“Coco” es la película más humana de Pixar

Pixar metió con Coco un original entre una catarata de secuelas, y aunque se roba un poco de su propio arsenal de trucos, también explora nuevos territorios para su película más humana

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

Puntaje: 8.5

¿Qué pasaría si los juguetes tuvieran emociones? Pixar le ha extraído todo el jugo posible a ese concepto, el de Toy Story. Lo han llevado a una idea inventiva atrás de la otra. Los monstruos, los bichos, los peces, los autos, los ratones, los robots, los dinosaurios. Lo llevaron a su conclusión lógica con Intensa Mente, al darle emociones a las emociones mismas.

Entre medio, el equipo creativo de Pixar contó solo tres historias con seres humanos: Valiente, en una Edad Media de magia y fantasía; Los Increíbles, con superhéroes; y Up: una aventura de altura. Esa última cuenta con el pasaje más devastador de toda la filmografía del estudio, una secuencia inicial dramática y muda, que -con una banda sonora monumental de Michael Giacchino- narra la vida de Carl, el protagonista, hasta que se vuelve anciano. Después Up incluye casas que vuelan colgadas de globos y perros que hablan. O sea, se convierte más en dibujitos animados y se aleja de su componente más humano. Es que por toda la creatividad y el entretenimiento y la valentía de sus películas, a Pixar le faltaba una película verdaderamente humana.

Demos gracias entonces por Coco. Si bien tiene los típicos amiguitos animales de Disney, todos los personajes principales de Coco son personas. La trama juega con la que tal vez sea la invención humana por excelencia: la música. Y ni hablar del universo, impregnado no solo de cultura mexicana sino de metafísica mexicana. Pocas cosas más humanas que la conciencia de la muerte.

Esto no quiere decir que la obra previa de Pixar carezca de humanidad. La tiene a baldes. Puede pensarse en Andy regalándole sus juguetes a la niña en Toy Story 3. O en Riley a punto de caer en la depresión eterna en Intensa Mente. En el breve discurso sobre la tarea del crítico en Ratatouille. O en la sonrisa del monstruo Sully al reencontrarse con la niña Boo en Monsters Inc. En vez de baldes, Coco propone una bañera de humanidad.

Su trama sigue al niño Miguel Rivera, el más joven integrante de una familia de zapateros mexicanos que juró por siempre odiar la música. La raíz está en su tatarabuela Imelda, a quien un músico abandonó con su hijita Coco. Imelda murió hace décadas y Coco está ancianísima y senil, pero a Miguel no le permiten ni lustrar zapatos en la Plaza de los Mariachis. Aunque él añore tocar la guitarra y admire a Ernesto de la Cruz, legendario cantante y actor de otra época.

El Día de los Muertos, en su afán por tocar la guitarra, Miguel cae por error en el Más Allá. Poblado de calaveras, entre ellas su propia familia, Ernesto de la Cruz y hasta Frida Kahlo. Y debe volver antes de que pase el amanecer, termine la fiesta y se convierta en un muerto más.

La idea da pie para detalles de esos característicos de Pixar por su creatividad pura -los espíritus no pueden salir de la Tierra de los Muertos a buscar las ofrendas de los vivos si nadie puso una foto suya en el altar; hay un puesto de control tipo aeropuerto que lo chequea- y otros característicos de Pixar porque copian un poco de su propio catálogo -un villano que queda filmado haciendo algo muy malo, como en Monsters Inc., por ejemplo-. También da pie para la primera película de Pixar en la que la música juega un rol preponderante; no es un musical, pero sí está repleta de canciones que propulsan la emoción.

Es que como buena película de Pixar, Coco se esfuerza por emocionar. Se vale de algunos instrumentos telenovelescos, uno de tantos guiños a la cultura mexicana, para subirle el volumen al melodrama. Sin embargo, cuando llega el clímax, su director Lee Unkrich (de Toy Story 3) y su co-director Adrian Molina dejan de lado los guiños. Se esmeran por lograr una sensación que exploraron a fondo antes: una sonrisa melancólica. El sentimiento tal vez le pase por encima a los niños. No importa: ellos están divertidos con las canciones y el panorama visual colorido y riquísimo.

Coco es cine familiar bien entendido, con algo para cada franja etaria. Ya sea cuestionarse sobre el olvido de los seres queridos, o reírse con un perro tonto, o, por qué no, ambas cosas a la vez.

Vienen de sacar Buscando a Dory Cars 3; las próximas obras que tienen en su calendario son Los Increíbles 2 Toy Story 4, esta última con todos los ingredientes para ser una lástima en una trilogía intachable. Puede que Pixar ya no aspire a la misma cota de grandeza que antes, más interesada en el negocio desde que la compró Disney. Cuando llegan películas como Coco, hay que celebrar.

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