Arquero y su nuevo álbum: “No es un disco triste, pero es un disco chill; es un disco feliz, pero tomándote tu birrita”

El rapero sevillano-uruguayo Diego Arquero editó hace poco su primer disco solista, Aguafiestas, y toca el sábado con Los Buenos Modales. Excusa más que ideal para conversar con él sobre qué significa rapear bien, qué le permite el formato solitario que no le da su banda y hasta de los Arctic Monkeys


Foto: Gastón Martínez

Por Gastón González Napoli

Viniste de Sevilla a Uruguay en 2010, con 16 años. ¿Por qué se vinieron tus padres?

Ambos tienen familiares y en cierto momento decidimos que no daba más para vivir allá.

¿Te dan ganas de volver?

A visitar sí, he vuelto. Me encanta salir de acá, me encanta viajar siempre que puedo, pero estoy súper tranquilo y planeo hacer todos los pasos acá.

¿Te costó adaptarte?

No, yo venía todos los años. Tengo primos acá. Los primeros meses sí, porque vine en verano y antes de entrar en el liceo era como “estoy al re pedo”, pero cuando entré me adapté de toque. Dejé a todos mis amigos, fue un punto de quiebre. Está zarpado irse con 16 años. Y estuve como cuatro meses a la deriva, sin conocer a nadie. De salir todos los días a estar en un país nuevo.

En España te sentías incomprendido, pero en esa época en Montevideo tampoco era que sonaba mucho rap.

No tiene nada que ver con eso. Me sentía incomprendido como adolescente frustrado. Capaz que me hubiera sentido igual acá. Tenía ciertas inquietudes, que no es que en Sevilla no existan; existen, hay una cultura riquísima musicalmente. De hecho, tengo grandes influencias de allá. Pero a esa edad, yo ya estaba muy para hacer música, muy para explorar otros géneros, que en el momento allá era lo que se escuchaba en la radio, lo que estuviera de moda nomás. Supongo que si hubiera seguido unos años también me hubiera volcado con gente de ámbitos artísticos, me hubiera rebuscado. El tema es que al venirme con 16 años vine con las ideas más claras de “tá, esto es lo que quiero”. Y tuve la oportunidad de conocer a muchas personas que estaban en la música, o en la pintura, o de cualquier expresión artística y sensible. Para mí fue un cambio, obviamente. En Sevilla hacía todo eso muy por mi cuenta. Tenía una banda, que es gracioso porque se llamaba Malas Intenciones, y ahora estoy en Los Buenos Modales.

Es lo que tiene el Uruguay.

[Risas] Me endulcé, bo.

Cuando primero leí de Los Buenos Modales, entendí que la banda fija eran solo los que hacen las bases, Dubchizza y…

Pan. Era, sí.

Pero ahora también…

Es una confusión que ya está bastante disuelta, pero anteayer salí y alguien me dijo “tocan Los Modales, ¿vos vas a tocar?”. Y claro que voy a tocar. A la gente le costó asimilar que fuera una banda de dos beatmakers, y ahora no entiende que somos todos. Fue una cosa que se formó por el público. Fue demanda. Era un disco de producción que se convirtió en una banda de hip hop. La gente quería escuchar las canciones y a los cantantes.

También pasó que Los Buenos Modales tocaron un par de veces DJ set en chiquito y hay gente que se re quemó, no entendía un carajo. Se terminó convirtiendo en banda por las circunstancias, y a nosotros nos vino genial.

Has contado que de chico idealizabas Uruguay. Creo que a nosotros nos pasa al revés.

Sí, a mí me jode mucho eso del uruguayo que quiere que esto sea Miami. Me rompe mucho las pelotas. Uruguay tiene muchas cosas buenas, muchas cosas lindas, y muchas libertades, sobre todo libertades, que en otros países no existen. No existen en España, ni en pedo, no existen en Europa. También obviamente es un país más atrasado en otras cosas, pero creo que es un lindo país para vivir. La gente acá se hace mucho la cabeza. El tachero te habla de la inseguridad máxima; no estoy diciendo que todo esté bien, eh, ni muchísimo menos. Leí en una encuesta, no sé si es verdad esta información o es mentira, pero me pareció interesante, que la gente se sentía con el mismo nivel de inseguridad que en Ciudad Juárez.

Sí, la recuerdo esa nota.

