Alfonsina: “Me interesa más la honestidad que la novedad”

En una pequeña habitación repleta de instrumentos, Alfonsina nos recibió para deconstruir su nuevo álbum, Pactos, para el especial de Fin de Año Atrasado. En Pactos ella toca la mayoría de los instrumentos, se encarga del proceso creativo y le planta una respuesta a las malas experiencias del pasado

Fotos: Josefina Brum

Por Gastón González Napoli y Rodrigo Guerra

Alfonsina Álvarez se está maquillando. Pero no quiere perder el tiempo y nos invita a ya comenzar la charla. Ella frente al espejo, nosotros en el umbral del baño.

En un rato terminará y nos moveremos a un cuartito desordenado y atiborrado de instrumentos. La cuna de Pactos, su segundo disco, en el que tocó casi todo y pegó un volantazo fuerte al sonido con que había debutado en El bien traerá el bien y el mal traerá canciones en 2014.

Tanto en el baño como en la habitación contigua, Alfonsina se abrió sobre el proceso creativo detrás de su música, si importa o no la originalidad y por qué cree que su generación es “post y pre todo”.

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¿Cómo surge el concepto de Pactos?

Pactos fue descubriéndose a sí mismo al igual que las canciones, no es que surgió de una sola idea, sino que el disco terminó siendo la manifestación de un momento. Igualmente, es cierto que hay algunas premisas que lo constituyen. Por ejemplo, reducir los elementos a lo que tenía en mi casa: una batería, un bajo Jazz Squier, una guitarra Telecaster, que era la que quería que aporte el sonido característico al álbum; un micro Korg y una compu que es con la que tiré un par de programaciones. La premisa fue usar lo que está a mano, no alejarse con ideas imposibles y darle a lo que está un orden nuevo, porque lo que uso son elementos básicos de una banda, pero la idea era rebuscármela para encontrar algo nuevo.

En el disco tocás la mayoría de los instrumentos. ¿Cómo sentiste la experiencia de centrarte vos en todo el proceso creativo, a diferencia de tu disco anterior?

Fue un proceso re loco. Primero que nada, la sensación que me había quedado del álbum anterior fue mucho más escabrosa y difícil que lo escabroso y difícil que fue luego tener confianza en mis propias ideas, grabar y que eso sea lo que quede en el disco. En otro momento, la idea era que yo grababa y se lo pasaba a músicos sesionistas para que lo volvieran a grabar. Esta vez hice un par de pruebas y me pareció que el disco cambiaba esencialmente si hacía todo yo, entonces decidí que era mejor hacerlo así. Durante un tiempo grabé rapidísimo, después me tranqué meses y luego acudí a la ayuda de Fabrizio Rossi, con quien mezclamos el álbum y lo terminamos. Fue una aventura alucinante y está muy bueno empujar los límites de uno hasta la obsesión total.

Para la próxima voy a tratar de no ir a un lugar tan obsesivo, tal vez sea mejor dejar que las cosas se resuelvan con el tiempo, pero pude hacerlo y aprendí pila. Las limitaciones son lo mejor: pocos instrumentos, poco conocimiento, muchas ganas y mucha honestidad en la búsqueda da buenos resultados.

Has hablado un montón en entrevistas sobre el cambio sonoro de un disco al otro. Una cosa que me llamó la atención es que dijiste que en El bien traerá el bien y el mal traerá canciones los músicos venían de un lugar y vos de otro. ¿Qué es ese lugar del que decís que venís? ¿Otro género musical? ¿Otra forma de entender la música?

Lo que yo quería expresar con eso es que Pactos tiene una individualidad particular, y pensé que era más fácilmente transmisible que en el álbum anterior. Me di cuenta de que vos pensás que el otro te está entendiendo, pero en realidad está entendiendo otra cosa: pensé que la comunicación era mucho más profunda, pero tenés que acercarte mucho más para expresarte y que el otro entienda lo que querés decir. Por eso quise refinar la manera de producir la música, no solamente las letras, que en el álbum anterior tenían pila de peso, sino que también la manera de producir el sonido, organizarlo y elegir las texturas habla más profundamente de qué soy, más que si solamente te cuento una historia y te entra a través del lenguaje.

En el álbum anterior también estaba explorando géneros que ya existían y mezclándolos, pero no sentí que se logró una originalidad, que en este álbum siento que me acerqué mucho más. No me interesa tanto ser original, sino que ser honesta con lo extraños que somos adentro y la búsqueda del disco es sacar eso a la luz. Obviamente, ese trabajo lleva tiempo, capaz si conviviera con los músicos, como me pasa con Diego [Bartaburu, su marido] que toca la batería. Él sí está habilitado para el álbum porque hay una conjunción y un entendimiento muy profundo; eso es algo que de otras formas no podés lograr y es importante al momento de hacer un disco.

“Ese frío vacío” es como una respuesta al disco anterior. ¿Era esa tu intención o fue algo que se fue dando?

Fue una respuesta a un par de cosas que no puedo decir porque voy a dejar mal parada a mucha gente.

