Leonard Cohen abrazó la oscuridad

Poco antes de morir el viernes pasado, el cantautor canadiense había publicado el tremendo You Want It Darker
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Puntaje: 9/10
“Hineni, Hineni/Estoy listo, mi Señor”.
You Want It Darker, el último disco que publicó Leonard Cohen dos semanas antes de morir, abre con la canción que le da nombre y su fenomenalmente oscura línea de bajo. La voz del canadiense envejeció con mucha más clase que la de Bob Dylan, ese otro poeta con el que tanto se lo comparó, y aquí aprovecha sus tonos bajísimos para explotar al máximo los temas de muerte y dudas religiosas de la canción (“un millón de velas encendidas por un amor que nunca vino”). Pero lo más evocador está en ese estribillo de dos versos: “Hineni, hineni” significa “aquí estoy” en hebreo y surge de las palabras de Abraham a Dios en el Antiguo Testamento; Cohen lo canta junto con un coro de corte religioso. “Estoy listo, mi Señor”, agrega enseguida, ahora en solitario.
A los 82 años y tras una vida de búsqueda espiritual constante -en la que llegó a ordenarse monje Zen, aunque su fe y cultura siempre estuvieron enraizadas en su origen judío-, Cohen ya había hecho las paces con la idea de morirse. A diferencia de David Bowie, por nombrar otra estrella internacional de la música que falleció en 2016 (y mientras se escribe esta crítica aparece la noticia de la muerte de otra, Leon Russell), el trovador canadiense no planificó su obra final en torno a su partida de la Tierra, pero no es necesario leer demasiado entre líneas para ver a la Parca mostrando sus garras. You Want It Darker, lo querés más oscuro.
Es altamente recomendable leer el perfil extenso de él que había publicado el New Yorker apenas antes de la noticia del fallecimiento, en el que el músico le cuenta al periodista David Remnick que está listo para partir. Cuenta además cómo escribió el mail que le mandó a su antigua musa, la noruega Marianne Ilhen (la de “So Long, Marianne”), cuando se enteró de que estaba a punto de morir:
“Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino”.
El resto de You Want It Darker sigue esa línea de cortar cuerdas (una expresión literalmente utilizada en el disco) con el mundo, y no por eso es un álbum deprimente. Es uno de esos en que la tristeza embarga, y aun así no se puede evitar sonreír. Además, entre las despedidas Cohen mete un temazo de amor con “If I Didn’t Have Your Love”. “Si el sol perdiera su luz/Y viviéramos en una noche interminable/Y no hubiera nada más que pudieras sentir/Así es como sería/Como mi vida me parecería/Si no tuviera tu amor para hacerlo real”.
De todas formas, el amor con el que el canadiense más se embarra es con el espiritual, y los pianos, los violines y los coros femeninos abundan para crear el ambiente necesario. La producción del hijo de Leonard, Adam Cohen, evita los sintetizadores del pasado y también, lo más posible, las guitarras de su padre en canciones como “Treaty”, “On The Level” (“Estaba peleando con la tentación/Pero no quería ganar”), “Steer Your Way” o “It Seemed The Better Way”. Estos dos últimos agregan un componente de percusión, ahí donde “Traveling Light” suma, ahora sí, guitarras flamencas.
La voz de Cohen se vuelve magnética, hipnotizadora y todos esos clichés de las críticas musicales, pero es que es difícil describirlo de otra manera. No se puede sacar la atención de lo que dice, más cuando la musicalización enfatiza su cantar/recitar, como en la minimalista “It Seemed The Better Way”, que no falla en provocar un escalofrío por la espalda. Y el cantautor tampoco se olvida del humor que siempre lo caracterizó, como en la alegre “Steer Your Way”: “Como él murió para hacer a los hombres santos/Vamos a morir para hacer las cosas baratas/Y decir el Mea Culpa que probablemente te olvidaste”.
No todo es muerte, no; y quizá en otro contexto sería más fácil concentrarse en otros aspectos del disco. Lo cierto es que en el hoy, You Want It Darker es un breve pero contundente golpe en el estómago. Sea uno religioso o no, fanático de Cohen o no. “Me levanto de la mesa/Me retiro del juego”, canta en “Leaving The Table”, sobre una guitarra acústica muy de fondo. “No necesito un perdón”, agrega más tarde, “no queda nadie a quien culpar”.
El álbum cierra con un reprise de “Treaty”, basada en esta ocasión final en un bellísimo arreglo de cuerdas que se lleva la gran parte de la duración. Parece un instrumental hasta que la voz de Cohen aparece en los últimos 40 segundos:
“Desearía que hubiera un tratado que pudiéramos firmar/Ya ha terminado, el agua y el vino/Estábamos rotos entonces, pero ahora estamos al límite/Y desearía que hubiera un tratado entre tu amor y el mío”.
El silencio que sigue, en el que uno queda casi en trance, es el mejor homenaje.
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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