Eli Almic en busca de cambiar el mundo

La rapera, cantante y actriz presenta su nuevo EP, Reflejo, en la sala Hugo Balzo el 20 de junio próximo. Charlamos con ella sobre sus comienzos, el viaje por Estados Unidos del que nació el disco, su visión del mundo y el feminismo


Foto: Lu Lee

Por Gastón González Napoli

Eli Almic, alias de Elisa Fernández, editó en 2016 Hace que exista, junto con DJ RC. Ahora vuelve con un EP, Reflejo, que la muestra en un plan algo menos político y explorando variantes sónicas que ya se habían adelantado en la base trap del sencillo “Brujas”. 

La mayor particularidad de este nuevo trabajo, sin embargo, es que se lo trajo de Estados Unidos. Eli Almic se recorrió buena parte del país y fue grabando y colaborando en el camino; absorbió el jazz neo-orleandés, el grunge de Seattle, el hip hop de Brooklyn y las auras de Prince y Dylan en su ciudad natal de Minneapolis. Comprendió mejor la realidad estadounidense y conectó con su versión menos publicitada, la más oscura y pobre.

Todo eso, más sus ganas de cambiar el mundo y el feminismo de “Brujas”, abarca esta charla con café y escones de queso de por medio.

Comienzos

¿Por qué el nombre Eli Almic?

Quería inventarme un nombre así como rapero. Me acuerdo que cuando me decidí a ponerme a rapear, mi Facebook era mi nombre, Elisa Fernández. MC Eli me parecía medio flojo; antes se usaba mucho poner el MC adelante, ahora no tanto. Eli al mic, al micrófono… Es como eso.

Sabés que nunca había asociado, ahora que me decís, cómo no me di cuenta…

Es por cómo está escrito. Si lo hubiera escrito Eli Al Mic te habrías dado cuenta enseguida. Me ha pasado que lo escriben mal y lo odio.

Sería demasiado obvio.

Para pila de gente es obvio, pero para otra no y está demás. Me han preguntado si mi apellido es árabe o de no sé dónde.

En varias canciones, por ejemplo en la de las Crème Sessions, hacés referencia a que tuviste un comienzo duro. Que te cambiabas la ropa con suerte.

O sea… Yo nací en Malvín. Soy la cuarta hermana. Está bueno, en realidad, nunca me preguntaron. Nunca fui… pobre. Pero lo que tenía me lo pasaban. No había chance de ponerme otra cosa. Como era la cuarta, todo lo que usaba era recontra usado. Venía de mi prima grande, mi prima del medio, mi hermana, yo. Y así con todo. Los juguetes. No lo digo en plan victimización, ni a palos, porque me encanta de dónde vengo y me siento recontra privilegiada frente a otras situaciones; es un poco el juego del rap, que creo que tiene sustento. No nací en Carrasco y fui a un colegio privado. Vengo de una familia de esas que recontra intenta estar en un barrio lindo y no le sale.

Era todo con mucho esfuerzo. Me acuerdo de una vez que mi padre fue a Estados Unidos y me trajo una muda de ropa nueva. Una para cada hijo. Y fue como wow. La foto con la ropa nueva. No tengo el recuerdo de ir al shopping a comprarme ropa. Odiaba cómo me vestía. Usaba el pelo corto como varón porque tenía piojos y me lo cortaban. La imagen de la niña de pelo largo, ya sea por Disney, todas las boludeces, o porque las niñas lindas son así, rubias y con pelito largo, yo no veía esa imagen en mí. En algún momento de mi niñez fue duro enfrentarme a eso. Salado. De que me hicieran bullying por varón, por el pelo corto…

El hip hop tiene pila eso de “arrancamos de abajo”.

No tengo nada que ver con el gueto posta. Igual, mucha gente piensa que vengo de un seno adinerado porque soy blanca o… me pasa. Me han dicho “cheta” muchas veces, gente mucho más cheta que yo. Que no importa. La otra vuelta un pibe argentino me bardeó por Facebook, y le dije: “No voy a competir por quién fue más pobre. Está todo bien, ojalá no hayas sido vos ni yo”. Es para acordarme de quién soy, y también lo relaciono con esto de los espejitos de colores que menciono en el tema “Brillo”. Que de hecho el tema de la Crème Sessions cuando la hice fue una tirada así medio cypher¸ pero después cuando subimos el disco a Spotify le puse nombre a los temas. Siempre me digo a mí misma: “No te marees”.