En Pactos hay un diálogo interno entre canciones: se ven pactos internos en “Ese frío vacío” y “Juego con fuego”, pero también planteás un pacto con el otro en “Casas unidas” o “La noche exige”.

Exacto. Por esa razón el disco se terminó llamando “Pactos”, hay diálogos internos entre las canciones y entre los instrumentos, la manera de arreglarlos fue pensado como amalgamas: ninguno va arriba del otro, están entrelazados y todos tienen lugar. El bajo es tan importante como la letra, la guitarra es tan importante como la batería, y todos están conversando y se relacionan entre sí.

En el disco anterior el foco estaba puesto en tu capacidad vocal, pero en Pactos parece que diste un paso atrás para dar un sonido más democrático. Llama la atención cómo el bajo y la batería pasan al frente…

La bata más que nada me interesaba pila, porque yo vengo de la música electrónica y de pasar mucho tiempo escuchando techno, y en ese género se usan pocos elementos pero se buscan muchas sorpresas. De ahí también tomo la repetición y cómo se resignifican las cosas cuando uno las mira desde otro ángulo.

Eso que planteaste recién se relaciona muy bien con el recitado que hacés al final de “Fuego”, donde hacés una crítica sobre tu generación y sus faltas de profundidad…

El recitado dice “mi generación es post y pre todo/Mi generación es una bomba cuya cuenta regresiva no acaba/Mi generación tiene el tiempo pinchado”. Ese recitado es una grabación que hice en 2009 en mi cuarto con el micrófono de computadora. Me senté, y como si fuera escritura automática, empecé a decir eso y después me dije: “¿Qué es esto? ¿Qué es este mensaje que me estoy auto-dando?”. Años después lo incluí en “Fuego”.

¿Lo editaste o quedó tal cual lo grabaste?

Solamente corté una parte porque no entraba todo. Fabrizio [Rossi] me dijo que sobre el final de “Fuego” no tendría que seguir repitiendo “soy lo que doy/Soy un nudo tenso cuando sobrepienso”. Entonces tuve la idea de unir un tiempo con el otro, me parecía alucinante, era algo de integrarse en simultaneidades de tiempos. Me parecía consecuente que algo que fue grabado en 2009 quisiera entrar en algo de 2017. Pienso que eso que hice en 2009 en realidad estaba pensado para 2017. A veces no tenemos conciencia de cuánta conciencia tenemos.

Decías que cuando grabaste el recitado te preguntaste qué querías decir. ¿Te respondiste la pregunta?

Estaba recogiendo algo que estaba en el aire y lo estaba poniendo en palabras, eso es lo que entiendo que es hacer música: de alguna manera estás al servicio del momento. Cuanto más te pongas al servicio del momento y menos interfieras, mejor va a ser la obra.

¿Te sentís como atacada por otras generaciones o era algo que surgió, justamente, en el momento?

Ese recitado tiene muchas puntas. Es una descripción de lo que siento sobre mi generación, no sé si la siento atacada. La siento peculiar, como post y pre todo. Está después de las grandes hazañas, ya no sabe para dónde ir, no tiene grandes aspiraciones y nos llenamos de distracciones.

A lo largo del disco se siente la presencia de varios elementos poéticos. ¿Qué importancia le das a la poesía?

Para mí, la poesía es una forma de ordenar elementos. Puede ser un bajo o una batería, una guitarra o una voz, o un significado de las casas unidas. Hay cosas a las que estamos expuestos todo el tiempo y no las recogemos como algo poético… Bueno, eso algo que no me gusta de mi generación, me re embola que todas las cosas están solo para usarse. No es así, las cosas están también para existir, para verse, para relacionarse, para conversar y sacar provecho de eso.

¿Estudiar en Bellas Artes influye en tu forma de hacer música?

Sí, claro. Primero porque la forma de organizar texturas tiene una cosa visual que baja a música. También en Bellas Artes estudio teoría del arte contemporánea y eso me ha invitado mucho, voy a contradecir todo lo que dije antes, no voy a solamente recibir mundos sino que también crearlos. Vos abrís una canción con determinada nota, y esa nota enciende un mundo posible que luego se va manifestando. Hay una importancia de tener en cuenta de que somos miradas y que tenemos la libertad de crear e interpretarnos como seres humanos. En eso me ha apuntalado mucho estudiar en Bellas Artes.

Hace un rato decías que no buscabas hacer algo original, pero tampoco querías quedarte con lo que estaba hecho. Entender que no hay nada nuevo bajo el sol, pero que no por eso tenés que quedarte con lo que ya conocés…

Claro, a mí no me importa que sea novedoso, sino que sea original. Si es fiel a un momento, ¿cómo hago para repetir determinada tocada de bajo? No puedo y nadie va a poder repetirlo si esa tocada fue sentida en ese momento. Hay cosas en el disco que podrían sonar mejor, pero no quise volver a grabarlas porque las había grabado en mi cuarto en el momento en que nacieron, y el momento en que algo nace tiene ese momento incluido, no es solamente la nota. Entonces se torna original, se vuelve honesto. Lo que no pudo tener esa honestidad, que es la exigencia que me volvió un poco obsesiva. Se fue.

