Cami Camila: “Es loquísimo, ni yo lo puedo creer”

Conversamos con Cami Camila, la argentina de 25 años que renunció a su trabajo para dedicarse de lleno a lo que le gusta: historietas con dibujos sencillos que captan en gran forma la vida de una veinteañera
Pili Uruguay
“Cami Camila” es tu apodo, pero tu nombre completo y tu cara, ¿no los mostrás nunca?
En realidad soy Camila de nombre, y el apellido no lo digo. No fue una elección para hacerme la misteriosa, sino porque antes era “Cami Camila” mi nombre en mi perfil personal de Twitter, y me gustaba cómo sonaba. Cuando tuve que elegir un seudónimo para usar como aspirante a escritora, fue “Cami Camila” el que quedó.
Una vez me hicieron una nota en Ciudad.com, que es un portal importante de chismes. Era gracioso, porque estaba la foto de la nenita que yo dibujo, toda tierna, y alrededor había culos, tetas y minas en pelotas. En ese caso, lo que pasó es que me pidieron una foto mía, y yo le dije “no, mejor te paso un chiste, porque está bueno que la gente que no me conoce vea lo que hago”. Desde ahí, se formó como un mito de que yo no me quería mostrar. No es así, pero siempre que me piden una foto para una nota paso un chiste, porque mi cara no suma en nada, y la historieta puede acercar al público a la fanpage, que es lo que a mí me interesa.
En otra oportunidad me invitaron a un programa en el que la pasé bastante mal, porque el conductor era un poco ortiva y mala onda. Igual la remé, con la ayuda de una chica panelista, pero me hizo pasar un momento feo. Así que ahí estuve en la tele, unos 10 minutos.
La otra vez en la que me vieron la cara fue en una entrevista muy copada, que terminé siendo casi amiga de las chicas que me la hicieron, de la revista Para Teens. Me hicieron una nota y me sacaron una foto. ¡Yo no sabía ni qué cara poner! Les pedía: “Decime lo que tengo que hacer, porque no tengo ni idea”. Esa nota la compartí hace poquito, y ahí la mayoría de mis lectores me vio la cara. Algunos me decían: “Ay, no. Yo prefería tener la imagen del fosforito dibujado”.
Y el dibujo de la chica con el pelo largo que siempre dibujás, ¿sos vos?
¡La tengo tatuada en el brazo! Era un dibujito que yo hacía de chica, en el colegio, boludeando en el margen de las hojas. No sé por qué. Nunca fui buena dibujante, para nada, pero me gustaba hacer ese mismo dibujito en todos mis cuadernos. El otro día, buscando cuadernos en casa, los encontré.
Para mí siempre tuvo relación con mi característica de ser soñadora y de buscar nunca perder mis ilusiones. Un día, en la primera agencia en la que laburé, la estaba dibujando mientras pensaba en cualquier cosa, y un amigo me vio y me dijo: “Dibujás siempre a esa nenita, ¿por qué no te la tatuás?”, y fui y me la tatué, hace como tres años.
Cuando tuve que elegir una foto para el perfil de Facebook, me pareció que una foto mía quedaba re de banana, no me gustaba. Y pensé que algo que me identifica, sin dudas, es la nenita. Ahí fue que la elegí como loguito, con el globito “impinchable”. Fue algo que ya se venía gestando inconscientemente desde hacía tiempo.
Después, los dibujos palitos se formaron a partir de eso. Y a la gente le gustó. ¡Una chica me mandó una foto de que se lo había tatuado! Con color y todo, una genia. Yo no lo podía creer. No sabía si darle un abrazo o decirle que estaba muy loca.
¿Cómo fue que surgió todo? Leí que dejaste tu trabajo para dedicarte a esto, pero me imagino que debe de haber surgido como algo más chico, ¿no?
Sí, ni hablar. Empecé el 8 de enero de este año, y al principio era un hobby, obviamente; nunca lo pensé como una salida laboral. Empecé por una amiga, que me dijo: “¿Por qué no agarrás todas las cosas que escribís y las subís a una página en Facebook?”. Así surgió la página, que no iba a tener un formato de historieta ni un formato predeterminado, sino que iba a ser una página en donde yo subiera todas las cosas que escribo: cuentos, poesía, cualquier cosa. Empecé escribiendo unas frases en un cuaderno, algunas eran refranes modificados con humor y les hacía dibujitos alrededor. Un día, no me preguntes por qué, me pintó escribir mi primera historieta, que fue “Hablemos del conchudismo”. A las chicas, sobre todo a las mujeres, les gustó y empezaron a compartirla. Como vi que funcionaba mucho, empecé a escribir cada vez más historietas con otras temáticas, y así se fue dando.