¿De qué carajo estamos hablando? A mí me encanta poder estar en la calle tranquilo tomando una birra, que no te jodan. Hace tiempo estaba en los tambores y pasó un patrullero, y se me vino el pensamiento: “Acá hay como diez normas que en España serían motivo para que se bajaran a apalear, a poner multas, a detener gente”. Y el milico pasó sin que pasara absolutamente nada. A mí me gusta mucho Uruguay, y siento que la gente no valora las libertades y no valora cierta tranquilidad. Hay una aspiración de uruguayos… Uruguay tiene para darte lo que tiene para darte, y si querés pedirle otra cosa, andate a Miami. Creo que tiene una cultura súper rica musicalmente. Salen bandas de debajo de las piedras.

Lo que está pasando con el hip hop, por lo menos acá en Montevideo, es impresionante.

Yo lo veía viendo venir año tras año. Llegué acá ya rapeando. Viniendo de España, que es una escena súper consolidada de rap, posiblemente el país de habla hispana con más cultura del rap, a un país donde había dos bandas sonando, con una diferencia de calidad. Hoy en día hay exponentes muy buenos. En cantidad y calidad estamos todavía muy lejos de lo que es España, pero lo veía venir año tras año. Siempre decíamos: “El año que viene esto explota”. Para mí ya explotó. Puede venir algo más, pero que explote es esto.

La escena es más chica.

Claro. Yo no quiero que esto se convierta en el boom de la electrónica que hubo, no sé si me gustaría. Esos booms son medio raros, medio pasajeros. Como cuando acá, sin faltarle el respeto para nada a la gente que hace música electrónica, que también es una cultura súper rica, a nosotros nos viene a ver gente que no tiene idea de rap, nos gusta, pero también hay mucha gente de su viaje, de “yo quiero hacer lo más puro”, y no le gusta todo eso que se forma alrededor, y con la electrónica pasa lo mismo. Hay gente que tiene muchísima cultura atrás, muchísimo conocimiento, muchos años de trayectoria, y pasó este boom, que a algunos los beneficiará, a otros no. Mi intención no es que haya un boom gigante. Mi intención es que se le dé el lugar que está empezando a darse. Que con Los Buenos Modales podamos llenar algunas salas de este país, que Dostrescinco esté en festivales grandes, que AFC esté en festivales grandes.

¿No te gustaría tocar en festivales con los Modales?

Hace poco tocamos en la fiesta del Farolito para 1.300 personas, y ya es como la cuarta o quinta fecha que tocamos para más de 500 personas. El que no fue tan grande de masividad, pero para mí fue increíble, fue el Montevideo Sound City del año pasado. Mirate ese cartel. Que estemos nosotros, y en un lugar privilegiado, un horario súper fuerte, tocamos justo después de Chillan Las Bestias, que es la otra banda de Pedro Dalton, y a mí los Buenos Muchachos es la banda que más me gusta de este país con diferencia, para nosotros eso, tratar con gente realmente salada de acá, fue… eso, para mí, es pegarla. Es el boom del que hablo. Yo quería una atención, que diga “bo, esto está pasando acá y está zarpado”. Y creo que tenemos una escena súper rica.

En Argentina debe haberla también, pero está muy monopolizado en un par de discográficas o colectivos. Opacan todo el resto. Deben haber tremendas bandas seguro, pero yo…

Lo que se ven mucho allá son las batallas de rap.

Conozco, y algunos de ellos me gustan. Intento ser súper abierto, a mí me gusta desde lo más clásico, y me gustan temas del Duki, esta gente argentina. Me gusta mucho Neo Pistea. Soy súper abierto con eso. Pero creo que debe haber detrás una escena mucho más grande. Y en este país, lo que yo conozco, me parece que hay por lo menos diez raperos con nivel clase A. En un país tan chico y en tan poco tiempo, está muy zarpado.

A Los Modales los definían como un súper grupo.

Los Modales hicieron varias cosas bien. Muchas veces pensé qué cuadro armaría yo -porque ellos lo que hicieron, Dubchizza y Pan, fue armar un cuadro-. Hubo más gente invitada que no agarró viaje, o que estaba solo en un tema, como la Eli [Almic], que es una crá, pero como solo hizo un tema, no forma parte de la banda. O el Sapo. Por logística no podíamos. Y al final fue un cuadro que se armó. Y yo creo que todos los que estamos sabemos rapear; hay otra gente que sabe rapear muy bien y no está en la banda, pero creo que si se armara una liga, pelearía siempre la Champions.

