Alex Turner eclipsa a Arctic Monkeys en Tranquility Base Hotel + Casino

Lo nuevo de la banda originaria de Sheffield es un giro radical, canchero y lleno de frases memorables, aunque algo homogéneo de más

Por Gastón González Napoli

No es sorpresa que los Arctic Monkeys muten de un disco al otro. Quizá la única vez que se parecieron a sí mismos fue con el Favourite Worst Nightmare, secuela de su debut Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not. Desde ahí han ido saltando, hasta el rock de estadios indeleble de AM, de 2013. Pero siempre se habían mantenido dentro del rock. Su nuevo Tranquility Base Hotel + Casino decididamente no es un álbum de rock. Ahí sí está la sorpresa.

Tal vez fuera la continuidad. Entre Whatever… y Favourite… hubo un año de separación. Los siguientes Humbug, Suck It And See y AM vieron la luz a espacio de dos años. Mientras que para la edición de Tranquility Base… pasaron cinco. Para tener una referencia de todo el tiempo que pasó, entre uno y otro nació, explotó y se incineró la cumbia pop. En el panorama mundial, el hip hop continuó su conquista de todo, el trap se volvió ubicuo, el reggaetón resurgió con un sonido pop lustroso, la psicodelia recuperó terreno. El rock siguió su degeneración en reaccionario y avejentado. Tiene sentido que a Alex Turner -una de las plumas más ingeniosas en el panteón reciente de plumas ingeniosas británicas- lo eludiera la inspiración.

La llave que encontró está en los primeros segundos de “Star Treatment”, la apertura de Tranquility Base Hotel + Casino: un piano. Le regalaron uno a Turner, que nunca había tocado; se puso a aprender y se le dio por escribir un set de temas de bar cheto. Es un disco de sonido homogéneo, cool como la puta madre, recargado de eco, bajos y unas pocas guitarras como para decorar. Es el tipo de música que sonaría en el Café Americano de Rick Blaine, si Casablanca se situara en los 2000.

Si en la época de AM la banda había tomado un look cincuentoso, de cuero y gomina, notorio en el videoclip de “R U Mine?”, ahora están más en plan 70s y también se ve en las letras de Turner (que nació en 1986). La década del setenta en el mundo anglosajón fue cuando los sueños de viajes al espacio eran alcanzables, tras el viaje a la Luna del ’69. Es la década en la que los “avistamientos” de “aliens” se hicieron comunes. La década de Star Wars y Encuentros cercanos del tercer tipo. “Tranquility Base”, base tranquilidad, es como Neil Armstrong bautizó a donde él y Buzz Aldrin descendieron en la misión Apolo XI. Turner toma el nombre y construye a su alrededor un álbum conceptual (otra cosa bien de los 70s). Se imagina un hotel lunar, lo que parece primero una herramienta para tirar al aire referencias de cultura pop y comentarios irónicos sobre sí mismo, pero que al cierre de Tranquility Base Hotel + Casino se asemeja a una metáfora sobre soledad y alienación post-fama masiva en un mundo frío, paranoico y ultra-tecnológico.

Bastante se ha escrito sobre los primeros versos de “Star Treatment” en el par de semanas desde que el disco vio la luz. Es que son así de significativos: “Yo solo quería ser uno de los Strokes/Miren el lío que me hicieron hacer”. Introduce de arranque los aspectos fundamentales del Tranquility Base: la autocrítica, el humor, las decenas de referencias pop (solo en “Star Treatment” pasa por Ghostbusters, Karate Kid, Blade Runner) y el factor espacial. Es un hotel del espacio donde el personaje protagonista toca varias veces por semana, aunque no parece del todo conforme con su fama intergaláctica. El título refiere tanto al tratamiento que se le da a las celebridades, o estrellas, como al hecho de que el personaje y su pareja miran el cielo oscuro y ven luces que demoraron miles de años en llegar a sus ojos.

“Star Treatment” pone la vara alta para el resto del disco. Lo que le juega en contra al Tranquility Base… es su cierta homogeneidad; no le habría venido mal una podada. Salvo a la última, “The Ultracheese”, una balada de piano más bien tradicional, son detalles los que diferencian los temas. Las teclas reiterativas de “One Point Perspective”, los sintetizadores de “Golden Trunks”, el clavicémbalo de “Tranquility Base Hotel & Casino”, la oscuridad de “She Looks Like Fun” y los coritos de “Four Out of Five”.

Esto hace que el disco fluya. Además pone en primer plano más que nunca a las letras y la voz siempre impecable de Turner; casi como si fuera un disco solista y no de Arctic Monkeys. Mucho se ha dicho de que se nota la influencia de su proyecto paralelo, The Last Shadow Puppets. Y aunque lo último de ese grupo, Everything You’ve Come To Expect, es un discazo, que los Arctic Monkeys desaparezcan en el fondo no necesariamente es algo bueno. Cuando intenta hacer un comentario político específico, Turner patina, como en “Golden Trunks” y su “el líder del mundo libre/Recuerda a un luchador que viste un short dorado ajustado”. Le sale mejor en “American Sports” (“Noticias de última hora/Toman la verdad y la vuelven líquida”). Aun así, Turner mete una frase memorable atrás de la otra cuando baja a tierra y, valga la paradoja, asciende al espacio.

El tema homónimo con su humor ácido, Jesús en el spa, la madre del protagonista en la peluquería, preparándose para cantar canciones de protesta, avances tecnológicos que erotizan. La decepción de “One Point Perspective”, que empieza con sueños que se van perdiendo hasta que el protagonista queda “nadando con los economistas”. Cómo la propia Luna, “desde el éxodo”, está repleta y se está aburguesando, “gentrificando”, tanto que el protagonista abre una taquería (en “Four Out of Five”). Los elementos de ciencia ficción -en “Science Fiction”, claro- utilizados primero para comentar la actualidad, luego para que Turner pueda burlarse de sí mismo (“Quiero decir algo simple sobre paz y amor/Pero en una forma sexy que no sea obvia” o “Quise escribir una canción que te sonroje/Pero tengo la sensación de que todo/Puede terminar siendo demasiado ingenioso para su propio bien”).

La letra tal vez más inteligente es la de “She Looks Like Fun”. Funciona tanto dentro del concepto general de hotel y casino en la Luna como para criticar el hoy. “No hay nadie en la calle/movimos todo online desde marzo”. El estribillo que repite, monótono, “ella parece divertida” mientras Alex responde palabras sueltas suena incongruente, hasta que te das cuenta de que está imitando un scrolleo por una red social como Instagram. “Buen día/Hamburguesa con queso/Snowboarding”, “Bukowski/Cuidando perros/Paveando”. Eso de Bukowski parece tirado al aire y no lo es. ¿Cuánta gente cita en posteos aleatoriamente a Bukowski -o a Onetti, en su versión vernácula- para hacerse la crack que no le importa nada?

“The Ultracheese” cierra el círculo del álbum conceptual al emparentar con precisión el bar lunar con la soledad. Es la más auto-referencial. Turner canta con melancolía por cosas que ya no puede hacer, como sentarse en un bar tranquilo. Al entonar “Qué muerte morí escribiendo esa canción/De principio a fin, contigo mirando” parece hablar de cómo siempre está bajo el ojo público, intentando hacer su arte mientras lo miran, y lo está matando. Es similar a una línea previa, paranoica, en “She Looks Like Fun”: “Bailá como si alguien te estuviera observando/Porque lo están haciendo”.

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