Santa Clarita Diet: comedia zombie con una vuelta original

Drew Barrymore reaparece exitosamente en esta serie de Netflix, una de esas que se miran de un tirón
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La comedia zombie tiene ya a esta altura poco de original, tanto en la televisión (iZombie) como en el cine, donde los ejemplos son abundantes: Tierra de zombiesShaun of the Dead (traducida como Muertos de risa), Braindead, etc. Por eso es tan llamativo que Santa Clarita Diet, la reciente serie de Netflix, le encuentre la vuelta novedosa. Su creador y showrunner Victor Fresco (responsable de Better Off Ted) combina el género zom-com con la sit-com televisiva de media hora y de corte familiar, tipo Modern Family, y espolvorea todo con un dejo a Dexter. Lo más destacable es cómo Fresco esquiva los clichés más habituales de cada uno de esos ingredientes y construye algo con tanto aroma a nuevo como es posible en esta era de sobredosis de TV.
Por supuesto que no viene nada mal el star power de Drew Barrymore como protagonista, luego de años de semi-desaparecer en el océano de las comedias románticas de mitad de tabla para abajo. Encarna aquí a Sheila Hammond, una agente inmobiliaria de los suburbios de la pequeña ciudad californiana de Santa Clarita (a 40 minutos de Los Ángeles), casada desde hace 25 años con Joel y con una hija adolescente, Abby. Sheila es quien le da título a la serie, ya que en el capítulo piloto vomita la mayor cantidad de vómito jamás vista -incluida una pequeña bola roja similar a un órgano- y descubre el gusto por la carne cruda primero y la carne humana después, la nueva dieta de Santa Clarita. Según el vecino adolescente nerd, Eric, Sheila murió y ahora es una no-muerta (“no me gusta la palabra ‘zombie’, creo que es inherentemente negativa”). Pero no muestra ninguno de los síntomas habituales de los muertos vivientes, sino que se vuelve casi totalmente controlada por sus impulsos (ya sean sexuales, ya sean alimenticios, ya sean de insultar a la gente sin filtro) y provoca una mini-revolución entre sus vecinos, dos de los cuales son policías. Barrymore saca a relucir todo su carisma y va ganando tracción a medida que pasan los diez episodios que conforman la temporada.
Sin embargo, el gran ganador de Santa Clarita Diet es Timothy Olyphant, sobre todo conocido por su trabajo en los westerns televisivos Deadwood Justified. Aquí se vuelca de lleno a el rol cómico, casi histérico, de Joel Hammond: un marido algo aburrido con su matrimonio y su tranquila vida suburbana que de golpe debe aceptar que su esposa está semi-muerta, y que quizá deban matar gente para mantenerla bajo control y preservar algún resto de normalidad en su mundo. Olyphant y Barrymore generan una química memorable, y su dinámica matrimonial corre en paralelo a lo que puede sucederle a cualquier pareja en crisis de mediana edad. Intercambiar aquí el tema zombie por lo que cada uno considere apropiado.
Los personajes adolescentes, que en tantas ocasiones representan el costado más flojo de una serie (estamos hablando de vos, Homeland), son también un gran aliciente del show. Liv Hewson interpreta a Abby, la hija de los Hammond, y Skyler Gisondo a Eric, el vecino y compañero del liceo de ella. Los dos rozan unos cuantos lugares comunes de las comedias de adolescentes, aunque siempre se mantienen a flote. Abby se siente de verdad como una chica intentando procesar algo imposible de entender y no es una de esas insoportables ni adolescentes/adultas que le encantan a Hollywood, mientras que Eric es un nerd clásico pero tan simpático que es difícil no quererlo. La relación entre padres e hija es quizá el mayor logro de la serie, al aportarle un costado emotivo muy necesario para balancear el gore; Eric mientras tanto desarrolla un vínculo también muy destacable con Abby y en particular con Joel.
Incluso Victor Fresco y su equipo diseñaron una mitología interna que resulta de lo más interesante. Allí donde el tráiler y algunas de las críticas primeras hacen creer que los Hammond aceptan de inmediato su realidad nueva y se convierten en asesinos a lo Dexter, el conflicto que genera la enfermedad de Sheila tiene mucho peso (lo cual provoca tanta comedia como contrapunto emocional) y lo que más mueve la trama adelante es la búsqueda de una cura por parte de Joel, preocupado por que su esposa pierda el control y se coma a su propia familia. Esto permite explorar de dónde proviene el virus, cómo se lo puede tratar, si había aparecido en el pasado. De las sit-coms Santa Clarta Diet toma el componente familiar, las locaciones escasas y los capítulos cortos; no así la posibilidad de disfrutar de episodios en solitario. No son autoconclusivos. Lo que sí, la temporada puede tragarse entera en una sola tarde-noche.
Las mayores críticas que ha recibido Santa Clarita Diet van por el volumen de sangre y vísceras que incluye, un comentario bastante llamativo para hacerle a una serie de zombies. Puede tornarse desagradable, si bien siempre con un guiño a la audiencia, y en general lo que arranca son más carcajadas que asco. Es una licuadora de humor negro. Ver a Drew Barrymore bañada en rojo mientras lucha por devorar un cadáver antes de que lo encuentre el vecino es, por algún motivo, tremendamente gracioso. Y el tema del vómito verde descomunal y la pequeña bola roja que señala el comienzo de la transformación es un detalle muy, muy gráfico que por otro lado se siente original y cumple sus funciones a la perfección. Es decir: hay que entrar a Santa Clarita Diet sabiendo qué se va a obtener a cambio. No es para todo el mundo, pero bueno: ¿qué sí lo es?
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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