Benzinho uruguayiza Brasil para una historia tierna de amor maternal

La coproducción uruguayo brasilera se estrenó la semana pasada en cines locales, tras pasar por Sundance y ganar un Biznaga de Oro en Málaga

Por Gastón González Napoli

A primera vista, lo único que tiene Benzinho de uruguaya es a César Troncoso en un papel secundario. Pero la película brasilera, coproducción de la productora nacional Mutante Cine, tiene un sabor yorugua indiscutible. Está en las historias mínimas que cuenta, historias reales, empáticas, cercanas. También está en cómo las cuenta: la comedia dramática que Mutante y su antecesora Control Z han sabido exprimir.

¿Y dónde está lo brasilero? Además de en la locación en Petrópolis y en la presencia de Adriana Esteves, que supo interpretar a la malvada Carminha en la novela de Globo Avenida Brasil, está en cómo Benzinho logra que la ternura gane en su mezcla de emociones. Que el amor maternal impere y dé esa sensación de esperanza y triunfo-ante-todo que solo el amor maternal puede dar. Éxito del director Gustavo Pizzi y su protagonista Karine Teles, quienes co-escribieron el guion.

Teles encarna a Irene, un ama de casa en el centro del cúmulo de problemas de su familia de clase media baja. Su hermana (Adriana Esteves) es golpeada por su marido (Troncoso, que aprovecha a full los segundos escasos que le dan). El marido de Irene (Otávio Müller, dice mucho con muy poco) tiene una librería que se está fundiendo y un montón de ideas locas para el futuro. La casa se les está desmoronando de a poco. Y fundamentalmente, su hijo mayor recibe una oferta para irse a jugar al handball a Alemania. Una noticia que a Irene la alegra y entristece a partes iguales. Sabe que es una oportunidad increíble para su hijo, tanto como siente que le están arrebatando a su benzinho, su cariño.

La actriz, al igual que el director, es nativa de Petrópolis y conoce bien el ambiente que quiere describir. No tiene pena por su personaje. No hace más foco del necesario en los problemas económicos que sufre la familia, con ánimo de enviar un mensaje que no precisa enviar. Lo cual le da más fuerza a su temática. El de Benzinho no es el Brasil de las favelas ni el de la Globo ni el del Sambódromo. En ese marco Teles sabe moverse para componer un personaje entrañable que uno cree conocer de inmediato. Su Irene es tan abrazable como contradictoria. A Teles le basta con una sonrisa que se difumina cuando nadie la ve, o con un momento crítico para su hijo que a ella, al revés, le provoca satisfacción.

La metáfora que supone la casa en declive es vieja y sobreutilizada; desde Felisberto Hernández y su casa inundada a García Márquez y el hogar de los Buendía. Pero Pizzi la emplea sin exagerar. No dice “oh, miren qué inteligente mi metáfora” y permite que su significado se cuele. El tipo de detalles que le dan trascendencia a una historia pequeña. Sigue siendo la mejor forma de contar verdades grandes.

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