¿Siempre escuchaste rap?

La verdad que no. Me llegó más en la adolescencia. De los 16, 17 en adelante. Era bastante grande. En mi casa no sonaba rap. Ponele que sonaban los Kuryaki cuando yo era más chica. Pero no tenía referencias. Empecé con Sublime, escuchaba mucho; tenía unos raps, me los aprendí y me empecé a dar cuenta de que escuchaba música con pequeños raps. Hasta que llegué a la Mala Rodríguez, sonaba en ese momento Tiro de Gracia de Chile, algunas cosas de España. La Mala, o Lauryn Hill, los Fugees, me demostraron que podía rapear y cantar al mismo tiempo. Eso era lo que me pintaba más.

Lo re mezclás.

Es la influencia del soul, que me gusta mucho. Ponele Erykah Badu. No rapea, pero hace todo neo soul; en sus bases musicales re podría haber alguien rapeando. De hecho, trabaja con raperos todo el tiempo. Hay veces que canta y decís “esto es casi rap”. Es medio delgada la línea. Me pasa con Kendrick Lamar, que digo “esto no es rap”. Hoy en día no interesa tanto encasillar. Ahora si querés cantar… En el trap hay mucho de un auto-tune horrible y una cantada espantosa, y una base que dentro de todo está buena y podrías rapearte algo arriba. Hay para todos los gustos.

Cambiar el mundo

Desde hace por lo menos un par de años que el hip hop la está pegando en Montevideo. Y vos en uno de tus temas…

En “Gárgolas”. “El hip hop está de moda y eso nos viene muy bien”.

Ahí va, pero después decís algo así como “si vas a trabajar con alguien, tené cuidado con quién”. ¿Hay gente complicada metida?

Para mí lo complicado es la gente que  mueve el mundo. Si te ponés a rascar un poquito, ves que las grandes marcas y corporaciones son las que manejan el mundo. Es una red que parece enorme, pero son pocas personas que tienen un montón de marcas y submarcas hasta llegar a vos. Y en el hip hop, entre que hay mucho de eso de que “vengo de un lugar marginal y no tengo un mango”, y “me tengo que comprar championes, me encantan los Adidas, los Nike, no sé qué, me re sirve que me los den y me saquen la fotito”. Entre esa dificultad, entre que el propio capitalismo nos hace consumir y querer vernos bien y querer tener lo último, en el hip hop… las marcas siempre entran en la música, pero en el hip hop es impresionante. Lo ves en las batallas de freestyle. Los competidores mundiales están patrocinados.

Me ha pasado, que me han venido a buscar marcas que para mí son muy sucias, y les he dicho que no. Es re importante para mí, quiero tener visibilidad, ser conocida, vivir de esto. Pero de la forma en que me sienta cómoda. También entran esos miedos: “Uy, mirá si por perder esta oportunidad te terminan yendo a ver 100 personas en Montevideo y no pasás de eso”. Yo quiero creer que no pasa por una marca que me saque una foto. Quiero creer que pasa por mis canciones, por cómo me muevo, por los músicos con los que toco. Por el show que doy, por las redes. Como me ocupa tanto en mi cabeza eso de cómo ser fiel a mí misma y al mensaje que doy, escribí eso. Estoy un poco obsesionada últimamente.

¿Con las marcas?

Con qué tomar del sistema. Entrás en un territorio medio eterno e indefinido. Pero no tanto. Creo que hay gente, la mayoría de las personas que conozco que hacen música o rap, toman todo lo que les surge. Yo no los juzgo. Todo bien, somos amigos igual. Si no, no podría escuchar mucha de la música que escucho. Pero si quiero cambiar el mundo y quiero poner un granito de arena, tengo que empezar por sacarle poder a ciertas cosas que hacen que este mundo sea así, tan desigual, tan explotador. Esto que te estoy mostrando para que lo consumas seguro tiene una cadena de explotación atrás. Entonces no quiero mostrar eso solo porque a mí me beneficia. Si pudiera lograr que la gente se dé cuenta de que podés hacer tu proyecto paralelo, empezás con tu marquita de no sé qué, o con tu editorial de no sé cuánto… Si no, sigamos consumiendo Nike y todo bien, la seguirán fabricando en la India o China y nunca nos enteraremos. Hay un documental, The True Cost, que muestra que son dos dólares por día que gana una trabajadora en la India.