Cada uno arrastraba cierta audiencia.

Hubo varias cosas que estuvieron bien para explicar el fenómeno de los Modales. Una fue que los raperos que se eligieron tenían su cierta trayectoria, tenían sus seguidores, algunos más que otros; otras fueron jugadas arriesgadas pero interesantes, desde poner a Seba Jones, que rapea en inglés, y el Pan y Dubchizza querían que hubiera un poco de eso. Él es muy fresco, está muy con las tendencias en el buen sentido, está actualizado. Agarraron a Santi Mostaffá, que es ícono de una escuela mucho más vieja. Armaron un cuadro con cierta lógica. Por un lado eso. Y por el otro, la imagen de los Modales es importantísima. Pan labura en Bruster, que son los mismos que me hicieron la tapa a mí, y son gente que desde el punto de vista estético tienen un concepto muy claro. La música, al haber tanta información, tantas cosas que se pierden, necesitás que lo tuyo se pierda lo menos posible. Entonces una tapa que te rompa los ojos, en una lista de tapas, te va a hacer querer ver qué pasa con estos tipos. Es súper importante lo que rodea a la música hoy en día.

No sé si acá se hace mucho hincapié en las tapas.

Acá, teniendo en cuenta que la mayoría son bandas de rock, siempre hubo una cultura de la desprollijidad. Yo estoy luchando mucho contra eso. Tratando de que sea todo una pieza de arte. La gente a veces critica, tenés tremendo videoclip… Es verdad que hay un montón de temas que son una garcha y tienen tremendos videos, y te vende al personaje, y compraste al personaje, y chau, yo tampoco es eso lo que defiendo. Pero si tenés un buen tema y un buen videoclip, es otra pieza de arte que vale lo mismo.

Ver la obra en su totalidad.

Más allá de que los beats no son míos, yo los elegí. Sugerí cosas. Pero el artista tiene que ser todo. Y ya no es un tema de plata. Hace tiempo. Es ponerle cabeza. Se pueden hacer cosas buenas solamente con cariño y buen gusto.

Y todo esto los diferenció.

Nos llevó a otro target de público que accedió a Los Modales, que una banda de raperos todos con ropa enorme y gorros, típico estereotipo, capaz que no hacía sentir identificada a la misma gente. Yo no llevo la bandera del hip hop real, para nada. Me gusta rapear y soy súper consciente de lo que para mí es rapear bien y rapear mal.

¿Qué tiene que tener un buen rapero?

Si rapeás bien, no me importa un carajo todo el resto; si lo estás haciendo sobre algo de dancehall, si estás hablando de cocaína o de salvemos a los niños. Escritores buenos y con buenos mensajes hay por todos lados. No creo en el rapero como un predicador. Si quiero dar un mensaje, como lo he hecho en algunas canciones, lo he dado. Pero no creo en la función del rapero como un predicador. Tiene que ser un buen músico de hip hop.

¿Y qué significa eso?

Manejar bien la escritura para decir lo que él quiera, manejar bien los tiempos. La gente defiende a, te voy a poner un ejemplo, no quería dar nombres pero voy a dar nombres, ponele a Nach. Un rapero súper conocido de España. Lleva rapeando con el mismo flow los últimos 20 años. Prefiero escuchar a Neo Pistea en una canción diciendo “Messi, Messi” 40 veces, pero que los tres juegos que hace son juegos rítmicos re zarpados, que un tipo que únicamente me está dando un discurso con un instrumental de trap. Hay gente que compra eso. Está bien. Es como el que se sorprende con un solo de mierda en una guitarra, y el que se preocupa realmente del sonido de una viola y lo que está haciendo, si está tocando la pentatónica y chau, o si realmente está tocando. Nach es un gran letrista, pero no me parece un gran rapero.

Te importa el cómo.

Me importa mucho más el cómo que el qué en este género. Soy muy estético de la rima. Si “Flanders” de Los Modales dice pelotudeces; sí, dice pelotudeces. Pero hay un juego métrico en las pelotudeces que estoy diciendo. Y hay una fonética súper pensada. Y a mí eso me parece que es lo que diferencia a un rapero bueno de uno malo. Después los escritores son otra cosa. Siempre va a ser mejor escritor que vos Borges, siempre va a ser mejor escritor que vos…

García Márquez.