Eso te quería decir, tus historietas se enfocan más en los textos que en los dibujos, ¿te gusta más escribir que dibujar?
Claro, sí. En realidad, yo nunca dibujé en la vida, siempre fui muy mala. Me encanta escribir desde chiquita, ya desde primaria les decía a mis papás que quería ser escritora de cuentos para chicos.           
Y, por lo que decís, tenés más público femenino que masculino. ¿Apuntás más en las mujeres a propósito, o es algo que se fue dando?
Sí, pero no fue que pensé: “Voy a escribir para mujeres”. Para nada. Se dio así porque yo creo que, al ser mujer, es más fácil que las mujeres se identifiquen con los temas que escribo. Además, yo siempre escribo de cosas que me pasan a mí, a mis amigas o a mi entorno, y aunque también pueden ser temáticas más generales, mi mirada va a ser siempre la de una mujer. Creo que mis lectores son un 90% mujeres y un 10% hombres, aunque ahora creció un poco más el público masculino.
¿En qué momento dijiste “voy a renunciar a mi trabajo para dedicarme en exclusiva a esto”?
Yo estudié publicidad y laburé como redactora en tres agencias, pero en todas duré un año, porque me cansaba, me aburría y me iba. Así que yo ya venía desencantada de la publicidad. En la última agencia en la que trabajé formé un grupo de amigos muy copados, y me daba más pena irme, porque había generado mucho cariño con el grupo que era muy divertido y muy grande, aparte. Pero yo ya venía desencantada con la profesión, con mis tareas y con el ambiente publicitario, que es muy competitivo. Además, el trabajo me llevaba muchas horas de laburo, a veces me llamaban un domingo y tenía que ir a trabajar, aunque hubiera tenido un cumpleaños, una fiesta o lo que fuera. Me cansé. Al final, mi laburo era corregir ortografía y corregir originales. Hacía muy pocos guiones, que era lo que a mí me gustaba. Así que, cuando me empezó a ir bien con esto, le dije a mi amiga con la que trabajaba: “Me parece que me voy”. Me fui de viaje y cuando volví tomé la decisión. Igual, avisé con un mes y medio de anticipación, porque no me corría ningún tiempo.
Te la jugaste mucho igual.
La verdad que sí, porque no tenía tanto laburo como Cami Camila en ese momento. Habían empezado a surgir empresas que me pedían historietas para sus marcas, pero todavía no tenía un trabajo fuerte ni un ingreso periódico asegurado. Pero bueno, dije: “Es ahora, es el momento de seguir el sueño de poder escribir y que a la gente le guste lo que escribo”. Es loquísimo, ni yo lo puedo creer. Pero lo hablé con mi novio y mis amigos, y todos me dieron para adelante y arranqué.
Y ahora, ¡hasta sacaste un libro! Qué orgullo, ¿no?
Esperá que te lo muestro (Lo trae, sonriendo). Es como un hijo que no me despierta a la madrugada, es lo mejor. Estoy muy contenta. Se los muestro a todos, como las madres que muestran las fotos de sus hijos, ¿viste? Me los trajeron el jueves y ya estuve repartiendo algunos, porque, por suerte, se vendieron.
Tuviste mucha repercusión con el libro, por lo menos en Facebook.
Sí, la verdad es que estuvo buenísimo. No me lo esperaba. Mis amigos me decían: “¡Lo vas a vender en dos días!”, pero yo les respondía “pará, no me tengas tanta fe, no sé qué es lo que va a pasar”. En tres días se terminó el stock. Como yo ya había anunciado la preventa, y faltaba todavía para tener la impresión del libro, pasé unos días de ansiedad tremenda.
¿Por qué se llama Seamos optimistas?