Estoy en ese viaje. También pensando en cuál es mi militancia en el hip hop, más allá del feminismo, que soy mujer y supongo que eso también hace que lo sienta más en carne propia, está este tema de las corporaciones y las marcas. Es un terreno súper jodido. Que también me da miedo. No necesito salir a señalar directamente algunas cosas, o sí, pero tengo que ver cómo, porque también me interesa cuidarme.

Hablás pila de cambiar el mundo.

[Se ríe] Capaz es un poco naíf. Pero me gustaría.

No digo que lo sea…

Viste que hay gente que es como “ya está todo hecho, no vas a poder cambiar nada, disfrutá lo que te toca”. A veces pienso en eso. Mi reflexión frente a esto va oscilando. Pero después digo “pah, no”. Siento que tengo un propósito mayor que el de mi exposición y mi crecimiento, que sí, por supuesto, soy una persona ambiciosa y quiero llegar lejos, quiero que me escuchen en un montón de lugares, obvio que sí. Pero creo que tengo un fin mayor, que es esto. Que nos demos cuenta de que no es la única manera laburar con corporaciones o gente que te va a explotar o te va a usar porque estás medio de moda.

Nunca escuché a los Redondos, más bien nunca me gustaron, pero ahí tenés un ejemplo, era otro momento, no estaban las redes sociales, y tampoco es que pretenda ser ese fenómeno, pero hay formas. Vamo’ a buscarlas.

Yo tampoco soy muy de los Redondos, pero no dicen que el “Indio” se hace muy el defensor de causas y vive en Nueva York…

No tiene nada que ver, es una pavada. Que te hagas rico porque la gente te va a ver y estás ganando un montón de plata, no significa que no quieras ayudar en una causa social, que quieras ayudar sobre tal cosa. Si no, todos los pensadores y filósofos que leemos… la mayoría no eran pobres. Algunos sí, otros eran de clase media alta, de una clase pudiente.

Si vivís en la pobreza, pensar en ideas es complicado.

Claro, estás ganándote el pan. Por eso digo que me siento una privilegiada. Sí tengo que ver todos los días cómo ganarme el pan, pero no estoy en una situación complicada. Estudié, hago lo que me gusta, me revuelvo; elegí el teatro y la música, que son profesiones muy difíciles en cuanto a lo económico, pero creo que es posible, no me detengo mucho en eso y voy para adelante. Hacer otras cosas no me hace feliz. Le meto. Me formé como actriz, hice cosas que quiero.

Son laburos gratificantes.

Obvio. Y junto con eso, voy pensando en esto: cómo aportar mi granito de arena. Cómo cambiar el mundo.

***

Su viaje por Estados Unidos y la magia de Nueva Orleáns

Reflejo tiene que ver con un viaje que hiciste por Estados Unidos.

Es eso, básicamente.

En uno de los temas decís que estrenaste el pasaporte. ¿Nunca habías viajado?

Tan lejos no. Había viajado acá en la vuelta. Brasil, Argentina, Chile.

¿Muy gasolero?

Fueron seis meses. Un mes y medio en Costa Rica, que no fue tan gasolero porque tenía el pasaje cubierto. Tenía más ahorros en ese momento. Pero el viaje a Estados Unidos fue mega gasolero. No pagué hospedaje nunca. A veces no tenía quién me hospedara y ponía en Facebook tipo “voy a tal lugar, ¿conocen a alguien?”. Couchsurfing. En un par de lugares me pasó que no conseguí y pasé el día entero en una pizzería escribiéndole a todo el mundo. Me fui a un motel que me arrancaron las muelas, un motel de mierda, 100 dólares. Como a mitad del viaje me quedé sin plata. Hay un tema de Reflejo, “La nube”, que dice: [rapea] “Viaje sin melancolía/Aprendizaje, lista pa’ sobrevivir entre panes, palta y tomate”. Era así. Pan, palta, tomate, café, y a recorrer. Me caminé todas las ciudades, disfruté un montón. Esa vida austera, yo la puedo sostener.

¿Por dónde anduviste?

