Calamaro, un pianista, y nada más

Romaphonic Sessions es el tercer volumen de Grabaciones encontradas, y a diferencia de las dos entregas anteriores (que recopilaban tomas descartadas, demos o canciones en vivo) esta vez los temas siguen la misma línea: todos fueron grabados con tan solo dos instrumentos: el piano de Germán Wiedemer y la voz de Andrés Calamaro
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Puntaje: 8.5/10
Romaphonic Sessions nació a partir de dos sesiones llevadas a cabo en los estudios Romaphonic de Buenos Aires durante los días 27 y 28 de Mayo de 2015 por Andrés Calamaro y el pianista Germán Wiedemer. La idea del Salmón era juntarse con este último para revisitar canciones ajenas y propias de cara al show en el que iba a oficiar de telonero para la presentación de Bob Dylan en España. El objetivo no era publicar las sesiones, tan solo fueron grabadas como un ejercicio para los ensayos previos al show. Sin embargo, el resultado dejó tan satisfecho al músico argentino que decidió publicarlas como tercer volumen de Grabaciones encontradas, una serie de publicaciones que recopilan sus rarezas.
Al igual que en Bohemio (2013), Calamaro “juega” a ser performer, lo que significa que el único instrumento que utiliza es su voz. Junto con la excelente compañía de Wiedemer (quien supo tocar con los Ratones Paranoicos, Memphis La Blusera y Vicentico), los dos músicos ofrecen una colección de diez canciones en el que se destaca el sentimiento de intimidad, espontaneidad e informalidad.
El álbum abre con “Nueva zamba para mi tierra”, un tema escrito por Litto Nebbia. El piano de Wiedemer acompaña a una emocionante letra que está dedicada al amor que uno siente por el país en que nació: “No quiero vivir sin ti, mi tierra/Lo supe fuera de ti, mi tierra/Pregunten dónde quiero sufrir/O en que zona quiero amar/O en qué lugar voy a morir/Pues en mi tierra”. Para continuar aparece “Garúa”, un tango que fue grabado  por Aníbal Troilo en 1943. El tango tuvo un gran influencia en la identidad musical de Calamaro; tanto es así que en 2006 grabó Tinta Roja, un álbum en el que versiona clásicos del género. En “Garúa”, la voz y el piano se unen para describir la enorme tristeza que significa perder a un amor. Sin dudas, el momento más conmovedor se encuentra en las frases finales donde Calamaro canta con todo sentimiento: “¡Perdido! como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra/¡Garúa! …Tristeza, ¡hasta el cielo se ha puesto a llorar!”.
“Mi enfermedad”  es la primera canción del álbum en la que el artista se versiona a sí mismo. Aquí la voz y el piano ofrecen una versión casi tan buena como la que grabó con Los Rodríguez en 1993. “Biromes y servilletas”, una de las mejores canciones del álbum, es un excelente homenaje al tema compuesto por Leo Maslíah en 1984. Cabe destacar que en 2014 Calamaro grabó una lindísima versión en vivo con Hugo Fattoruso y Fernando Cabrera que luego pasó a formar parte del DVD Fatto In Casa, publicado por Fattoruso. En la versión grabada en mayo del año pasado, el piano de Weidemar acentúa la emoción que sugiere la letra: “En Montevideo hay poetas, poetas, poetas/Que sin bombos ni trompetas, trompetas, trompetas/Van saliendo de recónditos altillos, altillos, altillos/De paredes de silencios de redonda con puntillo”.
La segunda canción en la que Calamaro se revisita es “Los aviones”, originalmente publicada en el álbum Honestidad Brutal (1999). En este cover el piano ofrece un excelente solo que lleva a la música hacia el jazz. Para complementar al instrumento, la voz de Calamaro ofrece una perfecta interpretación que resalta a una de las letras más hermosas de su carrera (“Es tarde se hizo de día/Menos mal, que está nublado/Se acabó todo lo que había y queda un cigarro mojado/Porque quiero dormir y soñar con ella mientras por afuera pasan los aviones”). “Milonga del trovador” (escrita por Horacio Ferrer) ofrece una nueva interpretación del tema incluido en el ya nombrado Tinta Roja (su álbum tanguero). Al estilo de “Nueva zamba para mi tierra”, Calamaro homenajea a su amor por Argentina con frases como: “Soy de una tierra hermosa de América del Sur/En mezcla gaucha de indio con español de piel y voz morochas”;  y “vamos a la distancia, ya/Y si no llego, amor/Vos le darás mi alma de argentino y de cantor”.
La mejor canción del álbum es “Siete segundos/El día que me quieras”. Tan solo un segundo de silencio alcanza para unir “Siete segundos” (una historia de amor escrita por Calamaro e incluida en el álbum Los Rodríguez) con “El día que me quieras” (una obra maestra del tango compuesta por Alfredo Le Pera y cantada por Carlos Gardel). Durante cinco minutos el oyente tiene la sensación de que las dos canciones nacieron para estar juntas (al igual que los protagonistas de “Siete segundos”). A continuación se escuchan dos clásicos del tango: “Absurdo” (un tema con ritmo de vals escrito por Homero Expósito) y “Soledad” (que, al igual que “El día que me quieras”, fue compuesto por Le Pera y grabado por Gardel). En estas canciones Calamaro demuestra su pasión por el tango gracias a su excelente interpretación.
“Paloma” cierra el álbum con una versión completamente diferente a la que se escucha en el álbum Honestidad Brutal. Sustituyendo a la guitarra distorsionada y a la batería por un piano de cola, esta canción adopta una nueva cara en la que la voz de Calamaro le concede el protagonismo a la letra (“Quiero vivir dos veces para poder olvidarte/Quiero llevarte conmigo, y no voy a ninguna parte”).
Lo que hace a Romaphonic Sessions tan interesante es que, al sustituir los arreglos originales por el minimalismo musical que significa el piano y la voz, Andrés Calamaro le da una nueva dimensión a las canciones interpretadas. Casi sin proponérselo, el cantante resalta el papel de las letras y nos invita a escuchar con atención para dejar que uno se sorprenda por el mensaje que estas transmiten.
Rodrigo Guerra (@RodriGuerra96)

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