Lo pensé mucho. Todas mis historietas son muy optimistas, soñadoras, muy de ir para adelante. Yo siempre digo que soy la persona más optimista que conozco. Demasiado, a veces. Mi novio me dice: “Pará, no podés pensar que todo siempre va a salir bien”, pero sí. Además, el título lo pensé también porque va a haber un segundo libro, entonces tenía doble significado.
Y el libro, ¿tiene lo mismo que publicaste en Facebook o tiene historietas nuevas?
De todo. Tiene algunas historietas de las más likeadas en Facebook, de las primeras. Porque mucha gente encontró mi página después de que yo ya hubiera subido algunas, entonces hay un montón de historietas que no llegaron a ver. Algunos sí, un lector me escribió: “Hoy estuve toda la mañana, con el termo y el mate, leyendo tus historietas”. Pero no todos. Por eso hice un rejunte de mis más likeadas, agregué una nueva, hay chistes nuevos y todas las carátulas son nuevas. Me lo diseñó mi papá, que es diseñador gráfico.
Contabas que algunas empresas te mandan a hacer historietas, ¿cómo lo sentís? ¿Te gusta, o preferís las que hacés vos con total libertad?
Está buenísimo, porque es lo que me permite hoy en día vivir de esto. Si no, no hubiera podido dedicarme a esto, es mi ingreso. Mi idea es escapar de la publicidad, porque me fui de ahí y terminé haciendo publicidad en otro formato más libre. Pero no fue algo que a mí se me ocurrió, las marcas me empezaron a mandar pedidos y, cuando estaba bueno, lo aceptaba. Yo siempre digo que soy como Robin Hood, porque a las grandes marcas les paso un presupuesto, y a las chiquitas otro.
Y te mandan bastante ahora. A las marcas les conviene, porque lográs pila de alcance.
Este año decidí no tomar más laburos. Ya tengo algunos con los que me comprometí, pero a los nuevos que me piden les digo que no. Algunos se ofenden, pero no me dan los tiempos, y tampoco la fanpage. Llega un momento en que la gente se cansa de tanta publicidad, y, viéndolo desde el lado del lector, es totalmente entendible. Mi idea no es bombardearlos constantemente con publicidad, por eso cuando hago historietas para marcas siempre trato de ponerles mucho humor para que la gente se divierta y no sea lo mismo que poner un cuadro con la marca. La idea es que se rían, se sientan identificados y que al final aparezca el nombre de la marca.
Siempre contestás a los comentarios en Facebook y pasás tu mail de contacto, ¿te gusta interactuar con tus lectores?
Me encanta. El sábado pasado fue la primera vez que tuve un contacto personal con mis lectores, cuando fueron a retirar el libro los que lo habían reservado. La energía, la buena onda y el cariño que me hacen llegar son increíbles. Es una locura, no podés creer que una persona venga de lejos a buscar tu libro. Yo estoy súper agradecida, ¡me saqué fotos con todos! Estuvo muy divertido, fue hermoso.
En Facebook tenés casi 650.000 likes. Eso, ¿lo manejás vos? ¿Lo medís, o no te importa tanto?
De un día para el otro el número de likes creció un montón. La vez que dije “¡wow, no lo puedo creer!”, fue cuando volví de un viaje que hice en mayo, con mi novio. Para no abandonar la fanpage durante esos 20 días, le dejé a una amiga, que siempre me banca y me ayuda en todo, las historietas que tenía que subir cada día. Ella las subió, y justo esas se despegaron. De repente, me empezaron a llover mensajes de mis amigas y, cuando abrí el Facebook, las notificaciones ya habían saltado a 100 mil. Yo no entendía nada. En ese momento estaba más pendiente del número de seguidores, que igual sigo sin poderlo creer, pero ahora ya no. Me relajé, porque ya tengo mi público. De todas formas, obviamente que cuantos más, mejor, que los que quieran vengan a reírse.
¿Publicás solo en Facebook, además del backstage que hacés en Instagram?
Sí, por ahora solo en Facebook. En Twitter tengo una cuenta, “Cami Camila TW”, que tiene un poco menos de 10 mil seguidores, y no le doy tanta bola. Ahí pongo más que nada frases, aunque a veces subo alguna historieta o dibujo. En Instagram tengo como el backstage, subo más que nada dibujos que hago en casa, novedades, o los preparativos de los libros y los envíos. Al ser una cuenta con menos alcance, creo que tengo tres mil seguidores, es más cercana también. Los que me siguen en Instagram son re fanáticos, re copado. Así que está bueno, aunque capaz que más adelante me pongo las pilas y me dedico más a eso, a darle más contenido a la gente, en lugar de tomar tantos trabajos de publicidad.