A Estados Unidos le di la vuelta entera. Si bien no estuve en cada estado, porque precisás mucho tiempo. Seleccionaba según las fechas que conseguía. “En tal lugar me hospedan, no tengo fechas, pero es re cerquita de ahí y al tiempito tengo otra”. Iba buscando moverme. Canté en la calle también. Canté covers alguna vez, en un restorán mexicano.

¿Te fuiste de acá con la idea de ya ir a Estados Unidos o surgió en Costa Rica?

La idea ya la tenía. Cuando pintó lo de Costa Rica, se me ocurrió cruzar, porque estaba muy cerca.

¿Ibas a tocar a Costa Rica?

Claro, fui con Atlántico Negro, que es otro proyecto que tengo, más de reggae. Que ganamos Ibermúsicas y fuimos para ahí. Chocha, todos los pasajes pagos. No tenía mucha curiosidad por ir a Estados Unidos, o sí, pero contradicción de que “debe de estar demás, pero re capitalista”. Me saqué un montón de prejuicios yendo para ahí.

Eso era algo que te iba a preguntar. Si había cambiado tu concepción de Estados Unidos. En el disco anterior le das bastante palo. En “Sé que estás mintiendo”, por ejemplo.

[piensa]

O parece que hablás de Estados Unidos.

Sí… Pero no es Estados Unidos. No únicamente. Puede ser Europa, puede ser China, puede ser Rusia. Donde está el poder. Obvio que en Estados Unidos ves la tele, ves las cosas que pasan, ves cómo atacan Siria, ves cómo Israel ataca Palestina y Estados Unidos está metido en eso también. Decís “la puta madre”. Pero también ataco a Uruguay, la tele, los programas de acá… Me abrió un poco más. No me cambió el concepto, se agrandó. Conocí gente más como yo, o incluso recontra hippies que viven en una casa alquilada entre mil, y hacen toques a la gorra. No están ni ahí con el sistema. Agarran los cheques de comida que les da el Gobierno, que son 200 dólares, y se arreglan. Viven el día a día para hacer música y salir de tour. Eso me encantó. Es tan grande el país, y es tan barato tener una van, una camioneta, que las bandas, aun las más under, pueden estar años girando por lo grande que es. Todo el tiempo están de gira si quieren.

Conocí mucha gente que también cuestiona el modelo americano. Está Trump, entonces era muy fácil entrar en conversaciones de esas que uno se pone medio efervescente. Y conocí gente que votó a Trump y me contó por qué, yo le pregunté. Intenté no ponerme muy loca con eso, abrirme, escuchar; al final eso es material también para escribir una canción. Estuvo bueno. Hice muchas preguntas.

¿Te sentiste rechazada? Ponés algo de eso, de sentir que tu patria es menos que otras.

En ese tema, que se llama “Espejo”, lo grabé con Olmeca, que es un artista que nació en México y muy de chiquito su familia cruzó a Estados Unidos. Estaba el tema de los migrantes. Yo soy latina, por más que físicamente a veces la gente no se dé cuenta, y me puse en esa piel. Cómo hay gente que la educan pensando que ser mexicano es menos, o ser nicaragüense. Ves gente que quiere hablar español para mantener su cultura, y hay gente que lo esconde. Una chica me dijo “no soy mexicana, ni loca”, y si no era ella, eran sus padres, re era mexicana. Me pasó en una ciudad cerca de la frontera con México.

Viste que también tiran un montón de cosas, ves juegos de living; te podés armar la casa muy fácil. Ese consumo del use y tire. Todo el mundo tiene de todo, capaz que yo salgo con algo medio roto y para ellos soy de la calle. Homeless. Estaba con mi ex pareja, que hizo el viaje conmigo, entramos a una estación de servicio a comprar un café y él como que te diga que se sentó en el cordón de la vereda a tomarlo, y vino un tipo y le empezó a dar comida. “Te regalo esto, te regalo lo otro”. Nosotros, la verdad, teníamos poca plata y se lo aceptamos. Pero pensaron que éramos de la calle. Acá en América Latina, ser de la calle es otra cosa.

Así y todo, pensé que en Estados Unidos no iba a ver gente en la calle como acá. Y ves muchísimo más. San Francisco, ciudad maravillosa, arquitectura divina, caminar a las cuatro de la tarde y ver 30 personas con jeringas pinchándose. Gente con pantalón bajo… locos, muchos locos como de película. Hijos del sueño americano, gente hecha mierda por la droga. No me imaginé que iba a ser tan así.

