Berenice Perciballe protagoniza “Tan frágil como un segundo”, y apenas tiene dieciocho años

La película uruguaya Tan frágil como un segundo está actualmente en cartel con su historia de violencia de género en diversos aspectos. Hablamos sobre ella con una de sus actrices protagónicas, la joven Berenice Perciballe, que hizo su debut actoral con el filme de Dodecá

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¿Qué pensás de este proyecto del que te tocó formar parte?

Para empezar, Tan Frágil como un segundo surgió como una oferta de trabajo para una película, pero a medida de que me fui metiendo en el tema del casting, cuando quedé en el papel, filmé y demás, fue como abrir una puerta, entrar en una dimensión para mí desconocida, por muchos aspectos. Primero que nada, la actuación, porque yo nunca había actuado en mi vida. También por el tema que trata y todos los puntos que toca. Si bien el tema central es la trata de personas, la prostitución y el abuso de menores y demás, también tiene que ver con otros temas que, a pesar de no ser tratados a fondo, están muy bien logrados. La violencia doméstica;  el consumo de mujeres que hay por otras partes, no solo el vínculo prostituta-cliente sino también redes sociales; cuidado de la familia; cómo se relacionan en los liceos. Es eso, una puerta que se abre a muchos temas que me parece que están muy bien logrados.

Son temas muy actuales en el país.

Además, Tan Frágil puede ser llevada a otros países, funciona a nivel mundial a pesar de que está centrada en nuestro país porque está basada en hechos y testimonios que han ocurrido acá en Uruguay. Toca la vulnerabilidad, justamente, “tan frágil”, de todas estas mujeres, niñas y adolescentes. Muestra cómo, teniendo dos historias que son completamente distintas, y que tienen un contexto social distinto y que tienen una contención distinta, o no la tienen, se ven vulneradas través del consumo de su imagen y de sus cuerpos.

Tenés a una adolescente que viene de un contexto social bastante crítico, con una familia que no la contiene, pero por otro lado tenés una chica que tiene recursos, tiene dinero, tiene una familia con la que vive y que está bastante presente, tiene un liceo y demás. A pesar de todos estos pilares, puede llegar a vivir la misma situación de alguien que no los tiene. El abuso y el consumo no van por el tema de las clases, sino por la vulnerabilidad de la mujer.

¿Cómo fue tu reacción cuando te eligieron para el papel?

Al principio fue muy raro. Yo nunca había estudiado actuación ni nada parecido y me llamaron para hacer el casting. Para mí fue un llamado re especial, porque la que estaba haciendo el casting era Valentina Aldecosea, que participa en la película, que también es coach de actores, y ella era mi profesora de actuación. El hecho de que me estuvieran llamando ella y Santiago, que es el director de Dodecá y el director de la película, y me consideraran para el papel, para mí fue tremendo porque yo no tenía experiencia. A medida de que fui pasando a otras etapas del casting, y después cuando quedé en el papel y empezaron los ensayos y el rodaje, fue muy enriquecedor por todo el contacto con una realidad que, si bien la conocés y la tenés de oído, nunca estás muy cerca de ella, te falta mucha información. No solo fue actuar y descubrir la faceta de la actuación, que hoy por hoy me encanta, sino también fue contactarme con esa realidad. Al poder usar mi cuerpo y mi voz para interpretarla, pude hablar por muchas mujeres, fue para mí una experiencia hermosa.

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Me imagino que hay todo un proceso actoral para que vos te conviertas en tu personaje, ¿cómo fue para vos identificarte con Julieta?

Obviamente Julieta tiene una realidad muy alejada de la mía: es una chica del interior con contexto social distinto, una madre distinta, hermanos distintos, un novio distinto del que yo puedo llegar a tener, pero Julieta sigue siendo una adolescente normal. Sigue teniendo dieciséis años, como yo cuando filmé la película. Eso a mí me ayudó muchísimo, porque podía partir del hecho de que es una chica como yo.

