El Teatro Solís a los pies de Babasónicos

La banda argentina llegó al Teatro Solís para dos funciones de Repuesto de Fe, una versión extendida de su espectáculo Impuesto de Fe en la que mezcló momentos íntimos y bailables con un despliegue visual excelente

Fotos: Pata Torres
“Lo peor está por venir”. El augurio provocó un instante de temor justo antes del arranque del show de Babasónicos en la Sala Principal del Teatro Solís. Es que a las 22:00, hora pactada para la segunda función de Repuesto de Fe -en el que la banda extendió su espectáculo Impuesto de Fe-, todavía salían espectadores de la primera función. Con una fila que iba a hasta la calle y que doblaba la esquina, era inevitable pensar que el recital comenzaría más tarde. A las 22:25, y después de que se llenaran la mayoría de las butacas de la sala, ya habían pasado varios amagues de luces que sugerían que el concierto iba a comenzar. Y cuando la impaciencia asomaba, por los parlantes colocados especialmente para la ocasión sonó un tema que decía eso: “The worst is yet to come” (“lo peor está por venir”). Pero el augurio no pudo estar más equivocado.
La canción se fue apagando y fue reemplazada por silencio, oscuridad y la apertura del telón. Lo primero que uno podía distinguir es a los músicos acompañados por decenas de instrumentos “exóticos” que acompañaban a los clásicos del grupo (o sea bajo, guitarras, teclados y batería): gong, theremín, vibráfono, congas, saxo, marimba, bombo, cabasa, caja china, lap steel y otros tantos fueron utilizados a lo largo de la noche para construir una nueva personalidad a las canciones que marcaron la trayectoria de Babasónicos. Por encima de los seis integrantes había tres grandes soportes de luces Par 64 que durante la mayor parte del recital iluminaron la sala con base en un color rojo que combinaba con las butacas, las paredes y la sensualidad que sugerían los bailes y la voz del cantante Adrián Dárgelos.
Babasónicos eligió comenzar el recital con “Posesión del tercer tipo”, la canción psicodélica que cierra su segundo disco Trance Zomba (1994). Dárgelos se sumó a los seis músicos cuando se acercó al escenario, se paró de espaldas al público y empezó a cantar. Luego de los aplausos de bienvenida, se encendió una pantalla gigante que mostró la imagen del vocalista yuxtapuesta a las luces que adornan cada piso de la sala.
Más adelante, la banda se sumergió en “El colmo”, con la versión que forma parte de su disco en vivo Impuesto de Fe(2016): la marimba de Diego Uma, la guitarra de doce cuerdas de Carca y los teclados de Diego Uma-T le dieron una nueva cara al hit del disco Mucho (2008). A lo largo del recital se pudo apreciar de lo original de cada reversión que, además del uso de numerosos instrumentos, se basó en el empleo de silencios y espacios vacíos que permitieron disfrutar al máximo de los detalles de la música y darle todavía más protagonismo a la voz de Dárgelos.
Durante casi dos horas, los Babasónicos tocaron alrededor de 30 canciones que abarcaron desde Pasto (su disco debut, publicado en 1992) hasta Romantisísmico (su último álbum de estudio hasta la fecha, editado en 2013).
Lo más interesante del espectáculo fue cómo la banda conseguía pasar de un sonido acústico que producía un ambiente de intimidad (algo que se pudo ver por ejemplo en “Cómo eran las cosas”, “El pupilo” y “Chisme de Zorro”) a momentos bailables en que las versiones de hits como “Irresponsables”, “Putita” (con una versión funky basada en un vibráfono y un cambio de ritmo inesperado), “Puesto” (que comenzó con un cuarteto de cuerdas y una guitarra acústica pero que fue creciendo con la irrupción de una guitarra eléctrica y los coros), “Vampi”, “Yegua” (con un saxo tocado por Diego Uma)y la mezcla de “Muñeco” y ”Deléctrico” levantaron al público de sus butacas. A partir de la música y del despliegue de luces y humo, se podía olvidar el aspecto tan formal de la sala del Teatro Solís.
En honor al nombre del espectáculo, hay que hacer notar algunas críticas a la religión con frases como: “Dios nos hace sentir culpa por lo que no hacemos bien” (“Su ciervo”); “Y si acaso podría deberte algo/como un impuesto de fe/sabría que no hay dinero para pagarte eso” (“El maestro”); y “Salvajes de traje me quieren enseñar/salvajes de traje me quieren educar” (“Posesiones del tercer tipo”).
Para cerrar la primera parte, el grupo interpretó un enganchado excelente basado en un sonido western, que mezcló “Zumba”, “Yoli, “Viva Satana” y “La roncha”.  Después de minutos de aplausos, los Babasónicos volvieron al escenario para los bises. Una parte del público abandonó sus butacas y se acercó al escenario para bailar. En “Burócratas del amor”, Dárgelos rompió la “barrera invisible” con el público y cantó sobre los palcos pegados al escenario. Sin embargo, en vez de acercarse para disfrutar de la música, la mayor parte del público que allí se encontraba aprovechó la oportunidad  para agarrar su celular y tratar de tomarse una selfie con el cantante.
Finalmente sonó “Natural”, una canción de su primer disco. Después decantar la última frase “no me preocupa el tiempo porque soy un natural”, los músicos se acercaron al escenario para dar por terminado el recital y Dárgelos agradeció por el apoyo del público. Aseguró que no se iba a olvidar de la “postal” de ver a todo el público aplaudiendo de pie. De esta manera Babasónicos cerró la noche con un Teatro Solís a sus pies y comprobó que, actualmente, son una de las mejores bandas del rock argentino para ver en vivo.
Por Rodrigo Guerra

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