Beasts of No Nation: África, una verdad incómoda

Cary Joji Fukunaga -reconocido director de toda la primera temporada de True Detective– escribe y dirige esta adaptación de la novela de 2005 del mismo nombre. Una película que ganó reconocimiento por dos cosas: por su visión cruda y perturbadora de la vida de un niño soldado africano y por ser el primer filme de este renombre en estrenarse mundialmente a través de Netflix
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Puntaje: 8/10
Beasts of No Nation cuenta la historia trágica de Agu (Abraham Attah), un niño africano que con tan solo catorce años pierde absolutamente todo en medio de una guerra civil y es “rescatado” por el comandante (Idris Elba) de una milicia que se enfrenta al ejército de esta nación sin nombre. Desde ese momento, el niño soldado comienza un camino irreversible hacia lo más bajo de la condición humana hasta darse cuenta de que es una verdadera bestia.
La película entra en esa categoría de filmes que muestran de forma tan fidedigna una realidad impactante que se vuelven difíciles de ver. Genera un sentimiento de tristeza y desconsuelo parecido al de obras como 12 años de esclavitud o, en un ejemplo más reciente, Sicario. Se concentra en elementos de milicia -de esos que se vieron en Diamante de sangre– así como cosas de Ciudad de Dios con sus jóvenes protagonistas criminales. La combinación de todos estos ingredientes resulta en un filme visualmente hermoso, durísimo en su historia y algo extenso en su duración.
Las dos interpretaciones protagónicas de Attah y Elba son de primerísimo nivel, aunque el joven actor ghanés termina opacando al reconocido inglés. Como suele ocurrir en producciones de este estilo, Fukunaga encontró a su precoz protagonista en las calles de Ghana. Sin experiencia previa en actuación, el joven Abraham tiene una habilidad innata que se ve reflejada en una interpretación sutil y desconsoladora del desafortunado niño Agu. Elba, por su parte, registra un acento africano que lo distingue mucho de sus habituales roles como británico o americano. Tuvo su experiencia previa en interpretación nada menos que de Nelson Mandela en la poco valorada Mandela: Long Walk to Freedom. Pero además, detrás de este acento bien logrado hay un personaje extremadamente complejo que oscila de manera constante entre el bien y el mal.
Otro gran aspecto de la cinta es su direccion artística en general. Fukunaga está detrás de la cámara no solo como director sino también como el encargado de la fotografía. Se puede ver la misma magia que reinó en secuencias de la primera temporada de True Detective: tomas largas, colores irreales, alguna cámara lenta y planos cerrados que dicen mucho. Todo esto consolida la idea de que Cary Joji Fukunaga es un talento a considerar y que seguramente va a dar mucho que hablar en el futuro.
Aparte de todo esto, Beasts of No Nation tiene sus defectos. Con una premisa tan potente como la de seguir a un niño soldado, la historia se vuelve realmente pesada en algunos momentos. La duración de 2 horas y 17 minutos no ayuda en hacer de la experiencia algo más ameno. Como también pasa con otros filmes como 12 años de esclavitud, no es una película que uno quiera volver a ver enseguida. Más bien es una experiencia de las que se disfrutan por lo que son, pero no tienen por qué repetirse. No es una versión hollywoodizada de la realidad; es la terrible vida misma, y eso a veces no es tan fácil de enfrentar.
En definitiva, Beasts of No Nation es un gran logro actoral y cinematográfico, que refleja una realidad incómoda y difícil de digerir. Resulta realmente interesante la decisión de Netflix de hacer de este su primer largo original -aunque en realidad no la produjo, solo la distribuye- y podría provocar que el gigante de internet empiece a canalizar un cine no convencional capaz de enfocarse en historias muy arriesgadas para Hollywood. Sería un buen paso hacia un cine comercial más independiente y/o un cine independiente más comercializable.
Juan José Torres Negreira (@soytujotita)

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