Samantha Navarro y la alegría del tiempo deseado

La vocalista editó este año su sexto álbum solista, Saltar al tiempo deseado, un disco divido en dos mitades

samantha navarro

Puntaje: 8

El sexto disco solista de Samantha Navarro, editado por Perro Andaluz pero también disponible en Spotify, llega cinco años después de su último trabajo en solitario, el Volver al inicio de 2010. Entre medio, editó un álbum con Alejandro Tuana, formó el proyecto Trovalina junto con Rossana Taddei y Eli-u Pena, e integró el Festival Itinerante de Canciones Uruguayas, además de tener presencias en discos de otros artistas, como en el Herencia de Kuropa. Navarro nunca se caracterizó por quedarse quieta sino por la multiplicidad de proyectos y colaboraciones, y la cantautora exprime eso al máximo en este último álbum, Saltar al tiempo deseado: está dividido en una primera parte acompañada por una banda y una segunda acompañada por distintos colaboradores, y se siente natural.

Hay que aclarar que Navarro se casó con su pareja a principios de año, y eso perla de momentos tiernos y alegres el Saltar al tiempo deseado. “Contigo” es una canción enteramente de amor, con un destaque para las armonías de voces con los coros que se tira ella misma. “Señorita” muestra distintas imágenes rutinarias, pero con tal poesía que uno casi puede verlo; y si bien no es explícitamente un tema romántico sí contagia la misma atmósfera con versos como: “Ella siente el fuego/Que arde dentro de su altar”. “Porvenir”, la canción que cierra el disco y en la que colaboran Gonzalo Brown y Martín Buscaglia, también hace referencia a lo bueno que depara el futuro: “Quedan tantos caramelos/Está tan azul el cielo/Será tan hermoso el tiempo/Por venir”. Un sentimiento que queda sellado en el hermoso final a pura guitarra acústica.

Entre las colaboraciones hay que destacar la de Fernando Cabrera en “Sudoku”, en la que también participan Nicolás Antúnez en bongós y maracas, Pablo Leites en congo, shaker y clave, Checo Anselmi en contrabajo y Nicolás Ibarburu en tres. Las voces de ambos cantantes se complementan en gran forma encima de la guitarra de Navarro y la base rítmica como para bailar lentamente. “Fue como encontrar la solución/A tanto problema que tenía/Tu sutil humor e inteligencia/Le pusieron luz a mi vida” canta ella. “Todo puede ser/Como lo soñé/Dame otro beso/Bolchevique”, cantan ambos.

No todo es, sin embargo, tan relacionable con ese punto en la vida de la artista. El blues rock de atmósfera tanguera que abre el disco, “Borrachera”, tiene un teclado genial a cargo de Dany López y a Navarro inspirada, con versos en que describe a la borrachera del título como “colegiala y proxeneta” o “calesita alucinada”. Mientras que “Brunilda y su mantel azul” cuenta una historia íntima muy visual con un tremendo bajo bien al frente y aire tristón. “Palomas y plazas” es un tema extraño, con elementos algo psicodélicos mezclados con los acústicos que caracterizan al disco.

No se puede dejar de resaltar la versión casi a capela que Navarro hace de un temazo de Cabrera, “La vida recién empieza” de su Viva la patria. Si no quedaba en evidencia la enorme letra que tiene la original, Navarro se encarga de aclararlo al despojarla de cualquier cosa que no sea su voz multiplicada. Ni tampoco se puede dejar de resaltar a “36”, que combina un cajón de Nicolás Ibarburu con la guitarra caipira del invitado Eduardo Mauris y la propia acústica de la vocalista, para otro tema que suena autobiográfico y algo nostálgico.

Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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