Millones. Entonces, estamos jugando a hacer rap. Esa es mi postura. Creo que la gran mayoría de gente que escucha rap todavía no ve eso, y se enojan con el reggaetón cuando hay… Estoy dando muchas declaraciones polémicas [risas]. Pero hay tipos haciendo reggaetón que rapean mucho mejor que los tipos que se enojan. Porque están bien sobre el ritmo, no se pierden, están haciendo juegos interesantes con las sílabas. Cosas que no es tan fácil. Siempre me gustó Tego Calderón, siempre me gustó Cosculluela, que es un tipo que rapea bien. Está hablando de culos, bueno, tá: rapea re bien. Me chupa un huevo.

Pasa que el mensaje es lo más fácil de dar, para la gente que no lo entiende. Y estoy diciendo esto haciendo un disco que tiene bastante contenido. Pero porque elegí que este disco, en este momento de mi vida, tenía que tener bastante contenido. Pero súper disfruto del rap de solo descansar, de la competencia.

Algo que puede explicar también el éxito de Los Modales es que apostaron por una onda fiestera.

Sí… Tratamos de ser, no informales, no es la palabra, pero sí sarcásticos, satíricos, estamos jodiendo. Pero lo estamos haciendo bien. Yo me esperaba un crítica muy fuerte para cuando Los Modales salieran. Y honestamente, si la hay, no la estoy recibiendo. No recibo hateo del público. Capaz que hay gente en el súper under que no sé ni quiénes son, que hace un hateo grande a Los Modales, pero para nosotros fue satisfactorio ver que este público nuevo accedió a Los Modales, y que el público rapero, la gente que rapea, no vi como “qué cagada Los Modales”. Creo que las cabezas están más abiertas también. Estamos en un punto en el que ya no importa tanto… antes era preocupante que un tema fuera bailable en el rap. Cuando arranqué en los inicios del hip hop, era como que “bailar está mal, esta música es para escucharla y mover la cabeza”.

El rap original era para bailar.

Claro, era pura joda. Hay una generación que se quedó en un rap de a partir de los 90, del 92, por ahí, con ciertos discursos…

Pero también hay rap en los 90 que es bailable.

Sí, sí, hay muchas banderas.

Pasa en todos los géneros.

En la música hay mucha bandera. En el rock pasa. Hay bandas que son un desastre, y ahí sí no me voy a meter en nombres, pero hay bandas que son auténticos desastres, con la etiqueta de “esta banda es rock y yo la sigo”. Y hay bandas que tienen la etiqueta de “careta”, y tocan mucho mejor. Realmente saben mucho más qué hacer con sus instrumentos que las otras. Y al final la cultura popular es la que decide más que la gente más informada, o que la gente… qué sé yo.

Pero como decís en Aguafiestas, a los del under los hiciste bailar con “Flanders”.

Era un concepto que me gustaba. Fue un poco una provocación, pero más fue el decir “bo, de qué estamos hablando”. Qué va a criticar alguien externo esto si a la gente que le cabe el rap más clásico asumió ese tema y lo disfrutó. Es el sacarnos tanta bandera. Mi única bandera es rapear bien. Y rapear bien es algo bastante objetivo. Es partitura. Si lo traducís a partitura, yo no lo sabría hacer, pero es dónde dejás las pausas, pura rítmica, y también están los juegos de palabras, la inteligencia que tengas para hacer las rimas, no caer en conjugar todos los verbos con “ar”, no irte a la rima fácil; a la vez que estás llevando un tiempo que no sea también el más cuadrado, es como bailar el dos uno. Es bastante objetivo. Esa es mi única bandera. Si vos después lo estás fusionando con un tema de Miley Cyrus y tu rapeo está increíble, está increíble y ya está, no hay discusión. Y me banco el archivo pa’l futuro [risas]. Para cuando me llame Miley. Yo la llamo hace pila pero no me agarra el teléfono.

¿Y qué te permitió Aguafiestas que no podías hacer con Los Modales?

Es amplio el concepto. Me permitió dejar asentada una base, que la gente solamente me conocía por cachos y apariciones y yo creo que había gente esperando a ver “este tipo qué pasa si saca un disco”. Es muy distinto lo que puede hacer un tipo en un par de colaboraciones, “hizo un par de jugadas bien”, pero qué pasa cuando es todo suyo. Creo que me permitió generar una identidad más completa de la que tenía antes.

