“Capitán América: Civil War” y cómo hacer cine entretenimiento con profundidad

La tercera entrega en la saga de Steve Rogers es también en cierta forma la cuarta en la saga de Iron Man, y la película más personal de Marvel
civil war
Puntaje: 9.5
Las películas de superhéroes son, por definición, puro entretenimiento. En Marvel Studios lo saben perfectamente; por algo los compró Disney sin necesidad de meter mano para torcer el rumbo -y si hay alguien que sabe de entretenimiento, esa es la gente atrás de la Walt Disney Company-. Por eso es rara la sensación que a uno le queda al terminar de ver Capitán América: Civil War. Es una película de superhéroes que divierte, que tiene acción, que emociona, y a la vez genera preguntas y discusiones, sin en sí misma tomar partido de manera clara y sin que eso suponga un defecto. A la vez funciona dentro del cada vez más disparatadamente amplio Universo Cinematográfico de Marvel (MCU por sus siglas en inglés), y como secuela de Capitán América: el Soldado del Invierno e incluso de Iron Man 3. Avanza y profundiza las historias de los personajes ya existentes y presenta otros nuevos de los que uno ya quiere saber más. Es en síntesis un triunfo desde prácticamente todo punto de vista.
Primero lo básico: la historia. Tras los destrozos en el país de Sokovia ocurridos en Los Vengadores: Era de Ultrón, el mundo se cansó de los superhéroes fuera de control que tratan de hacer el bien y matan a cientos de personas como daños colaterales, además de causar miles de millones de dólares en gastos. 117 países de todo el mundo se unen y firman los Acuerdos de Sokovia, para que la ONU oficie de reguladora de los Vengadores. Tony Stark sufre todavía más el estrés post-traumático y la culpa que lo vienen persiguiendo desde los eventos de la primera Vengadores y que ya se habían explorado en Iron Man 3, por lo que cambia su postura anteriormente anti-regulación (en la segunda Iron Man impidió de todas las maneras posibles que el gobierno pusiera sus manos sobre su maquinaria) y decide firmar. Steve Rogers, o sea Capitán América, opina que la ONU está integrada por gobiernos con intenciones no necesariamente prístinas y que los Vengadores deben operar por fuera de la regulación, de manera de asegurar que podrán hacer lo correcto siempre en donde los necesiten, sin importar fronteras o intereses políticos.
La diferencia se hace cada vez más pronunciada entre los dos, sobre todo cuando reaparece en escena Bucky Barnes, alias el Soldado del Invierno, amigo de la infancia de Rogers convertido en una máquina de matar por la Unión Soviética. Es acusado de explotar una bomba cerca del edificio de la ONU en Viena, pero Rogers decide confiar en su amigo, obviar los Acuerdos de Sokovia y pasar a la clandestinidad para rescatarlo de las autoridades. Stark siente que tiene que intervenir él antes que el Estado para que el problema no pase a mayores, y lo que comienza como una diferencia entre amigos pronto se vuelve, obvio, una guerra civil. Parte de los Vengadores -los que se sumaron en Era de Ultrón y los que supuestamente se habían retirado- vuelven a escena para sumarse con uno u otro, y también hay dos caras nuevas: Black Panther y Spider Man. Hay también un villano, Helmut Zemo (interpretado por Daniel Brühl, de Bastardos sin Gloria Bourne: el ultimátum), que tiene un rol fundamental pero se mantiene más bien tras el telón. La batalla es ideológica, es física, es de chistes y comentarios inteligentes al mejor estilo Marvel, y también es cada vez más personal. Es difícil encontrar algo que sobre, las piezas encajan, y la historia global se mueve hacia adelante con un impulso fuerte.
