió Hunt for the Wilderpeople, una comedia de aventuras con un niño huérfano, el inolvidable Ricky Baker (interpretado por Julian Dennison, un chico a tener en cuenta), y un viejo conocedor del inmenso bosque kiwi (Sam Neill, el de la primera Jurassic Park), que primero sin quererlo y luego a propósito se convierten en fugitivos de la ley. Una de esas películas en las que no se puede dejar de sonreír.
        • Y en Uruguay, Los modernos destacó por sus diálogos y su tratamiento muy realista de los treinteañeros de hoy y su relación con la paternidad. Las actuaciones de Mauro Sarser -también co-guionista y co-director, junto con Marcela Matta- y sobre todo Noelia Campo levantan a esta película muy por encima de la media del cine nacional.
        • Es decir, el mundo estuvo complicado, la división aumentó por todos los ángulos posibles y la guerra de Siria encendió las alarmas de un conflicto a gran escala mientras causó un terror que una y otra vez en la historia los humanos juraron que no volverían a permitir. Y ahí, para demostrar todo lo bueno que la humanidad sigue teniendo, estuvo el cine: no cesó su producción de arte cómico para permitir un escape y levantar los ánimos. En la misma línea y por el puro placer de ver a Meryl Streep desafinar como una condenada en otra actuación que demuestra lo inagotable de su talento, además de a Simon Helberg (el Howard Wolowitz de The Big Bang Theory) sosteniendo el nivel ante un Hugh Grant en plan galán de la década del 50, entonces vale la pena Florence Foster Jenkins (traducida ridículamente, como ya es costumbre, como Florence, la mejor peor de todas).
      • Cómo desaparecer completamente:
        El lanzamiento de A Moon Shaped Pool, el último disco de Radiohead, fue mucho más interesante que el recurso (ya al borde de gastarse) del lanzamiento sorpresa: la banda eligió ir borrando su presencia en internet, eliminando todo el contenido de sus redes y progresivamente degradando el color de su sitio web hasta dejarla en blanco absoluto. Eso bastó para llamar la atención de una forma nunca antes vista. Destaque para el tema -y su video- “Burn The Witch”.
      • Melancólico folk:
        El segundo disco de Molina y los Cósmicos, El folk de la frontera, se hizo desear. Sin llegar a la misma altura global que El desencanto de 2014, el rochense Molina dejó una de sus canciones más logradas, la triste despedida de “Solamente”.
        • El año del hip hop nacional:
          El debut del dúo Los Buenos Modales (disponible en la web del sello Pure Class Music y en Spotify) es un discazo de bases de primera calidad -los dos integrantes del grupo son DJs, Pan y Dubchizza- y versos excelentes de un desfile de raperos invitados, sobre todo de Santi Mostaffá. Hay que resaltar “Flanders (Carísimo)”, un tema que se catapulta a toda velocidad a la cima del creciente cancionero del rap nacional. Otro punto alto del género es el álbum de Eli Almic & DJ RC, Hace que exista, con destaque para el tema del título, para el estribillo de “Correr” y para el cierre con aroma pop de “Si hacer vale”.
      • Channing all over your Tatum:
        Ave César, lo último de los hermanos Coen, es una película divertida y un homenaje burlón al cine de los años 50, pero también deja un poco que desear en cuanto a los estándares del dúo. Ahora, la escena de Channing Tatum vestido de marinero bailando no tiene precio.
      • Ochentas en el futuro:
        Tras el suceso de Stranger Things, la noticia de que Black Mirror tendría un episodio ochentoso sonaba casi metida a último momento para capitalizar la ola. Para nada: “San Junipero” tal vez el mejor episodio de la serie hasta ahora, tierno y romántico. Para más del Black Mirror más tradicional en nivel óptimo, “Nosedive” y “Shut Up And Dance”.
      • Ella:
    • Lo nuevo del director holandés Paul Verhoeven (el de RobocopEl vengador del futuro Bajos instintos) es una película retorcida y dificilísima, calificada como comedia negra por algunos críticos que deberían atender al psicólogo: tiene momentos de humor negro, pero nada más lejos de una película cómica. Solo funciona porque tiene a una Isabelle Huppert magnética en el rol protagónico, más allá del talento innegable y el atrevimiento de Verhoeven, que roza pasarse de la raya. Elle transcurre en París y comienza con la violación de Michèle (el personaje de Huppert) a manos de un hombre vestido de negro y con el rostro cubierto. Sin embargo, Michèle se niega a ser una víctima y eso convierte a un filme que podría ser predecible en una bestia diferente.
    • Daft Punk número uno:
      El dúo de DJs franceses nunca había logrado un número uno en el ranking estadounidense, y recién pudo alcanzar la cima acompañando a The Weeknd en “Starboy”. La combinación de ambos consigue el efecto deseado de borrar de la memoria al Weeknd de “Can’t Feel My Face” para abrir una nueva etapa, una intención mucho más evidente en el videoclip, en el que el cantante directamente asesina a su previo yo.
  • La luz de los Siete:
    El doblete final de Game of Thrones se lleva el premio a lo mejor de la televisión del 2016. La batalla de los bastardos fue un poco reiterativa en cuanto a su resolución, aunque en cuanto a producción no tiene con qué compararse dentro del ámbito de la TV; el décimo episodio comenzó con una secuencia espectacular musicalizada por “The Light of The Seven”, lo más memorable de la serie desde “The Rains of Castamere” tres temporadas atrás. Las dudas que generaba haber superado las novelas publicadas de George R.R. Martin quedaron bien sepultadas.

