A diez años del final de la saga de Harry Potter, una reflexión fanática

Las siete novelas de J.K. Rowling sacudieron la literatura mundial como no ha vuelto a suceder desde entonces, pero una década más tarde resta por definir si ingresará al panteón de los clásicos
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Las vendedoras de El Sitio del Lector en el centro comercial Géant se rieron del adolescente de catorce años que preguntaba el precio. “Estuvimos todo el día repitiendo lo mismo”, dijo una de ellas. “Sí, tenemos el último libro de Harry Potter. Y vale $450″. El adolescente pagó y se fue contento al auto de su madre, donde esperaban su hermano y dos vecinos. Uno de ellos le pidió el libro para leer la página final. El adolescente se tapó los oídos cuando escuchó que los más chicos lo comentaban en el asiento trasero, pero igual pareció escuchar las tres palabras malditas: “Harry se muere”. Dos días más tarde ya se había devorado el libro, inmerso por completo en sus más de 600 páginas. Y (SPOILER, por si queda alguien que no lo sepa) emergió feliz, porque había escuchado mal.
Lo único que no recuerdo del todo bien de la experiencia con Harry Potter es el precio del último libro. Sé que mi primer contacto fue con la película de La piedra filosofal, que me dio miedo y no me gustó. Sé que me empezó a gustar cuando leí el segundo libro, La Cámara Secreta, en el liceo; y que le pedí prestados a mi vecino la primera y la tercera novela, El prisionero de Azkaban. Me acuerdo de lo que me asusté leyendo sobre el Grim y Sirius Black, y la pesadilla en la que mi cuarto se llenaba de dementores y no podía juntar la voz necesaria para conjurar un expecto patronum y echarlos.
El cáliz de fuego lo leí tantas veces que se le salieron las tapas y parte de las hojas. Y el sexto, El misterio del príncipe, lo compré en inglés para no esperar la traducción y lo leí con un diccionario bilingüe a mi lado. Del séptimo es del que más me acuerdo. Se terminaba algo que había sido verdaderamente importante para mí, una saga que acompañó mi crecimiento. Ahí donde Los Cazaventura de Helen Velando (por nombrar otra saga que leí por completo durante mi infancia tardía-adolescencia) se conservaban en el ámbar de la ficción, Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley crecieron y se desarrollaron más o menos al mismo tiempo que lo hacía yo, y las historias que vivían eran progresivamente más adultas y oscuras. Fue un hito, y mis años de lecturas ávidas -un poco menos voraces últimamente, pero en fin- nunca se toparon con un efecto similar.
Sí, me fascinaron las primeras novelas de Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin. Juego de tronos, Choque de reyes y en particular Tormenta de espadas. Pero Festín de cuervos me aburrió. Harry nunca me dejó tirado. Me tragué El código Da Vinci y Ángeles y demonios, después odié El símbolo perdido -y nunca encontré fuerzas para leer Inferno-. Puede que Rowling a veces la embolara con demasiada descripción, sin llegar a los niveles de tensión y necesidad de pasar una página atrás de la otra de Dan Brown, y aun así jamás me frustró. Muchos otros libros me marcaron de chico: Pateando lunas, Las aventuras del Sapo Ruperto, El abuelo más loco del mundo (gracias, Roy), todas las detectivescas de Helen Velando, cómics de Ásterix y Óbelix y de Tintín, Ziraldo, Horacio Quiroga, cientos de policiales que no distingo a la distancia. Nada me fanatizó al punto que lo hizo Harry Potter.
Hace poco estuve charlando con un muggle (es decir, un no-fan) sobre el final de la saga, Las reliquias de la muerte. Él consideraba que el final había sido muy malo, porque Rowling construyó una profecía que hablaba de la muerte del protagonista y solo lo mató a medias. Yo le hablé de horrocruxes y el proceso para matar a Lord Voldemort, a lo que él respondió “nah, tendrían que haber matado a Harry Potter igual”. Entonces me di cuenta de que, por más que haya estudiado la crítica y escrito una y mil, soy incapaz de mirar esta saga con ojo objetivo. Está atada a mi ADN.
No soy un demente, nunca me disfracé para ir al cine, ni compré la obra de teatro apenas salió, y si bien tengo cuenta de Pottermore apenas he leído algo de lo que ha seguido subiendo Rowling. Me aburrió bastante Una vacante imprevista y solo leí el primero de la saga de Cormoran Strike, que me pareció una introducción interesante al personaje, con mucho potencial. Pero ni siquiera sabía que había dos secuelas hasta que encontré tiempo para leer El canto del cuco. Es decir, no amo a Rowling con locura. Sin embargo con Harry logró algo poco común. Es una de esas obras que definen a una generación. Es para mí lo que puede haber sido Star Wars o las películas de Indiana Jones para los niños de los 80.
¿Son buenas novelas? Suficiente se ha criticado la prosa de Rowling. Al igual que George R.R. Martin, no es una maestra de la palabra escrita. No es Borges, ni creo que pretenda serlo. Sí es una genial arquitecta de fantasía. Sin necesidad de construir un universo distinto como Martin o el papá de todos, Tolkien, consiguió desarrollar algo que se sentía muy posible a la vez que maravillaba con sus ranas de chocolate, sus fotografías en movimiento, y su interminable capacidad para absorber mitología y hacerla propia con seres como los boggarts o los elfos domésticos. Construyó un mundo, mucho más de lo que pueden decir otros que se la dan de genios malditos.
Las historias con las que rellenó ese marco tienen sus problemas, como que siempre se espere hasta final de año para darse el gran suceso, o la forma en la que Harry aprende y crece pero no sufre los grandes cambios esperables de una historia tan larga con un personaje tan preponderante. Harry arranca siendo un buen chico y termina siendo excelente, casi sin manchas. Aun así pocos libros pueden rivalizar la persecución del basilisco por la Cámara Secreta, la revelación de quién es en realidad Sirius Black (y la rata Scabbers), el Torneo de los Tres Magos y el caos subsiguiente, la muerte de Cedric Diggory en el cementerio, la muerte de Sirius, Dumbledore forzado a tomarse un veneno para conseguir uno de los famosos horrocruxes, cualquier página con Bellatrix Lestrange o Dolores Umbridge, y la forma en la que se desvela el pasado oscuro de Dumbledore. Ni que hablar del gran giro alrededor de Severus Snape.
¿Y el final? Ya lo dije: horrocruxes. El que murió no fue Harry sino la parte del alma de Voldemort pegada a ella. ¿No es obvio? Bueno, ya también lo dije. No logro concebir una mirada crítica con esta saga. Y está bien.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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