Diego Arquero y su método zen

El rapero del estribillo de “Flanders“, sevillano de raíces uruguayas, debuta en solitario con su Aguafiestas

Por Lucía Quiroga

Para no haber dormido desde el 2000, Diego Arquero (parte de Los Buenos Modales) lanza un primer disco solista fresco, y muy despierto. Un álbum de rap con velocidades distintas, en el que las piezas encajan cual puzle con una diversa paleta de rimas. Se encuentran dejes de romanticismo urbano, como “Juro palabra”, o letras más provocadoras como “Zohan” (que si la escuchás y no movés alguna parte de tu cuerpo, te recomiendo chequearte con algún médico).

Me atrevo a definir Aguafiestas como un disco (temones, temazos, temaikén) con el que si bien cualquiera puede sentirse identificado no pierde la autenticidad y esencia de su autor.

No le tiene miedo a ser humilde. Parece que es sencillo pero de sencillo no tiene nada; se nota el enorme trabajo, esfuerzo y cariño detrás de cada letra, de cada beat. Si lo escuchás una vez, lo escuchás, dos, seis y diez, porque logra lo que pocos pueden: generar contenido real, sin cotillón. A mí me transporta directamente al Farolito un miércoles, a un vino en caja, a mis amigos. Arquero logra de forma casi mágica generar eso: que su música sea transporte. Deja parte de sí en su música con total transparencia. Es un recuerdo constante de que ser fiel a uno mismo garpa.

La reseña es breve porque el disco lo dice todo, así que te recomiendo que escuches a Arquero y te dejes llevar un rato (yo que vos empiezo por “Dentro”). Como artista joven de verdad espero que siga creciendo y generando música desde lo que sienta y crea, porque le sale muy bien.

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