Eso a nivel artístico. ¿A nivel profesional?

Tuve una necesidad de profesionalización. De “esto es lo que quiero hacer, esto es a lo que me voy a dedicar, voy a darle tres años de corrido lo más que pueda a esto, meter todas mis fichitas acá, vamos a apostar en serio”. Hay que abrir el panorama, ver por qué le está yendo bien a estos tipos. Porque la gente también critica, “le va bien a todos los que son malos”, pero, ¿qué están haciendo bien? Hay algo que hace que eso funcione. Y yo vi que la imagen era súper importante, entonces desde el videoclip a la tapa, un montón de fotos que tenemos, a lo visual -vamos a laburar más videos-… Los Modales me permitieron hacerme un hueco para que se fijaran en mí de una discográfica.

Que hoy en día no es tan necesario.

Pero también tenía ganas. Primero que yo a Bizarro la respeto mucho por discos que ha editado, era como una ilusión, era más algo de que hace tres años para mí firmar con Bizarro era un ideal, y llegó el momento en el que tuve la posibilidad de hacerlo. Más allá de que trabajan muy bien y estoy muy contento con ellos, cero que es súper simbólico. Y me abre a un mundo que a mí me interesa mucho que es el del rock.

¿Te gusta el género?

Yo toco con una banda de rock también [Los Nietos de Iván], y siempre me encantó. Me da la posibilidad de entrar en contacto con gente de otro palo. Que yo a la gente del rap de este país ya la conocía. Estoy laburando con un mánager, dije “hay cosas que se escapan de mí, no tengo los contactos”, y más que lo que el disco me permitió, era lo que tenía que tener para cumplir todos los objetivos que quería. No quería salir a hacer giras con cuatro colaboraciones con gente. Quería tener un disco y crear shows que no sean solo el toque, que sigan jugando con el concepto; creo que el artista tiene que ser artista siempre. Mi postura artística es ser como soy. Ser 100% honesto.

Pasás por un montón de distintos tipos de bases y estilos en el disco. Nada que ver “Chill” con “Juro palabra”. ¿Hay algún estilo que te guste más?

Hay algunos que me resultan más fáciles para escribir. Por lo general, los tempos lentos o más cuadrados me salen más sencillos para escribirlos. Pero es solo un tema de facilidad de escritura, a lo que estoy más acostumbrado. Pero no tengo un género así, preferido. Ponele, el dancehall a mí personalmente no me llama la atención. No sé si rapearía sobre… lo hice hace años en aquel disco que se llamaba Áspero, pero no soy muy del palo del reggae. Las preferencias que puedo llegar a tener es de que me resulta más fácil escribir. Los más rápidos, al final, me cuestan más, pero cuando escuché el beat de “Flanders” dije “esto hay que hacerlo mierda, hay que hacer un hit y chau”. Y me re cuesta.

¿Y cómo surge ponele la onda discotequera de “Juro palabra”?

Es un instrumental del productor español Alberto Rock, que trabaja con bandas de prestigio de allá. Labura con una banda que se llama Suite Soprano que a mí me gusta mucho. Está en la tendencia más moderna de España. Esta canción yo al Hache [Souza], era una de las colaboraciones que quería incluir, de mi círculo cercano, y no encontraba dónde meterlo. Por tema de beats. No había ninguno que me dijera “tá, es este”. Y encontré un archivo de audio re viejo que él había pasado con esa canción, “Juro palabra”, que tenía una primera parte, tenía el estribillo, y una segunda parte. Que la eliminamos, y es la que agregué yo. Le comenté, “qué es esto”. Me dijo “lo hice con un beat de Alberto Rock pero nunca salió y nunca se lo pagué”, le dije “bo, ¿te parece si la pagamos a medias y yo hago la segunda parte de la canción y este es el tema para el disco?”, y surgió así. Es el único que no planeé yo. Que no surgió de una letra mía. Que cuando haces una letra y un ritmo ya le estás marcando unas pautas a la otra persona. Era de él. “Flanders” fue al revés. Fue mío, el primer cacho, el estribillo, y él hizo lo que siguió.

