Por qué hay que ver: The Good Wife

Una serie de abogados y políticos tan enormemente divertida como interesante e inteligente
the good wife
Cuando el fiscal principal del estado de Illinois, Peter Florrick, es acusado de corrupción y humillado por la filtración de fotos con una prostituta, da una conferencia de prensa para anunciar que deja el cargo. Su mujer, Alicia Florrick, se para a su lado y le otorga su apoyo implícito. Al terminar la conferencia, los Florrick salen de la mano y en el pasillo, ya ocultos de los flashes, Alicia le da un cachetazo sonoro que lo deja sin entender nada. Enseguida después, con Peter en la cárcel intentando demostrar su inocencia, Alicia debe retornar al Derecho, que no ha ejercido en más de una década, para sostener a sus dos hijos.
Así comienza The Good Wife, una serie que bien podría haber caído en los lugares comunes de las series de abogados, uno de los géneros de más larga data de la televisión, pero que en cambio eligió poco a poco romper todas las reglas. Y eso que se emitió, durante sus siete temporadas, en la cadena de aire CBS, considerada la menos valiente de las de por sí poco valientes cadenas de aire estadounidenses. Sus creadores, la pareja de Robert y Michelle King, lo consiguieron a base de atención al detalle, de dirección estilizada sin demasiados recursos, de un elenco de actores soberbios, y en particular a través de casos de la semana (necesarios en una serie de abogados) muy bien logrados, sin por eso dejar de lado las historias serializadas, las que se extienden en el tiempo.
Siete temporadas de 22 capítulos cada una, y no hay un solo episodio malo. Sí alguno peor, sí alguno que roza la mediocridad, sobre todo en su último año. Pero donde a veces se justifican las falencias de otros shows por el largo excesivo de sus temporadas (los capítulos de relleno de The Walking Dead son el mejor ejemplo), The Good Wife utiliza su formato a favor. Profundiza al máximo en sus personajes, no solo en los principales sino también en los secundarios y hasta en los terciarios, como los jueces, los abogados rivales y hasta los clientes recurrentes. Esto le da a la serie una riqueza fundamental. En lugar de que los conflictos salgan solamente de las tramas -las campañas políticas y los casos de la semana-, en The Good Wife las propias relaciones entre personajes son una mina dorada de drama, romance y comedia.
Sí, comedia. En una época de series súper serias y pobladas de anti-héroes, The Good Wife es increíblemente divertida y graciosa. Tanto que es difícil caracterizarla como un drama, por más que sea lo correspondiente. Es raro el capítulo que pasa sin al menos un par de carcajadas fuertes. Los King apuestan en este sentido de una forma notoria, y en su afán por innovar no solo se interesan por los chistes de diálogo y los gags habituales, sino que emplean recursos insólitos. Como emitir la voz de Glenn Childs, “villano” en el primer par de temporadas, desde el altavoz con forma de león de juguete que tiene en su casa un investigador con hijos chicos (funciona mucho mejor de lo que parece).
De vuelta a los personajes, la verdadera clave más allá de todo. La evolución de Alicia Florrick no llega a los ribetes míticos de, por ejemplo, la evolución de Walter White en Breaking Bad. Pero no es necesario que lo haga. Es una historia mucho más cercana y real que la de Walter. Alicia comienza como una ama de casa aburrida y se eleva de a poco, gracias a los guiones de los King y mucho más gracias al trabajo de Julianna Margulies. Conocida por su rol en la serie médica noventosa E.R., Margulies construye un personaje inolvidable sin necesidad de locuras. Aunque el show cometió un error sobre el final de su existencia al priorizar demasiado a Alicia y dejar de lado a los demás, que al fin y al cabo son tan vitales para The Good Wife como ella.
Kalinda Sharma (encarnada por Archie Panjabi), la investigadora inescrutable de orientación sexual fluida y perpetuamente vestida de minifalda, botas altas y campera de cuero. Will Gardner (un tremendo Josh Charles), el amigo de la universidad de Alicia que es quien le brinda la oportunidad de retornar al Derecho en su firma de abogados. Diane Lockhart (la diosa Christine Baranski, que interpreta a la madre de Leonard Hofstadter en The Big Bang Theory), socia y mejor amiga de Will, y quien protagoniza ahora la secuela de la serie, titulada The Good Fight. Cary Agos (el impronunciable Matt Czuchry), un abogado joven y hambriento que compite con Alicia por un puesto en la firma. Hasta el propio Peter (Chris Noth, Mr. Big en Sex and The City), un personaje mucho más complejo de lo que sus acciones al arranque del show podrían anticipar. La relación de Alicia con cada uno de ellos supone los pilares en que se apoya el engranaje siempre abarrotado de tramas entrelazadas que The Good Wife maneja en cada episodio.
Quizá el personaje más memorable, además de Alicia, sea Eli Gold, experto en campañas políticas interpretado por el histriónico Alan Cumming (quien supo llevar a la pantalla a la mejor versión de Nightcrawler en la segunda película de X-Men), fuente de comedia constante. O no, el más memorable ha de ser Colin Sweeney, millonario y supuesto asesino encarnado con delicia por Dylan Baker. O no, mejor aún, la más memorable es Elsbeth Tascioni, abogada tan loca de la cabeza como brillante e imbatible. O la insoportable y siempre embarazada o rodeada de niños Patty Nyholm, abogada rival de temer (las actrices Carrie Preston y Martha Plimpton ganaron emmys por estas dos últimas actuaciones). O Louis Canning, otro rival, en el mejor papel de Michael J. Fox desde los tiempos de Marty McFly.
Salvo alguna trama más floja vinculada con Kalinda, las primeras cuatro temporadas tienen un crecimiento exponencial hasta culminar en el pico de “Hitting The Fan”, al principio del quinto año, uno de los mejores episodios de televisión de la historia. El resto de esa temporada es estelar. Y la inconsistencia de los dos últimos años no es suficiente como para quebrar a The Good Wife como algún crítico mala onda intentó hacer parecer. Cuando una gran serie tambalea, enseguida aparecen las voces que tratan de tirarla al suelo del todo. The Good Wife no solo aguantó, sino que presenta sus argumentos para entrar en el panteón celestial de la TV. Y son argumentos más que convincentes.
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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