Diego Presa: “Nunca tuve problemas con la pérdida de la juventud, porque nunca me sentí demasiado joven”

El músico toca esta noche en la sala Hugo Balzo y apronta la edición de discos con El Astillero y Buceo Invisible


Foto: Facebook de Diego Presa

Por Gastón González Napoli

Como rito de pasaje en estos días, con Diego Presa existió la correspondiente charla sobre fútbol. La motivó una conversación mundialista que se oía de fondo. Contó que supo defender a muerte al proceso (“es horrible la palabra, me hace acordar a la dictadura”) del maestro Tabárez cuando fue cuestionado, pero que ahora, ante la unanimidad positiva, sí le hace críticas. Destacó el trabajo de Más Unidos Que Nunca, donde vio una gran claridad ideológica: “De las más interesantes de nuestra realidad política, más allá de lo estrictamente futbolístico; tendría que estar en las páginas de política nacional”.

Pero sobre todo la conversación giró en torno a su último disco, Playa desierta, editado a fines de 2016, a los motivos detrás de su composición, y a una etapa muy productiva de su vida musical que lo tiene integrando dos bandas además de su proyecto solista. Buceo Invisible, su grupo de siempre, y El Astillero, una suerte de súper trío vernáculo que incluye a Gonzalo Deniz, de Franny Glass, y al exLa Trampa Garo Arakelian.

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Venías sacando discos cada dos años. Diego Presa en 2012, Trece canciones en 2014 y Playa desierta en 2016. ¿Tenés alguno nuevo en carpeta ya?

De a poquito estoy empezando.

Este año no, entonces.

No, no. Este año vamos a editar ahora con El Astillero, y hace tres días terminamos de grabar con Buceo Invisible. Entonces ya es demasiado. Desde todo punto de vista: en cuanto al trabajo sin duda, yo lo disfruto muchísimo y me encanta, pero también en cuanto a la posibilidad de editar tantas cosas con tan poca diferencia de tiempo. Tengo material y estoy componiendo cosas y empezando a pensar en cómo esas canciones que están saliendo se puedan imantar, configurando una estructura que puede llegar a ser un disco.

Canciones tenés.

Sí, pero estoy pensando dentro de un tiempo. Supongo que el año que viene.

¿El de Buceo sale este año?

Esperemos que sí. Ahora vamos a entrar en la etapa de mezcla. Si entregamos el máster en un mes, va a poder salir a finales de octubre, principios de noviembre, que es un poco el límite de edición de discos. Diciembre es un quilombo.

El último es de 2015, ¿no?

Con Buceo somos un poquito más lentos. Son los tiempos grupales. Implican otra elaboración colectiva, lleva otro tiempo. De ahí una de las razones por las que empecé a grabar discos solo. Tenía otras ansiedades, otras urgencias, que los tiempos grupales… No es que sean lentos, sino que yo necesitaba otras velocidades. Por eso la válvula de escape.

Era algo que te iba a preguntar, qué te permite la carrera solista que no te permiten Buceo Invisible o El Astillero.

Un ritmo de trabajo mayor, y después también una vía expresiva más…

Personal.

Sí, que tiene que ver más con lo íntimo. Decisiones que no tengo que compartir con otras personas. Sobre todo para no hacerlos responsables de los disparates que escribo.

En una entrevista con El País del año pasado contabas que tus canciones en primera persona en realidad no hablan de vos si no de un personaje parecido a vos. O sea que lo de “Alejandra” no te pasó.

No, lamentablemente no [risas]. Una cosa que aprendí o estoy aprendiendo, con Leonard Cohen, es el juego o la ironía, quizá en un paisaje que en principio no albergaría una ironía o ese uso del humor muy entre líneas, muy sutil. La obra de Leonard Cohen es muy densa, desde lo conceptual y simbólico, y desde lo emocional. Pero él siempre matizaba o introducía líneas de ironía y de juego en sus letras, que creo que es otro de los rasgos geniales de su obra. Y en esa canción yo estoy hablando de otras cosas.

¿Cómo te influyó tocar con El Astillero para Playa desierta? Por lo pronto es un disco más rockero.

Se fueron dando de forma muy paralela. Yo las canciones de Playa desierta ya las tenía cuando empezamos a tocar con Gonzalo [Deniz] y con Garo [Arakelian]. Entonces estuvo bueno porque me permitió trabajar al mismo tiempo una faz más acústica y relacionada con lo guitarrístico, con las voces, una cuestión bien al aire, y un disco bastante producido desde lo eléctrico.