Decías recién que te costaban los ritmos más rápidos…

Esta me re costó. De hecho hice una primera letra que le agradezco mucho, porque entre nosotros, no hablo solo con él, hablo con los que andamos en la vuelta, el Berna, si me pasa algo y le digo “bo, para mí esto es peor que lo que podés hacer vos”, nos lo decimos. Y yo había hecho algo medio apurado con la letra muy basada, me costó mucho salir de la melodía que ya estaba instaurada con la letra del Hache, y escribí algo medio parecido. Cerraba, me servía, pero no era la gran cosa. Se la pasé y me dijo “pa’ mí podés hacer algo mejor que esto”. Y yo también lo pensaba. Y como que me clavé. Bueno, vamo’ a hacer un letrón. Y al final creo que las dos letras están excelentes. Quedó súper redondo el tema.

Ese tema destaca porque el resto del disco es como más… chill. Más invernal.

Incluso la mezcla del disco es medio opaca. Me fisuré mucho con el disco de Isaiah Rashad que se llama The Sun’s Tirade; es un disco que tenía esa onda, era moderno… Me influenció mucho después de hacer el disco, me lo pasó el Berna. Me encantaba la onda de sintes y de nocturno, pero no oscuro, era nocturno simplemente. Te daba ganas de escucharlo manejando lento por la calle. Y al final eso fue lo que quise hacer. Cuando vimos las mezclas, aunque hay instrumentales más felices, el sonido que tiene es un poquito más climático.

No digo que sea triste, pero sí para quedarte en la tranqui.

Por eso salió en este invierno repentino. Tenía miedo de que saliera en verano. Aparte la primera frase es “invierno fuera, pero algo quema adentro”. No quería que saliera con sol. Es un buen disco pa’ escuchar con lluvia. Pero tiene sus momentos animados. No es un disco triste, pero es un disco chill. Es un disco feliz, pero tomándote tu birrita.

Ahora que decís lo de la birrita, me hacen gracia la cantidad de formas distintas que tenés de referirte al alcohol. No sé si tenés una libretita con frases…

No, lo que tengo es un problema [risas]. Hablo mucho de alcohol, entonces tengo que buscar formas nuevas. Si no, es lo mismo en tres frases seguidas. Es un grito desesperado en forma de chiste [risas].

También hacés un montón de referencias culturales que revelan tu edad. Breaking Bad, Jigglypuff, Damas Gratis…

Está Sabina también, pasa que trascendió generaciones. Pero cuando nombro a Kase [Kase.O], hablo del “Que no hay alcohol”, que es un tema viejazo de Kase, que después lo hizo en el disco de Jazz Magnetism. Soy de esa época. Y de escuchar Extremoduro con doce, trece años. No hago mucha referencias culturales, no me gusta tratar de ser un escritor pretencioso. Capaz que en mi próximo trabajo, que ya estoy visualizando una idea, recontra distinto de este, sí hay una línea de escritura más… No sé si te gustan los Arctic, el disco Humbug, que tiene una vuelta más…

Oscura, ¿no?

Y rebuscada, y no tan directo en las letras. Por ahí está mi cabeza ahora. Capaz que después es un disco de bachata.

¿Te gustó el último?

¿De los Arctic? Me gustó que se cagaron en todo. Eso es lo que más resalto, más allá de que me gustó o no el disco, si no me hubiera gustado me gustaría igual. El miedo a cambiar, a perder a tus fans, eso es lo que te hace perder a tus fans. Vas a tener controversias, no le va a entrar de primera, nada te entra de primera, nada de las bandas que me gustan de verdad te entra de primera. En todas tuve un proceso. Siempre lo comparo con la cerveza cuando sos pendejo, que no te gusta y la sentís medio amarga. Después descubrís que es el meo de Dios. Eso me pasa con las bandas que más me gustan. Hay que perder el miedo a cambiar. Creo que muy pocas bandas trascendieron haciendo siempre lo mismo.

Me va a costar, sé que cuando saque el disco que estoy ideando, que es muy a largo plazo y mucho más ambicioso que este que hice, me va a costar sacarlo y voy a sentir el miedo. Pero es lo que hay que hacer. Con las bandas que más me enojo son con las que no cambiaron. Es bastante imperdonable. Los Arctic vinieron de un disco de hitazos a uno que es todo una canción larga, están sonando en la radio porque son los Arctic y un tema lo tienen que pasar en la radio, pero va por otro lado totalmente. Hay que cagarse en todo.

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