Cuando filmamos una escena en la playa de camiones, estábamos realmente ahí: yo estaba con un vestidito cortísimo y ajustado, estaba ahí parada y todo el equipo estaba lejos, tenía que caminar hacia donde estaban todos ellos y al lado tenía la ruta y camiones enormes, las luces generaban sombras tenebrosas. Ahí, con todo esto a mi alrededor y con frío, yo pensaba “pah, hay una chiquilina de dieciséis años, o de catorce, o de doce, o de diez, que está parada en una playa de camiones esperando a un cliente que no conoce, que puede tener 50, 60 o 70 años. Ella está parada al lado de camiones y una ruta, tiene frío. Esto es ficción, yo ahora entro en estado, después salgo, me voy a mi casa y está todo bien, pero hay una chica de dieciséis años para la que esto es su realidad”. Eso me nutría mucho para hacer a Julieta. El pensar: “Yo no estoy en esto, pero hay una chica que sí”.

¿Fue muy difícil para vos el hecho de actuar?

Fue difícil porque yo nunca había actuado. Tuvimos dos instancias de casting, y después un mes o menos de ensayos intensivos con Valentina Aldecosea. Me tuvo que enseñar muchas técnicas que yo no tenía. Fue un desafío, porque hay escenas en las que lloro, en las que grito, escenas en las que tengo contacto con hombres mucho mayores que yo. Era un desafío y me implicó superación, porque podrán decir de mi actuación que es buena, que es mala o que es un montón de cosas, pero me paré delante de la cámara y lo hice. Lo que más me ayudó a actuar fue actuar por una causa, no actuar por actuar ni llorar por llorar, sino llorar queriendo decir algo.

¿Te sentiste cómoda en este papel o hubo momentos, como dijiste con el contacto con hombres, en los que te sentiste incómoda?

Incómoda no, porque hubo mucho respeto, y mucha preparación para el personaje. Estuve actuando con Álvaro Armand Ugón, Fernando Dianesi, Delfi Galbiati, que falleció hace poco. Son actores que tienen mucha experiencia. Son muy respetuosos y, al estar tratando una temática tan seria, desde los actores hasta el equipo técnico mostraron mucho respeto. Si bien los primeros días de rodaje era extraño, porque tenía que estar en lencería, delante de 50 personas que me estaban mirando, y expuesta, no solo por no tener ropa sino a nivel emocional, se generó un respeto que no dio lugar a la incomodidad. Además, los actores, tan experientes, que sabían que era mi primer rodaje, me ayudaron muchísimo a sentirme cómoda, yo tenía un respaldo enorme detrás.

¿Hubo algo que te hayas negado a interpretar?

No, porque desde el “vamos” se habló de que no iba a haber desnudos ni escenas sexuales explícitas, las situaciones violentas no son extra-fuertes. Cuando me dijeron lo de la ropa interior, yo lo entendí porque no puedo ser una prostituta si estoy vestida. Además, desde el principio me aclararon: “Si hay alguna escena que no querés hacer o que te hace sentir incómoda, lo hablamos y entendemos perfectamente”. Pero no, no hubo que sacar nada del guion ni cambiar nada porque fue bastante accesible lo que tenía que hacer.

¿Por qué se tomó la decisión de no mostrar nada explícito?

Santiago, el director, siempre dice: “Vos podés meter escenas sexuales, y podés meter desnudos, pero la película puede llegarte sin tener una escena sexual explícita y sin tener un desnudo. Sin tener una escena extremadamente violenta o extremadamente sangrienta, te llega lo que estás viendo”. Hoy en día, muchas películas de Hollywood tienen mucho material explícito, pero a veces, sin mostrarlo, dejás más lugar al espectador para imaginar lo que él quiere ver a partir de lo que él conecta con el personaje. Eso cobra mucha más fuerza.

Por ejemplo, hay una escena en un camión donde hay un abuso a mi personaje por parte de dos camioneros. Solo se ve el camión desde fuera y se escuchan los sonidos. Escuchándolo, cobra mucha más fuerza que si lo estuvieras viendo. Esa fue una decisión que tomó el director y, en mi opinión, funciona muchísimo.

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Eso debe de ser mucho más difícil de lograr, ¿no?

