El encanto del antihéroe

Dallas Buyers Club demuestra que es mucho más que un par de actores que adelgazan para un papel, es una inspiradora historia de un luchador que está lleno de vida

Muchos hablan de la transformación impresionante del cuerpo de Matthew McConaughey para Dallas Buyers Club, pero sin dudas eso no es lo más impactante de su trabajo interpretando a Ron Woodroof. Si bien adelgazar 22 kilos para un rol es algo más que meritorio, la total compenetración con la historia –real- del personaje a quien interpreta es lo que merece más aplausos.

McConaughey encarna a un típico cowboy tejano, amante del rodeo, macho, adicto al sexo –con mujeres claro-, homofóbico y adicto a la cocaína. Un día, después de desmayarse y haber sido llevado al hospital, es diagnosticado con sida con una esperanza de vida de 30 días. Como es esperable Ron entra en una etapa de negación –el HIV era “cosa de gays” en esa época, los setenta. De a poco el vaquero comienza a aceptar su condición y empieza a comprarle AZT (una droga usada para combatir la enfermedad) a un enfermero del hospital, ya que el medicamento estaba en periodo de prueba. A partir de allí, Ron se va metiendo más en el tema, a investigar y a recabar la relativamente poca información que existía. Decide que el AZT le trae más problemas que beneficios y empieza a contrabandear desde Méjico otras drogas, no permitidas en Estados Unidos, para poder tratar el Sida a su manera, sin doctores que lo obliguen a tomar nada.

Después de ver la desesperación de los enfermos, Ron encuentra una oportunidad de mercado: la venta de esos medicamentos no aprobados a otros pacientes de SIDA. Conoce a Rayon, un transexual con muchas conexiones, y juntos abren el “Dallas buyers club” (Club de compradores de Dallas). De todos modos, la relación con Rayon no es algo fácil, en un principio ni siquiera quiere acercársele porque su homofobia se lo impide, pero derriba de a poco los prejuicios y terminan entablando una compleja amistad que incluso lo lleva a enfrentarse a sus antiguos amigos.

El personaje del transexual, que es interpretado de forma espectacular y desgarradora por Jared Leto, es uno de los grandes valores de la película y pide a gritos más pantalla, porque las veces que aparece son excelentes. Lo único medianamente criticable es que le cuesta escapar un poco al estereotipo de “travesti conflictuado e inestable”, pero eso parece ser consecuencia de lo poco que aparece en la película como poder profundizar más en sus deseos y necesidades. El filme en general está demasiado centrado en Woodroof y se extraña un poco más de contexto más allá de algunos titulares de diarios: ¿qué pasaba en otros estados? ¿cuánto se sabía de la enfermedad en el mundo? ¿se discriminaba a los enfermos?, son algunas de las preguntas que quedan en el aire.

Más allá de ese pequeño desacierto, Dallas Buyers Club es una muy buena  película, que tiene actuaciones destacables –la de Jennifer Garner como doctora no es una de ellas -. El personaje de antihéroe –luego eximido- que interpreta McConaughey  es muy atractivo y querible, lo que es una sorpresa para quienes pensaban que el actor pertenecía solo al cine ultracomercial y vacío. Es un filme que podría caer fácilmente en el drama depresivo y en el abuso del recurso de “dar pena”, pero sin embargo está llena de vida. El impulso vital de Ron Woodroof, sus ganas de seguir adelante, su disimulada nobleza y su viveza criolla son realmente inspiradoras y sin dudas es una historia que merecía ser contada. Pero, tal vez, el mayor acierto es que Woodroof es presentado como lo que es y no como un santo, es redimido pero no es presentado como un héroe.

Alejandra Pintos (@alepint)

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