“X-Men: Apocalipsis”: la tercera parte siempre es la peor

La saga de X-Men pierde un poco del nivel que venía acumulando con sus últimas entregas, gracias a una línea de tiempo que resulta algo confusa y a un villano no particularmente memorable
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Puntaje: 7
El primer mutante de la historia vivió en el antiguo Egipto, una suerte de dios para ser alabado: En Sabah Nur. Con la capacidad de transferir su conciencia a otro cuerpo una vez que estaba a punto de morir, no solo era prácticamente inmortal, sino que también podía ir sumando poderes y hacerse cada vez más invencible. Iba siempre acompañado por cuatro secuaces, como los cuatro jinetes del Apocalipsis bíblico. Aunque no se sabe si él lo tomó de la Biblia, o si la Biblia lo tomó de él. Hasta que quedó sepultado bajo una pirámide, congelado durante miles de años.
Esa es la premisa de la octava entrega de la saga de X-Men, la tercera desde que Fox decidió viajar en el tiempo y relanzar la saga en el pasado con Primera Clase en 2011. En los años 80, el mundo todavía está tratando de hacerse a la idea de la existencia de los mutantes, revelados cuando Mystique (Jennifer Lawrence) frenó a Magneto y decidió no asesinar a Bolivar Trask en Días del futuro pasado. Esa decisión cambió el futuro -para eso se había mandado a Wolverine al pasado, porque la muerte de Trask había para siempre condenado a los mutantes- y además convirtió a Raven en una suerte de heroína en lugar de en la villana que se había conocido en la trilogía original. En ese contexto, En Sabah Nur despierta y entiende que los seres humanos han perdido el rumbo sin estar dominados por lo que él considera seres superiores, por lo que empieza a reclutar nuevos jinetes para realizar un genocidio a escala masiva.
Los problemas de X-Men: Apocalipsis son varios, aunque por suerte también lo son sus ventajas. Sobre todo los problemas tienen que ver con la saturación del mercado de películas de superhéroes. Como ya analizaron en Vulture, la última entrega en la saga de los mutantes supone la aparición en escena de un villano que pretende destruir el mundo y un grupo de héroes que deben frenarlo; una premisa vista una y cien veces. Lo que es peor, la película se repite dentro del mismo universo de X-Men, al volver a tener a Magneto como uno de los villanos. ¿Cuántas veces pueden estos personajes confiar en Erik Lensherr y seguir dándole oportunidades? Al rato, ya está otra vez destruyendo todo.
Encima el resto de los filmes de superhéroes están buscando alejarse de esas premisas que nos sabemos todos: Deadpool satirizó el género -y las propias películas de X-Men- desde todos los ángulos posibles, Batman v. Superman Capitán América: Civil War enfrentaron a los buenos entre sí, Suicide Squad tendrá a un grupo de villanos como protagonistas, y si uno se guía por los tráilers, Doctor Strange será justamente una extrañeza. Apocalipsis suena a más de lo mismo.
El propio villano, En Sabah Nur o Apocalipsis para los amigos, es uno de los problemas. No solo plantea la pregunta de por qué hay tanta gente azul en el universo X-Men -Bestia, Mystique, Nightcrawler…-, sino que no se ve particularmente amenazador, más bien gracioso. El sistema empleado para transmitir su conciencia al próximo que lo alojará se ve demasiado similar a cómo los humanos se metían dentro de los na’vi en Avatar, y todo el tiempo uno está tratando de distinguir a Oscar Isaac entre el maquillaje y los chiches que tiene puestos encima, lo que provoca la pregunta de por qué pagar millones de dólares por un actor que luego estará irreconocible. No es un villano memorable, si bien tiene sus momentos escalofriantes.
Además, los fans protestaron en su momento que los cineastas no habían capturado bien el look de los cómics y parece ser cierto:
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Hay personajes nuevos que tampoco aportan mucho: el rol de Olivia Munn como Psylocke es básicamente el de usar un traje ridículo para mostrar su cuerpo, y el de Ángel es que uno se pregunte cómo puede estar ahí si era un niño en X-Men 3. Ah, sí, la línea temporal es un gran problema en esta película.
En X-Men 3 hay un flashback en el que Magneto y el profesor X van a la casa de Jean Grey para reclutarla, cuando ella solo era una niña. Sin embargo, en este caso Jean ya está en la mansión X y Erik Lensherr está desaparecido desde hace una década, distanciado de Charles Xavier. Lo de Ángel es lo más raro, pero también llama la atención de lo de Nightrawler: en X-Men 2, ninguno de los mutantes que deberían conocerlo de esta época en la que supuestamente compartió equipo con ellos lo reconoce. El único aspecto que funciona en este nivel es el de Wolverine, que aquí hace una aparición breve aunque intensa.
El problema que más lástima da es Jennifer Lawrence. No tiene por qué probarle a nadie sus capacidades sobradas como actriz, pero acá parece estar repitiendo el rol de Katniss Everdeen de los Juegos del Hambre: una heroína sin muchas ganas de serlo e incapaz de sonreír mucho rato. En las primeras películas de los X-Men, Rebecca Romijn le dio un aire más sexy al personaje que funcionaba como una suerte de femme fatale superpoderosa; Lawrence no ha sabido llevarla hacia ningún lugar particularmente interesante. Trata de ser una antiheroína, pero no le está saliendo con el nivel que se espera de ella.
Los que salvan Apocalipsis de punta a punta son James McAvoy como Xavier y Michael Fassbender como Magneto, sobre todo este último. Se roba cada escena en la que aparece y le infunde a su personaje malvado de una humanidad que ni siquiera el enorme Ian McKellen pudo darle en las primeras películas. Donde este ponía más humor y clase británica, Fassbender pone todo su físico a trabajar y saca emociones desde las tripas. De los nuevos, Alexandra Shipp cumple en gran forma el difícil papel de llenar los zapatos de Halle Berry en una versión joven de Tormenta; Tye Sheridan está correcto como el joven Scott Summers -que también ya había aparecido en X-Men orígenes: Wolverine, en otra instancia de complicación de la línea de tiempo- y Sophie Turner canaliza a su Sansa de Game of Thrones para Jean Grey. Al igual que pasa en la televisión, alternativamente Turner no convence del todo y al rato la rompe. Su Phoenix tiene futuro. Una serie de secuencias impactantes también potencian el filme y balancean los aspectos negativos; además de que Bryan Singer es un director que conoce a estos superhéroes (es su cuarto filme de X-Men) y es difícil que fracase del todo. Pero al final, como dicen los propios personajes tras ir al cine a ver Star Wars: el regreso del Jedi, la tercera suele ser la peor y acá se cumple la regla.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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