Capaz que está en eso de que nos creemos menos. De decir “seguro allá no hay tantos indigentes”.

O que solo vemos la riqueza. Capaz que pensás en Los Ángeles y decís Beverly Hills, pero hay barrios enteros que no podés entrar, que son heavy mismos. Ves gente en la calle, y muchos tienen valijita con ruedas y carpa. Decís “qué loco”. Pero lo agarran de la calle. Ves gente muy pobre, con problemas mentales, sin ningún tipo de asistencia. Recontra inspirador ver esa realidad.

Nombraste San Francisco, Los Ángeles. En el disco hablás de “qué maravilla Nueva Orleáns”. ¿Es tan linda como dicen?

Es, creo, la ciudad más linda. New Orleans, Nueva York y San Francisco. Conocí una pareja en New Orleans que me dijo “son nuestros lugares favoritos en Estados Unidos”, yo no había ido todavía a Nueva York ni San Francisco, y la verdad que son maravillosos. Pero New Orleans… Músicos de jazz en la calle todo el tiempo, pasan orquestas. De repente hay alguien casándose y hay una horda de gente, una orquesta como si fuera militar, pero contratada y todo el mundo de fiesta. Es de los pocos lugares de Estados Unidos que se puede tomar en la calle, entonces la gente va súper relajada a ver música, chupar, quedarse ahí. Me quedé una semana, no tenía hospedaje, conseguí por Facebook, muy gracioso. Y me pareció increíble. Fue una colonia francesa, fue colonia española, tiene una arquitectura impresionante y no parece Estados Unidos. Las casas modernas y todas iguales… mismo que es otra cosa. Y es re heavy ver cómo quedó después del Katrina.

¿Diez, once años después siguen las secuelas?

Veía gente en la calle pidiendo…  como si tuvieran su mini casita, un perro, unas cositas y un cartel de “perdimos todo en el Katrina, hasta una sonrisa es algo”. Eso es re fuerte. Fa. Miro el cartel, miro los ojos de la persona que está atrás y te están pidiendo que los mires. Me pasó en algún momento. Hay gente que te re bardea, como todo, o que está con cara de orto, o no le das plata y se enoja, pero hay gente que necesita conectar por un segundo.

Si bien vi un montón de lugares pobres en Estados Unidos, ahí vi una cosa del jazz. De lo denso. La calle, el olor a alcohol en las veredas. El huracán y que han habido no sé cuántos, tienen el Golfo de México y un lago enorme que no me acuerdo de cómo se llama [el Pontchartrain], que con Katrina se les vino arriba, y están por debajo del nivel del mar, entonces es un lugar propenso a inundarse siempre.

Siempre me lo imaginé húmedo, pantanoso.

¡El calor! Yo fui esquivando el frío, porque no tenía abrigo zarpado, como para ir a la nieve. Entonces me quedó todo abajo, más cerca de México, hasta que bajara la nieve. En New Orleans estaba de short y musculosa, no lo podía creer. El Misisipi, increíble, dividiendo la ciudad a la mitad, te tomás un barquito, o hay un puente hermoso y te vas en bondi. El olor en las calles le da una cosa más sudaca, ves un montón de viajeros. Te sentís cómodo porque no hay tanto prejuicio de “estás tocando en la calle”. La gente va a ver música. Increíble New Orleans. Andá si podés.

La producción de Reflejo y bucear en la música de Nueva York

A nivel creativo, ¿cómo fue el proceso? ¿Grabaste estando allá?

Sí, menos “La nube” que lo grabé con RC cuando llegué. Grabé estos y otros. Elegí estos.

¿Dónde grabaste?

En Albuquerque [“Wishes”], en Las Vegas [“Espejo”], en Seattle [“Gárgolas”], y en Minneapolis [“Niebla”]. El mapita se fue armando solo. Yo no conocía a las personas con las que grabé. Me decían “conozco a un rapero en tal lado, tiene un estudio, caele que todo bien”, y fue medio así. Buscaba gente, colaborar, ver qué pasaba. Estuvo demás.

