Aniquilación es desde ya una de las películas del año

Netflix distribuye internacionalmente Aniquilación, un filme de ciencia ficción que fue creado para el cine y merecía estrenarse allí


Foto: sitio oficial de Aniquilación

Por Gastón González Napoli

Podrán burlarse una y otra vez de ellos. Podrá probarse una y otra vez que cuando meten las manos en el plato, arruinan la comida. Podrán, quizá, algún día darse cuenta de que personifican el exceso hollywoodense. Ah, pero los productores ejecutivos no aprenden más. Su última víctima es Aniquilación, una película de ciencia ficción visiblemente creada para la gran pantalla. Quienes vivimos por fuera de Estados Unidos deberemos consumirla, obligados, en la pequeña.

Parece que las audiencias de los test screenings (funciones de prueba para valorar la respuesta de la gente antes del estreno) hallaron a Aniquilación demasiado compleja. La productora Skydance Media trató de meterse y forzar un cambio en el final. El director Alex Garland se negó, el productor Scott Rubin también. El estudio Paramount quedó en el medio y se lavó las manos: estrenaría Aniquilación en cines de Estados Unidos, Canadá y China para dejar contentos a los creativos; el resto del mundo la recibiría en Netflix como forma de recortar costos, para dejar contentos a los que pusieron el dinero. Que salgan perdiendo las audiencias internacionales, total…

El lado positivo es que no hubo que esperar a que los distribuidores tuvieran ganas de estrenarla. Lo malo: Alex Garland y su equipo artístico crearon un universo visual hermoso y terrorífico que pierde mucho fuera de las salas.

Aniquilación gira en torno a una bióloga ex-militar, interpretada con fiereza, frialdad y maravilla por Natalie Portman. Su marido sargento, Kane (el inagotable Oscar Isaac), se va en una misión, como es habitual, pero pasa tanto tiempo fuera que ella cree que ha muerto y está sumida en un estado depresivo. Hasta que Kane se aparece en su casa, con cara de perdido y casi sin hablar. La bióloga descubre que su misión involucró adentrarse en “el Brillo”, una anomalía inexplicable que surgió en un faro y se ha ido extendiendo tierra adentro por los bosques. Kane es la única persona que ha salido con vida del Brillo; y con vida hasta por ahí, porque no parece él mismo.

Hay dos teorías sobre lo que sucede del otro lado con los equipos militares enviados para investigar. O algo los mata, o enloquecen y se matan entre ellos. La bióloga decide sumarse al equipo de mujeres científicas que planea adentrarse en la anomalía para recabar datos. Necesita saber qué le sucedió a Kane ahí adentro. Poco a poco su motivación se profundiza: necesita saber algo más sobre él, sobre su matrimonio. Qué lo llevó a presentarse como voluntario a una misión a todas luces suicida.

El equipo de mujeres rompe con los estereotipos de la ciencia ficción, aunque eso no es razón suficiente para destacarlo. Sí lo son las actuaciones: Tessa Thompson, más que nada conocida por interpretar a la Valquiria en Thor: Ragnarok, no puede estar más lejos de esa guerrera borracha, acá convertida en una chica tímida, súper inteligente y con tendencias suicidas. Gina Rodríguez, sarcástica, físicamente imponente y peligrosa, tampoco podría separarse más del rol por el que es conocida, el de la protagonista de Jane The Virgin. Jennifer Jason Leigh trae consigo algo de la amenaza latente de su personaje de Los ocho más odiados, y la sepulta debajo de un rostro pétreo, inescrutable, que también esconde dolor. El equipo lo completa la ignota actriz sueca Tuva Novotny, el corazón dolido del grupo.

Portman carga el peso de la película sobre sus hombros, incluidas escenas extrañas, bizarras, que dejan de boca abierta, en un tercer acto casi desprovisto de diálogo. Las decenas de preguntas que se van abriendo en el clímax se leen en su rostro. Puede que su personaje no sea querible (otra de las quejas de la productora Skydance), pero Portman le brinda empatía y le infunde curiosidad contagiosa. Su química con Oscar Isaac es innegable.

Aniquilación no tendría ni por asomo el poder que tiene de no ser por el trabajo visual. El Brillo provoca mutaciones, que empiezan a verse en las flores que van invadiéndolo todo y luego en los animales. La película tiene componentes de terror, y de ese terror más duro de todos, el body horror, que lo hace a uno más tarde mirarse su propio cuerpo y pensar “de acá podría salir algo parecido”. Toma de Alien lo justo y necesario para que no se note. Por suerte no cae en los homenajes y referencias que hoy pasan por originalidad.

El verdadero triunfo visual de la película, sin embargo, es cómo conjuga el horror con lo salvajemente bello de una naturaleza fuera de control. Cómo no se puede dejar de admirarlo todo a pesar de que sea tan anti-natural. El director de arte, Mark Digby, debería ganar una pila de premios. Y la música compuesta por Ben Salisbury y Geoff Barrow (este último, integrante de la banda británica de trip-hop Portishead) es un complemento ideal. Bucea en las melodías electrónicas para hallar sonidos gancheros que ponen los pelos de punta. Suenan… alienígenas.

El guion adapta la primera novela de la trilogía The Southern Reach, de Jeff VanderMeer, aunque le da un cierre en sí misma. Alex Garland, el director también guionista, logra lecturas múltiples de la historia. La trama funciona desde un punto de vista lineal, y sobre ella se construyen montones de teorías. ¿Va sobre el cambio climático? ¿Sobre la tendencia auto-destructora de la humanidad? ¿Sobre la inteligencia artificial? ¿Qué es exactamente el Brillo? Garland suma otra perla a su collar, que comenzó con la novela de La playa y abarca los guiones de 28 días despuésNunca me abandonesDredd. Además de dirigir y escribir la brutal Ex Machina; responsable en gran parte de la fama actual de la ubicua (y nueva Lara Croft) Alicia Vikander.

Es prácticamente imposible que una película nueva se sienta distinta en serio. El conjunto de factores de Aniquilación lo consigue. Después no podés sacártela de la cabeza. Maldito sea Skydance que nos robó la chance de verla en el cine.

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