Cargo: Paternidad, zombis y el problema de menos es más

Netflix distribuye esta adaptación de un cortometraje australiano con Martin Freeman de protagonista que le da un vuelco novedoso al género de no muertos

Por Rodrigo Martínez

Cargo tomó por sorpresa al público en el 2013. En su versión original, la historia -sencilla, pero cargada de emoción- fue muy bien recibida. Ahora, con distribución internacional de Netflix, Ben Howling y Yolanda Ramke (como codirectores) intentan expandir sobre ella y la llevan al formato película. Una lástima que esta vez se cumple el adagio de ‘menos es más’.

Cuando una plaga devuelve la vida a los muertos, Andy (Martin Freeman, alias el Hobbit, alias el Watson de Sherlock) decide ir a lo seguro y retirarse con su esposa (Susie Porter) e hija a una casa flotante. Salvando la escasez de provisiones, en este pequeño refugio parecen haberse salteado la peor parte de la epidemia. Sin embargo, la fatalidad no tarda en encontrar a la familia; deja a Andy mal herido, infectado y con la bebé a su cargo. Entonces emprende una carrera a contrarreloj: tiene tan solo 48 horas antes de convertirse en un monstruo, y tiene que encontrar a alguien que cuide a Rosie cuando él ya no pueda.

La película construye sobre las bases del corto pero ahora la travesía de Andy es más complicada y se cruza su camino con el de varios otros sobrevivientes. Sobrevivientes que de distintas formas buscan lo mismo que él: un futuro mejor. Pese a esto, es inevitable sentir que Cargo no fue aumentada, sino diluida.

El ritmo es inconsistente. Se inclina hacia la lentitud y si bien esto no es inherentemente un defecto, en algunos momentos pierde fuerza. El mismo mal afecta la actuación de Freeman: la desesperación de un padre por encontrar refugio para su hija a veces se aliviana demasiado para una historia que precisa de esta sombra al acecho.

De todas maneras, Freeman pega justo en el blanco cuando le toca hacer de padre, proveedor y protector. Con la bebé, tiene una química destacable que eleva las apuestas de manera constante; pone siempre en primer plano lo que está en juego.  Con Josie (Natasha Wanganeen), una niña que hace las veces de compañera de viaje, genera un lazo que provee una necesaria satisfacción para Andy: cuidar de Josie como no podrá hacer con su propia hija. Wanganeen, por otro lado, encarna a Josie con un balance entre una repentina madurez disparada por la situación y una inocencia acorde a su edad, lo que acopla con el resto de la historia.

Darle trasfondo a Andy y a Rosie fue una decisión acertada. De la misma manera, con algunos detalles en los lugares y momentos correctos, Cargo da vida al escenario al encontrar algunos puntos innovadores en la ficción de zombis. Si bien cae en algunos clichés del género, lejos está de ser una contra, sino una nueva mirada a un camino trillado. El resto de la ambientación está muy bien lograda: un desierto árido, peligroso y cada vez menos vivo. Por el otro lado, la película intenta presentar un mensaje de manera algo obvia, pero no decide cuál. A veces dispara un par de golpes en contra de la minería de fracturación hidráulica y a veces en contra del trato recibido por la población aborigen australiana.

Cargo presenta una historia sincera y humana con personajes en definitiva sólidos y bien representados que logran emocionar y sorprender, sobre todo a quien no conozca la versión original. Para quien sí vio el cortometraje, Cargo, pese a todas sus cualidades positivas, se siente un poco como el outback australiano: extensa, con algunos puntos destacables, pero en su mayoría algo vacía.

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