¡Cómanse la ropa! es un Apocalipsis Now a la hispanoamericana

La novela premiada de Valentín Trujillo viene a cerrar un año estelar para el autor

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

Puntaje: 7.5/10

¡Cómanse la ropa! llega a las librerías montevideanas con expectativas altas que cumplir. La novela obtuvo el premio Juan Carlos Onetti en narrativa el año pasado. Su autor, Valentín Trujillo, editó más temprano en el 2017 Real de Azúa, una biografía intelectual, que rescató uno de los grandes pensadores nacionales y ha sido destacado entre los libros del año. Trujillo también fue seleccionado, en mayo, entre los mejores escritores latinoamericanos menores de 40 en el Hay Festival de Bogotá. ¿Cumple ¡Cómanse la ropa!? Cumple.

Es una novela histórica con un giro a lo Lost. Cuidado, es humilde y sincera en esa vuelta de tuerca. Sus elementos más, si se quiere, “raros”, permanecen en un segundo plano y no llevan a la trama a descarrilar. No hay sorpresas vacías. ¡Cómanse la ropa! esconde así un punto de anti belicismo en medio de una épica bélica, situada en un período de la historia latinoamericana en que morir por la patria lo era todo y españoles y criollos caían como fichas de dominó. Trujillo la ha descrito con certeza como una épica trágica.

La trama sigue a Carlos Federico de Brandsen, coronel francés verídico que peleó bajo las órdenes de Napoleón. Tras Waterloo, deprimido, Brandsen cruza el Atlántico para volver a tomar las armas, esta vez a favor de la independencia americana. ¡Cómanse la ropa! se centra en un fragmento de su carrera militar en el continente, entre el final fracasado de la Primera Campaña de Intermedios y el trayecto completo de la Segunda. Ambas en 1823, las campañas buscaban liberar al Perú interior y al Alto Perú, lo que hoy es Bolivia, del dominio español. Uno de los pocos bastiones que los realistas sostenían todavía.

Trujillo se aleja del heroísmo y cuenta una historia de hambre, sed, vómitos, ropa manchada de sangre, alucinaciones, muertes innecesarias y entierros en fosas comunes. Una de las grandes figuras de las independencias de Perú y Bolivia, Andrés de Santa Cruz, es pintado como un cobarde irresponsable. Simón Bolívar y su general Antonio José de Sucre aparecen como luminarias en la distancia. Manejan hilos y deciden sobre la vida y su final sin conocer de primera mano lo terrible del combate.

Brandsen, en cambio, conoce. Ve la lucha entre hermanos. Ve que los pueblos que “liberan” habían celebrado a los españoles pocos días antes. Ve que todas las guerras se parecen y empieza a tener flashes de otras batallas en las que peleó, al otro lado del océano. Flashes que parecen demasiado vívidos como para ser sueños febriles o los desvaríos de un loco. ¿Está confundido o está viajando en el tiempo? ¿Es como Outlander, una historia de época con pizcas de fantasía? ¿Es Brandsen como la protagonista de La llegada, consciente del largo entero de su vida, desanclado de la noción occidental del tiempo?

Ese aspecto de la novela despega a ¡Cómanse la ropa! de un mero repaso histórico. Si bien tiene sus escenas de acción y construye un universo opresivo de bosques, desiertos, salares y montañas en las que la altura corta el aire de los pulmones, una Apocalipsis Now a la hispanoamericana, la psiquis al borde del quiebre de Brandsen es el atractivo mayor. Sobre todo por la economía con que la maneja Trujillo. Las explicaciones son escasas, las digresiones al respecto lo mismo. Brandsen sabe que debe concentrarse en pelear y sobrevivir, y es lo que hace. Un manto de duda y misterio envuelve a la novela sin nunca correr el riesgo de ahogarla.

¡Cómanse la ropa! comienza con un desembarco accidentado en la costa peruana y termina con una visión entre esperanzadora y mentirosa del futuro de Lima. Puede hacerse un lectura de esta campaña militar en suelo peruano y altoperuano como un compacto simbólico de la historia del continente. Erigida sobre la sangre de guerreros hermanos y de miles de indios, negros y criollos de a pie que poco interés tenían en reyes, presidentes y libertadores. También de mujeres y hasta niñas que eran obligadas a “celebrar” con los soldados las liberaciones de sus poblados. Incluso la sangre de animales, sobre todo caballos, convertidos en ¡Cómanse la ropa! en figuras de salvación y de amenaza. Alimento y compañeros de batalla. Símbolos felisbertianos del recuerdo.

Lleva a pensar en Festín de cuervos, el cuarto libro de la saga de Canción de hielo y fuego (en la que se basa la serie Game of Thrones); allí el autor George R.R. Martin se aleja de las batallas y las aventuras para reflexionar sobre la naturaleza de la guerra entre los que más la sufren, que no son quienes detentan el poder. Y lo mismo lleva a preguntarse cuánto para mejor habrá cambiado el día a día de esos pueblos recónditos de Bolivia desde que los dominaban los incas a los españoles a Andrés de Santa Cruz o a Evo Morales.

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