¿En los dos focos más grandes del hip hop, que creo que son Nueva York y Los Ángeles, no grabaste?

En Los Ángeles sí, el video para The Cypher Effect. En Atlanta también hay mucho hip hop, el trap está explotando. Estuve en otra ciudad, en un barrio tan rico que no pasaban ni los bondis de tan cheto, y ahí culturalmente no pasaba nada. Tengo que volver, es todo muy grande. Es que la mayor parte de la gente con la que me quedé no era del hip hop, entonces iba averiguando qué había, también iba a ver otras cosas que me interesan. Fui a clubes de jazz hermosos.

Estuviste en lugares clave de la música yanqui. Seattle, Nueva Orleáns, Nueva York.

Increíble la cantidad de propuestas que hay. Fui a ver cosas, pero no es “toca The Roots, toca Erykah Badu, la voy a ir a ver”, no tenía plata. No fui a ver shows que hubiera querido pagar. Terminaba viendo banditas, pero cosas locas. En Nueva York conocí a dos veteranas de Honduras en el metro, me terminé haciendo súper amiga, quedándome unos días en su casa, y me regalaron entradas para Broadway. Fui a ver una obra de teatro zarpada.

Una vez toqué en un bar de Brooklyn alucinante; para cinco personas. En el primer toque, fue para una pareja uruguaya que estaba viviendo ahí. En el segundo, fue para cinco o diez. Estaba el dueño de un teatro, no sé qué hacía ahí, un tipo joven. Terminé de tocar, me compró un disco, me dio una tarjeta, re copado con los temas, me dijo “soy el dueño de este lugar, escribime, te invito a ver algo”, fui a ver un show de flamenco impresionante en un teatro que había tocado Amy Winehouse. Esas cosas que decís… Todo lo que parece lejano, inaccesible, estás ahí. Ni el mundo es tan grande al final. Me gustó eso, las conexiones que se daban.

Después fui a Brooklyn a ver una banda estable de hip hop zarpada, pero al Bronx fui a una entrevista de radio nada más, me estaba quedando en la loma del culo, en Staten Island, me tenía que tomar el barco para volver. Queens pasé de costado. Tengo que volver, quiero ver murales históricos de grafiti, hay tours a la gorra, fui quince días, que es un montón, medio que me enfermé en el medio…

Es inabarcable.

Y los museos, que me encanta. Los parques. A veces estás cansado y querés quedarte un rato haciendo nada. Fue un viaje largo, pateé como nunca. Me quedé con ganas de consumir más hip hop, pero creo que va a pasar. Gente que ya conocí, contactos que ya tengo. Pienso ir de nuevo en agosto y voy a seguir conociendo. No fue como “uy, tengo que conocer todo”, es re estresante viajar así. Conocí lo que conocí, después seguiré.

Te saqué por las ramas de la grabación del disco.

Yo me re voy, eh.

¿Cómo surgieron las canciones?

Las letras siempre surgen medio en el momento. Sobre todo porque a mí a veces me pasa que alguien me manda un beat yo lo laburo en casa y le pongo la letra. Pero con la mayoría de las personas que grabé me estaban hospedando. Estábamos conviviendo. Entonces hacían un beat, yo estaba ahí, pintaba escribir ahí, grabarlo ahí; una cosa más de laboratorio, más intensa. Salía más rápido. No es que decía “uy, tengo ganas de escribir sobre esto”. A veces tenés algo pre-establecido y la música te lleva para otro lado. No hay un método.

Dijiste que grabaste más de lo que hay en Reflejo.

Hay algunos que no mostré porque siento que quedaron más inconclusos o más flojos, o no me gusta tanto la letra.

¿Los seguirás laburando?

Capaz que alguno, sacar un single. Ahora ya no está tanto la necesidad del disco. Sobre todo  con Wake Self, con el que hicimos “Wishes”. Con él me quedé una semana, entonces salieron más beats y más letras, grabé de todo. Me interesaba para Reflejo mostrar más ese mapita. Compartirlo. Más que que sean una cantidad de canciones que de repente no estoy segura. No es un disco.

Un EP.

Por eso me gustan los EP: son como pedacitos de vida.

Me hace gracia eso de que con Wake Self estuviste una semana, como si fuera mucho. Trabajás muy rápido, debe de haber gente que le cuesta mucho más.