Claro, El Astillero lo asocio con algo más rockero por los integrantes, pero es más bien acústico.

Sí, pero tiene un corazón rockero. Esencialmente es un trío de rock. Aunque toquemos desenchufado. Probablemente sea de los proyectos más rockeros en los que he participado, porque tengo la visión, creo que la compartimos con los otros compañeros, de la cultura rock como algo más amplio, más allá de la distorsión. Estoy bastante convencido de eso.

Se puede hacer rock con una acústica.

Absolutamente. Tiene que ver por supuesto con algunas cosas musicales, pero con cuestiones actitudinales más que nada. Lo que yo considero rock, porque también hay mucha cosa metida en esa bolsa, tiene que ver con una forma de encarar la cuestión expresiva. Y a mí me parece que El Astillero es rock.

En este disco quisiste hacer una cosa más pop. Se nota en canciones como “En el barrial”.

El pop de los 60, los Beach Boys, los Birds…

Los aplausos de “En el barrial” son bien de esa corriente.

Sí. El pop es un concepto súper amplio y malinterpretado muchas veces. Estaba buscando cierta luminosidad en la cuestión arreglística y de producción, en contraposición con la densidad de las letras.

De todas maneras, en las letras no es tan oscura como Trece canciones, como era en “Mis incendios”.

Puede que haya otra frontalidad en el relacionamiento con algunos sentimientos. Lo que veo de diferencia entre los dos discos es que las canciones de Playa desierta surgieron más como un cuerpo, están más relacionadas entre sí. Están compuestas en la misma época, en los mismos meses. Y puedo rastrear motivaciones más claras en la composición. Mirándolo para atrás me resulta más coherente. En cambio, Trece canciones es una colección que si bien algunas surgieron cerca de la grabación, también hay otras que son más viejas. Eché mano de otras canciones, que habían sido compuestas a la salida de la adolescencia. Hay una diferencia de dos años en la grabación, pero mayor en la composición.

En este decís que hay una motivación más clara. ¿Qué te motivaba?

Estaba viviendo algunas crisis…

Mediana edad.

De manual. Complicadas, pero encarables.

¿Ahí te rapaste?

No, no fue ahora [risas]. Nunca tuve problemas con la juventud, con la pérdida de la juventud. Porque nunca me sentí demasiado joven. Incluso siendo muy joven, me costaba identificarme con la cuestión etaria, con mi generación. Por ese lado no. Pero sí, sobre todo la crisis estuvo muy metida en el paso del tiempo. No de la decrepitud, en general las crisis de mediana edad están relacionadas con el “no soy más joven, perdí mi belleza física”. Tiene más que ver con asumir el paso del tiempo, con que mis hijas fueran más grandes. La cuestión hasta metafísica, más filosófica, del paso del tiempo. Y también con el lugar que uno ocupa en el mundo. Con la dureza del mundo, con la rudeza del mundo que nos toca vivir -supongo que habrá sido siempre así, desde tiempos inmemoriales-. Asumir lo que te toca. Fueron saliendo canciones, a tientas fui tratando de entender lo que me estaba pasando. Después, a la distancia, podés comprender un poco mejor. Te alejás y el dibujo está más claro.

La primera vez que escuché el disco me sorprendió la producción, la instrumentación, los teclados. Te asociaba con una vertiente de poeta oscuro.

Por lo que me decís, se logró lo que estaba buscando. Ampliar la paleta de colores. Tiene que ver con eso. Con el tiempo fui perdiendo algunos prejuicios estilísticos. Y ha pasado muchas veces ya.

¿Muchas veces perdiste prejuicios?

Claro. No me parecía que estuviera cambiando demasiado la esencia de las canciones si agregaba una determinada tonalidad arreglística. Que porque aparezcan determinados ritmos me estuviera alejando de lo que quería decir. Lo viví con esa naturalidad.

¿Qué diferencia encontrás entre escribir poemas y canciones?

Hablo de mi experiencia porque es algo que se discute bastante. Cuando a Dylan le dieron el Nobel se habló mucho. Son dos mundos muy interrelacionados. Me resulta muy claro cuando estoy escribiendo cuándo un texto está como para ser musicalizado y cuándo tiene que quedarse en la hoja. El que era muy estricto con eso era Darnauchans, que escribió muchísimas canciones, pero publicó muy pocos poemas, a pesar de que era un excelente poeta. Los textos para ser cantados tienen la ayuda, el soporte, de lo melódico, que en principio no lo tiene el texto escrito. Pero son mundos que se tocan y se interrelacionan. Las cosas que hizo Serrat con Miguel Hernández, con Machado, las escuchás como si fueran canciones.

