Tan frágil como un segundo: el abuso no discrimina

La película uruguaya se mete con un tema complicado y actual pero lo maneja sin caer en obviedades ni torpezas, el riesgo de este tipo de historias

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Puntaje: 9/10

“Entonces, ¿nuestro código penal prioriza la propiedad privada por sobre la persona?”. En esta reflexión de Vera Navrátil, quien interpreta a Sofía, se resume gran parte de lo que la nueva película uruguaya Tan frágil como un segundo intenta transmitir. El filme de Dodecá muestra dos polos opuestos que interactúan y que sufren los mismos abusos de una sociedad machista y escalonada, regida por el dinero y el poder.

El largometraje está estructurado en dos mundos: el de Julieta, por un lado, y el de Sofía, por otro. Desde dos perspectivas distintas, ambas protagonistas se ven envueltas en situaciones idénticas y viven la violencia, en todas sus formas, como parte de su cotidianeidad.

¿Qué tanto se puede denigrar a una mujer? La pregunta se la plantean como desafío todos los hombres en la vida de Julieta, papel que desempeña Berenice Perciballe. La protagonista vive con su madre y sus tres hermanos en el interior del país. Es prostituta, su madre es prostituta, sus amigas son prostitutas.

Navrátil, por el contrario, se encarga de mostrar cómo la explotación sexual y la violencia se viven incluso en los círculos sociales más privilegiados, protegidas y maquilladas por el dinero.

De esta manera, dos adolescentes que nada tienen que ver entre sí son sometidas por los mismos hombres, y las vidas de una y otra se exponen en paralelo. La diferencia es que Sofía está respaldada por un bienestar económico que camufla y suaviza su dolor, mientras que Julieta debe enfrentarse al infierno en vida y mantenerse pasiva cuando se la minimiza y cosifica.

En una de las escenas, Valentina Aldecosea, en el papel de Denise, una prostituta, muestra las implicancias de ese martirio. En ella, el personaje comienza a enumerar las cinco cosas más importantes en las que piensa: el amor, las amigas, “ser una buena puta”. No puede terminar su lista por los efectos de las drogas y por el golpe que recibe.

En efecto, la amistad y el cariño entre ellas es el vínculo más fuerte que las mujeres de la película tienen como refugio, en ese entorno en que la agresividad es el único lenguaje que se maneja, cualquiera sea su contexto social. Ni siquiera en sus familias dejan de sentir el miedo y el abandono, sino que es la relación con sus pares, que soportan el mismo tormento, el único resquicio de amor que reciben.

Más allá de la distracción que genera cierto desfase de las voces con la imagen, Tan frágil como un segundo logra denunciar el maltrato y dejar en evidencia la vulnerabilidad e impotencia que viven estas mujeres, atrapadas en un sistema del que les es casi imposible salir.

Sin mostrar ningún abuso sexual de manera explícita, la película logra generar angustia de manera constante. Esto prueba que no es necesario involucrar imágenes de desnudos ni violencia excesiva para transmitir las emociones de terror y desamparo vividas por quienes transitan esas situaciones. Quizás lo más doloroso sea el hecho de saber que esta película no es mera ficción, y que, en bruto o bajo lindas fachadas, la prostitución, la trata de blancas y el abuso están latentes en la sociedad uruguaya.

Es destacable que una productora nacional se atreva a abordar estos temas y cree una película que invite a verlos bajo otra lupa. Dodecá y el director Santiago Ventura lo hacen, y con éxito.

Pilar Villarmarzo

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