¿Cómo surgió el riff de “Juego con fuego”?

Estaba el tema entero pero me faltaba el riff de guitarra. Me senté en mi cuarto, me tomé cinco o seis mates, busqué y lo toqué. Así salió, porque yo no estudio escalas en la guitarra, espero que la guitarra converse conmigo. A veces me tira un flechazo y me atengo.

En cuanto al saxo: se podría decir que la inclusión del instrumento rompe con la premisa de limitarte a lo que tenías a mano.

Es que en mi cabeza sonaban los saxos, cada vez que ponía el tema escuchaba eso en mi cabeza, hasta que lo terminé agregando. Me gusta mucho esa línea. Cuando están los invitados sí hay gente que está afuera de lo que tengo a mano, en “Algo llama” más que nada está Manuel Contrera tocando cosas que son totalmente imposibles para mí, y los saxos del tema los hizo Gonzalo Levin, no es algo que yo canté.

Las teclas de “Fuego” son cosas que tenía en la cabeza, igual cuando digo que tengo que tener cosas a mano me refiero a que también las tengo que tener en la cabeza. La cosa no es invitar a alguien y decirle “tocá algo y vemos”. En este álbum no pude dejar la libertad a la interpretación del otro de lo que yo quiero decir. Ahora dije “basta de eso”: si quiero decir cómo soy busco la manera de hacer mi propia traducción. Es una manera de plantarte en la vida.

“Algo llama” es un tema complicado de tocar y ahí está la idea de los pactos. Entró Contreras al teclado y Levin, que a él lo había llamado nada más para que toque la línea de saxo de “Juego con fuego”, pero escuchó “Algo llama”, se puso a hacer un invento con el instrumento y le di para adelante. Fue como un pacto, porque se unen las energías con la gente que resuena con eso.

Eso también pasa con las fotos de la portada que hizo Karin Topolanski. Ella también se une al pacto. ¿Qué querías representar con la tapa del álbum?

Primero que nada, hicimos las fotos y en la sesión no sabíamos bien qué íbamos a hacer. Solamente sabíamos que queríamos algo bastante limpio con un fondo blanco, así que le dije a Karin que quería experimentar algo con mi cuerpo y empecé a buscar posiciones. La idea era ponerle cuerpo a la idea, que era lo que trata de hacer el álbum: que deje de ser todo tan abstracto y se vuelva algo concreto. La cosa tiene que ser de verdad para que sea contundente, porque sino sería algo insípido.

Nos pusimos a buscar posiciones del cuerpo, nos pusimos re ninjas y sacamos un montón de fotos con el fondo limpio, como el álbum, que venía siendo bastante higiénico. Y sacamos fotos con todos esos movimientos. Después vino la selección de fotos y el collage. Vimos que en las fotos que cuando una mano se toca con otra, las cosas se transformaban en un símbolo. Después vino la tapa, entonces me tiraron varias propuestas, fuimos conversando y les dije que la tapa tenía que expresar el manejo de muchas dimensiones a la vez: ser muchos elementos a la vez y tener muchos instrumentos a la vez, pero pensarlo desde un centro. Con otras referencias que Karin trajo terminamos eligiendo esta tapa. Me parece que se empiezan a sumar las partes y siguen hablando de pactos. Todos los elementos se suman para comunicarse entre sí.

Hace unos días estuviste en Paysandú tocando a guitarra y voz. ¿Cómo traducís las canciones hacia un terreno más minimalista?

Tengo un montón de temas de Pactos que no los puedo tocar porque fueron concebidos como banda y son verdaderos consigo mismos cuando se tocan de esa manera. Igual, alguna traducción hice, como “La noche exige”, porque es una canción que narra mucho y es muy rítmica; igual extraño como una enferma la batería y el bajo. Pero bueno, estoy haciendo dialogar el momento anterior de mi carrera con este, en la que me tenían muy conceptuada como una chica de guitarra y voz. Esa fue la primera vez que toqué a guitarra y voz en mucho tiempo y fue como empezar a unir los distintos momentos de mi personalidad.

En el cambio de un disco al otro, ¿hay alguna canción que descartarías o volverías a hacer?

Hice de nuevo y arreglé de forma muy distinta “En la estela”. Es una canción que quiero mucho y que cada vez que la canto lo hago desde el corazón. Igualmente, estoy aprendiendo con la investigación que voy haciendo que nada es descartar, sino que hay que generar el diálogo entre las dos cosas. De repente traigo cosas de un disco y del otro. No quiero descartar nada, antes tuve una época en que fui una renegada de mi propio trabajo y eso es bastante insalubre. Pero ese fue el punto de partida para este disco y para hacerlo de la manera en que yo lo quería hacer. Lo anterior tenía otra data y tenía una cantidad de inocencia y de intención que no da para tirarla a la basura. Estoy tratando de reconciliar todo eso.

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