Lo segundo: ¿por qué es una película de Capitán América y no de los Vengadores? El MCU es un grupo de películas interconectadas -también incluye series de TV, pero afectan menos lo que sucede en la gran pantalla-, dividido en grandes fases que culminan justamente en películas de Los Vengadores. La Fase 2 culminó el año pasado con Los Vengadores: Era de Ultrón y la tercera comenzó poco después con la introducción de Ant-ManCivil War es la primera de la Fase 3 que continúa una de las sagas ya establecidas, pero la ambición es tan grande ya que es muy difícil contar historias de cada uno por separado. En toda la Fase 2, quedaba en la punta de la lengua la pregunta: ¿por qué Iron Man o Capitán América o Thor no llaman a los Vengadores en lugar de pelear por sí solos? Esta vez no es necesario. Pero, además de que no aparecen Thor ni Hulk -del que sigue sin saberse nada-, no es una película de los Vengadores porque lo que sucede es muy personal para Steve Rogers.
Bucky es su amigo, está defendiendo algo que cree con toda su sinceridad, y además hacia el final uno se queda con una perspectiva distinta de lo que es y puede ser el Capitán América. Se vuelve un personaje mucho más complejo. Por suerte Chris Evans se pone en su piel y logra transmitir tanto el aire de patriotismo estadounidense, los momentos de acción -hace creíble que alguien pueda agarrarse de una baranda con una mano y con la otra evite que un helicóptero despegue-, y también los momentos sentimentales y dramáticos. Y enfrente tiene a un Robert Downey Jr. que sigue sacándole oro al personaje de Tony Stark. Sigue teniendo el sarcasmo y el humor con una naturalidad absoluta, además de meterse en los aspectos más profundos de su personaje. El que se ve sin embargo verdaderamente cambiado y sacudido es Rogers, y por eso su nombre en el título de la película.
El resto de los actores también cumplen con su papel más que aceptablemente, y hay que destacar a los nuevos. Chadwick Boseman interpreta a T’Challa, el príncipe de la nación africana Wakanda, el lugar de donde se extrae el metal vibranium del que está hecho el escudo del Capitán, un país con tecnología de avanzada. Cualquiera que haya visto aunque sea un rato de Get On Up, la biopic de James Brown, sabe que Boseman es un actor tremendo, y si bien acá cambia la intensidad y exageración del Padrino del Soul por un perfil más bajo, ya con el poco rato que estuvo se ve lo que promete el personaje. Y la nueva encarnación de Spider Man echó por tierra las dudas que podía sembrar el acuerdo entre Sony y Marvel para compartir los derechos del personaje y llevar a la pantalla una tercera versión en diez años. El ignoto joven Tom Holland, que contaba con su rol en Lo imposible como principal carta de presentación, la rompe como un spidey divertido, que no puede creer dónde está y aún así está a la altura de sus compañeros y rivales. Spider Man 3 salió en 2007 y El increíble Spider Man 2 apenas en 2014, pero si lo que se ve en Civil War de esta tercera encarnación del Hombre Araña es indicativo cierto de lo que se viene, entonces la anticipación es mucha.
Los hombres detrás de esta orquesta son cuatro: los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, que están con la saga del Capitán desde el arranque en 2011, y en particular los directores Anthony y Joe Russo. Estos dos últimos vienen de la televisión (de la genial Arrested Development; con esa escuela por supuesto que se les da bien la comedia), y eso los hace ideales para estas películas, donde cada una es una pieza de algo más grande, como un episodio en una serie, y el director no tiene la última palabra sino el productor general Kevin Feige. Los Russo saben balancear las dos cosas, como ya lo habían demostrado en El Soldado del Invierno, y dejaron en claro que están perfectamente capacitados para dirigir las próximas entregas de los Vengadores, las hasta ahora denominadas Infinity War parte 1 y 2.
Como película compleja que es, el final tampoco es el habitual de las películas de superhéroes, ni siquiera las habituales de Marvel. No hay una gran batalla, que de esas ya han habido suficientes. Ya en Ant-Man se había explorado otro tipo de conclusión, y acá es distinta, pero también es más contenida, más interna que espectacular. La conclusión no es final-final sino que abre la puerta una vez más para el futuro y la sensación no es de satisfacción absoluta; sin embargo, esto tiene menos que ver con la puerta abierta y más con la tristeza que genera que estos personajes se peleen entre sí. Ese es el gran triunfo de Marvel: a pesar de lo descomunal de la ambición, lo básico -que la audiencia quiera a los personajes- sigue estando en el foco para Marvel. Y si siguen así van a seguir triunfando.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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