A mí también me cuesta, no es que no me cueste, pero cuando conectás con la gente, las cosas salen. Con otras personas, capaz que no salió nada. Y no me es tan fácil siempre. “Niebla”, que es con banda, el último tema, habla de que no me salía nada para escribir. Nos prestaron un estudio de la radio pública, impresionante; un amigo que laburaba en un programa, medio de canuto me habilitó el estudio para componer y filmar algo. Y no me salía nada. Y estaba relajada, tenía café, tenía sillones… Al final terminé escribiendo sobre cuando la imposibilidad de escribir es algo en sí misma.

Y no es tanto una semana, pero cuando estás trabajando intensamente… Cuando estás solo para una cosa es bien diferente de cuando salís de laburar. A mí no me importaba más nada. Tenía dónde dormir y algo para comer, que es la primera preocupación. Después de eso, era hacer música.

“Brujas” y el feminismo

No podemos cerrar esta entrevista sin hablar de “Brujas”. ¿Lo venías trabajando o fue por el momento?

Fue por el momento. Ya lo tenía en mente, pero no lo había hecho. Hace años, supongo, que quería escribir sobre esto. Fue la semana que mataron a dos niñas. Brissa y la niña de Rivera que no me acuerdo…

Valentina.

Ahí va. Eso me mató. Porque es como raro, cómo te pegan esas cosas. Yo a veces me siento súper sensible y otras súper insensible. La naturalización de la muerte y la violencia hace que mires el informativo, ves que mataron a otra mujer, una ex pareja, y decís “hoy no me pone triste, qué fría que me siento”. Y hay cosas que hacen que te caiga la ficha con todo. La fragilidad de una niña, entender que estamos mal. Me generó mucha angustia. Lloré un montón. De ahí salió. Dije “es ahora”.

El beat es de Wake Self.

Le dije que quería un beat poderoso, al mismo tiempo no muy… barroco, ponele. Para mí lo importante era que el mensaje llegara. No canto en ese tema. Como canción, me enorgullece, pero no es melódica, es más dura. Con todo lo que vino después, me quedé súper contenta. La verdad, no, no, no sé, como nunca había escrito sobre eso no sabía qué podía pasar, qué se podía opinar. Hay gente que se re copó, hay gente que me dijo que era oportunista. La gente siempre va a opinar. Lo que menos me importa.

¿Quién te dijo que era oportunista?

Esas boludeces, comentarios. Hay gente que está en su casa y es re hater. Me empezó a pasar en el último tiempo. Capaz que a mayor exposición. Es un tema más filoso, también. Hay gente que piensa que estás atacando directamente al hombre como género. Es un tema delicado. Yo cuestiono muchísimo mi propio machismo, y con mis amigas cuando las oigo hablar. Me dicen “ay, qué exagerada”, pero en las pequeñas cosas: cambiemos eso. ¿Yo sigo juzgando a una mina porque se vistió como una trola? No, no lo hago más. Todo hace a que después terminen matando a una mina.

Por eso, en la canción cuento varias anécdotas. Como cuando era niña y un tipo se hizo una paja y tengo el recuerdo. Saltaba una cosa blanca para todos lados, que no sé hasta qué punto fue tan así, porque las cosas del pasado… Colgada a la ventana de un año con ocho años y el tipo preguntándome dónde era el Centro y re pajeándose horrible. Cuando hacés una recopilación: tengo 30, mujer, todas las cosas que me pasaron, todas las cosas que me dijeron, todas las veces que se me masturbaron en una parada de bondi. Tenés un historial. Y veces que un tipo te trata de agarrar en la calle, cosas muy heavys, que decís “no cobré de asco”.

Está bueno, para el que no se resiste y pone el “no”, que vea que vivimos un montón de cosas que están saladas, que tenemos miedo. Mismo que ya caminar sola de noche para tu casa es medio una travesía.

Está la frase esa de matar el cliché del “yorugua bondadoso”.

El eslogan. Hay una imagen de nosotros como el buena onda, el servicial, y sí seremos todo eso, pero tenemos un índice de violencia de género enorme en relación con la población, mucho más que en otros lugares. Somos un poco presos de la idea de nosotros mismos, de nuestras propias tradiciones. Hay que levantar el mantelito, la alfombrita, y ver qué hay abajo. En eso estamos.

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