Sí, esa escena fue un desafío tremendo. Al ser filmada en tiempo real, sin cortes, yo tenía que entrar al camión re normal, y tenía un minuto dentro del camión para entrar en estado, para salir llorando y para que me pusieran el maquillaje de sangre. Entonces, esa decisión también implica otro nivel de dificultad en la actuación.

Lo que tiene la película, que es algo que me han dicho muchas personas que la han visto, es que la ficción se acerca mucho a la realidad, gracias a que está basada en historias reales y bajada a tierra, para que el espectador la comprenda. Por eso, podés olvidarte de que estás viendo una película y meterte ahí, con Julieta y Sofía y Denise y todos los personajes que están sufriendo todo eso.

¿Cómo era el ambiente durante el rodaje?

Con las que más tuve contacto fue con las actrices del prostíbulo, las otras prostitutas. Estaba “Denise”, que la interpretó Valentina Aldecosea. Yo con ella tenía mucha confianza, y me daba fuerza tener a alguien que conocía. A las demás actrices las conocí ahí. Éramos todas mujeres actuando por una causa, hablando por otras mujeres. Actuamos escenas de tensión muy fuertes y muy violentas pero fue lindo, porque al hablar en nombre de alguien que no puede, la actuación cobra otro sentido.

Después estaban los proxenetas, Gabriel Calderón, Federico Guerra, que son actorazos, Ramiro Perdomo, que hacía de mi proxeneta. Él es mi profesor acá en la escuela Dodecá, por lo que la confianza, si bien no la desarrollás del todo como profesor-alumna, tenía ya una base. Era mucho más fácil interpretar estas cosas con él que con un actor que no conociera para nada.

A los demás actores, a pesar de tener menos días juntos, los conocí en los ensayos y los días previos a los rodajes.

Con el mundo de Sofía fue con el que menos contacto tuve, el de la actriz Vera Navrátil, porque, al ser dos historias paralelas, nunca tuvimos un rodaje juntas.

¿A vos siempre te gustó actuar?

Cuando salió la idea de la película, yo estaba en mi primer año como estudiante de cine, en un curso de cuatro años. Yo entré a la escuela con un perfil totalmente distinto, quería hacer dirección, producción, cámara o cualquier cosa que fuera detrás de cámara, nunca se me había cruzado por la cabeza la idea de hacer actuación. Es más, tenía clases de actuación y no me gustaba pasar adelante a improvisar, no me gustaba pararme delante de la cámara. Cuando me llamaron para el casting, no sabía si quería ir porque nunca había actuado y no sabía si me sentía cómoda, pero sí sabía que era tremenda oportunidad para mí, además de que la película era sobre un tema que me interesaba muchísimo.

¿Y ahora?

A partir del rodaje y de todo lo que involucró Tan Frágil como un segundo, conocí un montón de cosas del mundo de la actuación. Hoy por hoy es lo que más me gusta del cine, y hago un curso de actuación hace dos años; descubrí una faceta de mí misma que no me había animado antes a buscar.

¿Te abrió puertas a nivel profesional en Uruguay el haber actuado en esta película?

Por ahora no, porque todavía no se ha concretado nada más allá de castings o de mostrar interés, pero esperemos que más adelante se dé. Para mí, haber empezado a actuar con Tan Frágil como un segundo es tremendo. Un desafío enorme y una experiencia que no hubiera tenido en otro lado. Además, empezar a actuar con un papel protagónico es algo que no pasa casi nunca, y menos con dieciséis años.

¿Cómo es para vos verte en los carteles y en las paradas de ómnibus?

Es extrañísimo. Nunca lo había imaginado y ahora voy al cine y está mi cara ahí, y pienso: “No sé cómo pasó esto”. Pero a la vez es muy lindo, porque está generando repercusiones una película que es importante que las genere, más allá de haber participado yo como actriz.

Pilar Villarmarzo

Fotos: Marina Santini (@marinasantini_)

One comment

  • laura  

    Muy buena!! Se nota que Berenice tiene madurez para su edad y además se expresa muy bien. A seguir adelante!

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