Mismo Garo lo hizo con García Lorca.

Y en Buceo Invisible lo hemos hecho con cosas nuestras. Una vez que el poema está musicalizado, entra naturalmente en el mundo de la canción. Pero hay determinadas reglas que diferencian una cosa de la otra.

Vos te das cuenta. No partís de la base de “voy a escribir un tema”.

Hay veces que sí, si tengo la melodía. Cuando es al revés, y tengo una música a la que le quiero escribir una letra, ahí es bien distinto cómo va surgiendo. Te lo viabiliza la melodía. Es interesante escribir así también. Te exige otras cosas. Te ciñe a otros caminos. Pero si no, ya en el momento de escribir el texto te va llevando hacia un lado y otro. Pide música.

¿Has publicado poemas?

Cuando era muy chico. Tenía 18 años. Hugo Giovanetti Viola, un escritor, que fue mi profesor de guitarra y tenía un taller con gente mucho más grande que yo, al que me invitaron a participar. Para mí fue una experiencia formativa fundamental. Ahí unos meses después edité un primer libro de poemas que anda en algún cajón. A partir de ahí empecé a componer canciones sobre todo, pero tengo un conjunto de poemas que han sobrevivido. En los últimos años he escrito un poco más.

La mediana edad te llevó a los poemas.

Fueron años de mucha producción, tanto musical como de texto. Capaz que en algún momento lo edito. Lo termino de estructurar.

No parás de escribir.

El año pasado y este han sido muy intensos. Pero es algo que me reclamaba a mí mismo. Ahora que se están dando y tengo la posibilidad de trabajar en proyectos que están vivos y que me exigen, estoy súper contento. Antes necesitaba que el oficio me exigiera a mí.

¿Sentías que no estabas al máximo nivel?

Sentía cierta subocupación. Tenía cosas para mostrar, para dar, para trabajar, y no encontraba los caminos para hacerlo. No estoy hablando solo del hecho de tocar más, del trabajo en sí. Sino de la composición, de la participación en proyectos. Se está dando y estoy súper agradecido.

En la presentación de tu disco del año pasado decías que querías un rol más de crooner, de cantante. ¿Seguís en esa tónica?

Siempre que puedo. Pasa que en El Astillero estoy tocando mucho la guitarra, cosa que me encanta y que implica cierta exigencia técnica. En Buceo Invisible también, se ha generado un entramado de guitarras, somos cuatro a la vez, y es necesario el color que aporto dentro de esa cuestión más contrapuntística, de texturas. Cuando toco solo -acompañado por banda, porque muchas veces toco solo, solo, y ahí no tengo más remedio-, me gusta tener un espacio en el cual poder concentrarme exclusivamente en el canto, en lo que digo y en la manera en que lo digo. Trato de reservar parte del repertorio y estructurarlo de esa manera.

¿Va a estar Fede Lima [que produjo el disco] en el show?

No, no, esta vez no. Estuvo buenísimo el trabajo con Fede, lo conozco hace muchísimos años. Grabó el segundo cassette de Buceo Invisible, uno de sus primeros trabajos como técnico de sonido. No tenía Loop Lascano todavía, tenía una banda que se llamaba Solar. Era muy chico.

Playa desierta era ideal para él porque también está en ese plan más luminoso, ¿no?

Había escuchado el último disco, pero conocía más o menos cuáles eran sus ideas y sus maneras de trabajar, sobre todo la cuestión tímbrica. Me sorprendió lo bien que maneja lo rítmico. Lo trabajamos mucho. Desde la canción pelada que yo llevé, al resultado final, hubo un desarrollo sobre todo en lo rítmico. En la llevada de las canciones.

¿Algo más que puedas adelantar del recital?

Estar acompañado por la banda es fundamental. No son muchos los conciertos en el año que tenemos para hacer juntos. Eso ya me implica una motivación extra. Este año solo había tocado solo, guitarra y voz, que me encanta también pero es otro viaje. Y lo dividí en tres partes: primero sobre todo canciones de Playa desierta, ahí voy a estar tocando la guitarra; después una parte en el medio que voy a estar tocando solo, alguna canción nueva y alguna versión; y al final vuelve la banda y hacemos un recorrido un poco más amplio del repertorio. Y ahí solo canto. Me gusta tocar con ellos, llevan las canciones a un lugar que a mí me hace bien.

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