Lo peor

    • Machismo I:
      El bullying a la historietista argentina La Cope, porque le gusta tomar birra en la vereda y eso está mal por algún motivo (?).
    • Machismo II:
      Los Premios Iris. No solo dejaron a la luz que todas las comunicadoras mujeres del país entran en un único grupo de WhatsApp. No solo hubo errores técnicos. No solo la ceremonia fue eterna. No solo metieron con fórceps una premiación a los mejor vestidos y hasta a los más originales en el medio del show, ya cuando no se soportaba más la duración que de por sí llevaba. Este año los Iris también incluyeron a Petinatti obligando a desfilar a Lucía Cardarello, conductora de Free Time en VTV, con lo que la intentó convertir en un mero objeto decorativo. Una ceremonia vergonzosa.
    • La oveja negra en el espejo:
      El episodio “Men Against Fire” de Black Mirror. La piedra en el zapato de una temporada por otra parte excelsa.
    • Ay, no, un Pitbull 2.0:
      Maluma y “Cuatro babys”. La falta ortográfica de “babys”. Maluma y Shakira (ay, Shakira). Maluma y Ricky Martin.
    • Más trucho que la puñalada de Yao Cabrera:
      El youtuber uruguayo radicado en Argentina Yao Cabrera (integrante de Dos Bros, un dúo que hace “bromas pesadas”, y que cayó en una cámara oculta de una tienda el año anterior) publicó un video en el que aseguraba haber sido apuñalado en el estómago luego de intentar atrapar a un dealer. Otros youtubers internacionales comprobaron que era todo falso, él primero aseguró que no y luego admitió que sí, y que todo había sido un experimento social. Sus fans llegaron a pelearse con sus amigos por él; así no, che.
    • Mal de la cabeza:
      Las amenazas de muerte que recibió Yao Cabrera después de lo de su video. Incluso él dice que le aflojaron los tornillos del auto, auto que después le robaron.
    • El pozo de la cumbia pop:
      Julio Ríos y su hija sacaron un tema de cumbia. Todo bien con ella, pero el periodista deportivo ya hace rato que la moto se le pasó como tres pueblos. La frase “cumbia y cama solar” más o menos hizo gracia en aquel tema con El Reja, ahora da vergüenza ajena.
    • In memoriam:
      Las muertes de artistas famosos. Todas. Demasiadas. Pero sobre todo Bowie y Prince.
    • Para qué tanto canalla:
      La novela Historia de un canalla de la española Julia Navarro. Larguísima, pesadísima, súper repetitiva -está bien que el protagonista diga “en vez de eso, podría haber hecho esto otro…” e imagine una alternativa que nunca llevó a cabo, pero a la tercera vez uno ya se saltea enteros los párrafos en itálicas-. Parece un ejercicio creativo de intentar crear el personaje más detestable del mundo y no buscar la empatía por ningún lado, extendido hasta un largo ridículo.
    • Zombies al límite:
      Todo lo relativo a Negan en The Walking Dead: tanto matar a un personaje en el final de la sexta temporada y no revelar quién había sido hasta el principio de la séptima, como lo espantosamente gráfico de esas muertes y la forma en que luego estiraron y estiraron la historia capítulo tras capítulo. Hubo tres episodios el doble de largos de lo habitual. Innecesario de punta a punta. Un desperdicio del talento del enorme Jeffrey Dean Morgan.
    • Exceso de mutantes:
      X-Men: Apocalipsis probó que la línea temporal de la saga de mutantes es -como poco- confusa , y fue la nota olvidable de las películas de superhéroes del año. Ni divisiva como Batman v. Superman ni destrozada como Escuadrón Suicida, simplemente olvidable. Y eso puede ser lo peor.
  • Esta lista:
    Falta de muchísimas cosas que salieron este año y nos pasaron de largo. No hay excusas. Si algo que te gustó/odiaste no está acá, seguramente fue porque no lo vimos ni escuchamos ni leímos. Ya mejoraremos en 2017.
¡MOOG les desea un feliz año nuevo!
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN), con la colaboración de Carla Urruti Gull (@CarlaUG) en la entrada de Los modernos

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