Las historietas, ¿las hacés todas vos? ¿Te ayuda alguien?
La gente me ayuda mucho con los temas, porque me escriben mucho y me proponen “che, ¿por qué no escribís sobre tal cosa?”. A veces no llego a responderles  a todos, pero lo intento, porque me encanta y la verdad es que me re sirve. Además, algunos me cuentan historias de su vida, o me dicen “mirá, lo que vos escribiste a mí me pasó”, y me mandan fotos, es buenísimo. También mis amigas y mi novio me dan una mano con las ideas.
Tengo una lista de temas sobre los que me gustaría escribir, que voy tachando a medida que voy haciéndolos. Al principio de la semana los pienso y empiezo a armar el guión. Generalmente los escribo en la computadora, pero si estoy  en el colectivo y se me empiezan a ocurrir ideas, las anoto en el celular. Después los escaneo, ahora que me compré un escáner como Dios manda, para que sea más prolijo. Al principio, agarraba el celular y les sacaba fotos a los dibujos, no me importaba nada. Ahora que tengo tiempo, hasta los retoco con Photoshop. Esa es mi metodología.
Y como son temas cotidianos los que tratás, te sirve mucho nutrirte de las ideas de la gente.
Exacto. Muchos me han preguntado cómo voy a hacer para que la gente no se aburra, pero lo bueno de esto es que los temas son comunes pero pueden llegar a ser muy distintos, no van siempre por el mismo lugar. Este formato me permite hablar de lo que quiera, como vos decís. Al ser temas cotidianos, se presta para cualquier cosa. Eso me da mucha libertad a la hora de sentarme a escribir. Igualmente, la gente se cansa de los formatos, por lo que tengo otros proyectos para tratar de ofrecer otras cosas.
Leí por ahí que tenés ganas de venir a Uruguay, ¿cómo es eso?
Ah, ¡me tenés estudiada! Tengo bastante público de Uruguay, que no sé ni cómo llegó a la fanpage. Y me empezaron a escribir, preguntándome por el libro y por qué no llegaba a Uruguay. Entonces me puse a averiguar, y es más caro el envío que el libro. Así que pensé en imprimirlos allá y hacer algún arreglo con una editorial para venderlos ahí.
Ahora estoy en esas tratativas. Hace mucho, cuando yo recién empecé, me escribió una editorial chiquita uruguaya, pero yo en ese momento no tenía ni el libro pensado. Así que me dijeron que primero lo saque acá, en Argentina, y que después, si me interesaba, hablara con ellos. El problema es que perdí el contacto. Me volví loca buscándolo, pero no me acuerdo de cómo se llama la editorial y no la puedo encontrar. Así que, si llegan a leer esta nota, ¡que me escriban! Ellos me escribieron bien en el principio y me encantaría poder darles bola ahora, ojalá que los encuentre.
Todo depende también del precio de la impresión de los libros. Yo les hice una encuesta a las chicas para ver cuánto estarían dispuestas a gastar en eso, y si es muy caro no lo van a poder comprar. Así que estoy tratando de conseguirlos baratos y hacerlos llegar a Uruguay.
¿Qué otros proyectos tenés para el futuro?
La idea es salir con un libro el año que viene. Ya lo empecé a preparar con mi papá, que labura en una editorial y, además de ser diseñador gráfico, le encanta escribir, es muy creativo. Me lo propuso hace un montón de tiempo pero, como yo trabajaba en la agencia, no tenía tiempo para hacerlo. Ahora que me estoy dedicando a esto, le dije: “Che, viejo, hagámoslo”.
Después tengo otro proyecto audiovisual, que es sorpresa y va a ser divertido, para el año que viene. También tengo otro libro de cuentos que quiero hacer. Además, esta semana, si Dios quiere, sale la agenda. Me la diseñó una amiga, quedó re linda, con todas las boludeces que gustan. Así que estoy a full con eso también. Tengo muchas ideas, ¡demasiadas!
Pilar Villarmarzo (@PVillarmarzo) 

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *