RetroMoog: Lost (primera temporada)

Tras nuestra crítica de Tres colores: Blanco, volvemos a repasar una obra del pasado con la primera temporada de la serie de misterio de ABC
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A seis años del último episodio de Lost, la memoria de la serie sobre los sobrevivientes de un avión caído en una isla desconocida está manchada por lo polémico de su final. Están los decepcionados, que consideran que su cierre arruinó todo lo que vino antes, los que lamentan que no haya respondido todas las interrogantes que se levantaron a lo largo de sus seis temporadas pero entienden que de cualquier manera la conclusión fue satisfactoria, y los que la creen perfecta -que los hay-. Pero todo eso debería dejarse de lado para retornar a la primera temporada del show. Y, más que nada, si nunca la viste y te da intriga el porqué se convirtió en el fenómeno de masas que fue, uno de los que más trascendió al mainstream durante la era de oro de la TV estadounidense; entonces deberías dejar de lado todo el viru viru. Incluso cuando se tiene aunque sea una idea vaga sobre de qué se trató el tan comentado final.
La primera temporada de Lost comienza con un accidente aéreo extraño, en el que las partes frontal y trasera del avión 815 de Oceanic se desprenden en pleno vuelo y la parte del medio cae en una playa desierta, en una isla que ninguno reconoce y que parece tan vacía como esas arenas y la jungla que tienen a la vista. Unos 40 sobreviven casi sin ningún daño al accidente, y poco a poco van descubriendo que hay muchos más misterios en esa isla que simplemente cómo todos siguen vivos sobre la playa.
De ellos, quince son personajes con nombre y apellido -al menos desde el principio- y la primera temporada hace un enorme trabajo para darles profundidad y permitirles crecer desde los estereotipos que suponen al arranque: está el doctor heroico, el chico malo fachero, la rubia insoportable, el asiático con un gran respeto por el honor y un control exagerado sobre su mujer, el rockero drogadicto. A medida que pasan los 25 capítulos que componen la primera temporada -sí, con las series actuales 25 episodios parece un disparate, pero pasan rápido- todos se desarrollan por encima de esa primera impresión, un logro mayúsculo dada la cantidad de personajes involucrados.
Otro aspecto valorable es la banda sonora a cargo de Michael Giacchino, quien llegó a presentar conciertos con sus trabajos para la serie (de hecho, habrá uno en Los Ángeles a fin de año). La música es bastante importante a lo largo de la temporada, con varios montajes y con la presencia de Drive Shaft y su hit “You All Everybody” -la banda de Charlie, el rockero drogadicto antes mencionado-, pero son las composiciones de Giacchino las más destacables. Autor también de las bandas sonoras de películas como Misión imposible IIIMundo jurásico Up, por la que generó un merecidísimo óscar (basta con mirar, y escuchar, la inolvidable intro del filme), Giacchino construye melodías para determinados momentos que luego se repiten y dan nuevo significado a lo que sucede en la serie.
Más allá de música y personajes, en el centro de Lost están los misterios de la isla. Creada por Jeffrey Lieber -que tuvo la idea original-, el todopoderoso J.J. Abrams -que dirigió y coescribió el memorable primer episodio, además de tener peso en la visión original del show- y en particular por Damon Lindelof, que estuvo involucrado durante todo lo que duró la serie, Lost es una obra maestra de generar intriga y enganchar al espectador. Desde que uno de los personajes pregunta “¿dónde estamos?” al cierre del capítulo inicial que los finales de cada hora lo hacen a uno quedarse de boca abierta en una mayoría sorprendente de ocasiones, mirando sin poder reaccionar a que Netflix reproduzca automáticamente el siguiente episodio. Hay algún capítulo más flojo, pero el nivel de la primera temporada es superlativo en promedio.
Lindelof saltó a la fama con este show, para convertirse en un colaborador habitual de películas de ciencia ficción como Prometeo, Cowboys y Aliens y la reboot de Star Trek en 2009, hasta que volvió al sillón de showrunner de una serie de TV con The Leftovers, de HBO, que no ha sido muy popular pero sí se ha ido ganando aplausos de la crítica desde su estreno en 2014. Si bien se suele asociar a J.J. Abrams con Lost, lo cierto es que su influencia estuvo presente más que nada en el fantástico primer episodio; fue contratado por el canal ABC para colaborar con el despegue inicial -o más bien el accidente- para luego alejarse. Lindelof fue la verdadera cabeza creativa detrás de Lost, y con él hay que sacarse el sombrero.
¿Será que no responde todas las interrogantes al final? ¿Será que en algún punto perdió el rumbo y se volvió un bolazo? ¿Será que los personajes con nombre de filósofos de la Ilustración -John Locke, Rousseau-, que los animales que no deberían estar en una isla paradisíaca, que el monstruo misterioso que arranca árboles y que las amenazas que se escuchan más que verse no son más que puro humo sin consistencia detrás? Puede ser. Pero qué gran experiencia que es verla con una tabula rasa en mente, desprovisto de todos los preconceptos. Es una tremenda serie de ciencia ficción, misterio, fantasía, suspenso y hasta romance. Dentro de la edad de oro de la TV, es un verdadero hito.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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