Florencia Núñez: “Si estás todo el día con algo que te genere mucha intensidad, debe de estar bravo”

En una tarde de diciembre de calor infernal, en el bar Tinkal, famoso por sus chivitos, MOOG habló con Florencia Núñez sobre su segundo disco, Palabra clásica. Disco incluido en este Especial de Fin de Año Atrasado. Fue una charla amena que pasó por la experiencia ganada, por la importancia de la levedad del pop y por la de, justamente, comer chivitos

Entrevista por Gastón González Napoli y Pilar Roca

Cuando salió Mesopotamia hicimos una crítica y una entrevista, y comentábamos que era un disco muy rochense. Este nada que ver. ¿Te pegó Montevideo?

Es la música que tenía ganas de hacer porque es la que me gusta escuchar y la que me gusta tocar. Supongo que todo eso confluyó en este disco súper popero, que el pop se meta en todo el disco y lo atraviese. Es verdad que el otro es mucho más rutero. Este es bien citadino. Y con mucho más mundo también. A partir del disco pasado empecé a viajar y a conocer, eso fue una linda amplitud. No sé si decir que Montevideo fue la causa… Es un segundo disco, en un primero uno siempre tiene cosas que haría distinto, porque era un primer intento.

Es un disco citadino, no un disco montevideano.

No, ni en pedo. Es raro, pero no es. Creo que tiene la particularidad de que podés ponerlo en cualquier lado. Puede ser trasladable a otras sintonías, otras circunstancias.

En una entrevista con PiiiLA decías que en Mesopotamia tenías temas que no disfrutabas de tocar en vivo como otros. ¿Sentís que Mesopotamia ya no te representa?

Claro, en la medida que va pasando el tiempo lo más próximo que uno tiene es lo que lo va representando. Sí es verdad que de ese disco hubo temas que al momento de tocar en vivo, me empezó a embolar. Y no es que un disco sale y uno lo presenta y a otra cosa, somos muy ansiosos, pero con ese disco tenés para laburar dos años o tres. O más. Recién salió. No puedo pensar en “bueno, a la próxima etapa”. No. Esta es la etapa. Quiero disfrutar esto y hacer esto por un buen tiempo. Tocar el disco en vivo.

¿No tenés la cabeza en lo próximo?

No estoy componiendo. Estoy en la bajada del disco. Recién me estoy despabilando de que lo terminé. Uno tiene que hacerse tiempo para disfrutar eso y no pensar en lo que viene. Cuesta mucho. Siempre estamos pensando en lo que va a venir. Somos ansiosos. Los jóvenes sobre todo.

Decís que es la música que te gusta tocar. ¿Podés comentar alguna influencia?

Tuvo una influencia súper teledirigida del disco Hasta la raíz de Natalia Lafourcade. No tanto de composición porque no me considero cercana a ella como compositora. Sí en términos estéticos y de sonido y producción. No en escala, por supuesto, porque ella lo grabó en Sonic Ranch y no sé qué, pero nosotros con los recursos que teníamos dijimos: “¿Cómo queremos que suena la batería? Así. ¿El tacho? Así”. Seco, popero. Detalles que uno los va viendo cuando los vas escuchando, viendo cómo suenan, cómo busca su pincel. En el fondo esto es encontrar un pincel, que otro escuche algo y diga “ah, este es el pincel de tal”.

¿Y algo más?

Pasa que escucho de todo. Todos los días hay música nueva para descubrir. Los Beatles descubrí. “Descubrí”. Es raro, algo que toda la vida tuvimos inconscientemente ahí, dije “pah, mirá este disco”. Me dijeron que se notaba en algunos temas que había descubierto a los Beatles. Hay un tema que hace una alusión al Álbum blanco, un acorde súper Harrison en la que es en inglés, “Save some”. El mismo acorde con el que termina “Julia”. Capaz que solo yo lo veo, mis padres no se van a dar cuenta.

¿Acostumbrás a componer en inglés?

No, creo que es el segundo o el tercer tema que hago en inglés. Me gustó y dije “bueno, ¿por qué no?”. Todos los discos que me gustan tienen un tema raro. El bonus track raro para fanáticos. Una onda súper descolgada.

Que sea la música que te gusta tocar, ¿es que antes tenías algún prejuicio con el pop?

En el primer disco estaba procesando otros sonidos y otra forma de componer. Mucho más guitarrístico. La guitarra de nailon. En este disco hay una sola y es rítmica. Abarca varias cosas de la paleta. Con el pop no tengo jamás prejuicios porque tiene de todo. Creo que el prejuicio lo tienen los demás, como que pop es sinónimo de algo que es lavado o liviano. Se pueden decir cosas muy bien, vestidas de una manera popera. Esa es la gente que te pone cierta etiqueta. Los Beatles hicieron pop. Y no creo que hayan hecho cosas leves.

Hay un prejuicio contra lo leve.

Si al loco le sale hacer algo leve, y empatiza gente que está buscando algo leve, ¡vamo arriba! Si estás todo el día con algo que te genere mucha intensidad, debe estar bravo. Uno tiene que poder respirar y escuchar las pavadas de la radio. No digo que este disco sea una pavada de la radio, es hacer lo que te gusta. Disfrutar.

¿Te dio miedo el prejuicio de la gente?

Nah, ¡qué gente aparte! No es que tenga una masa. Este es un camino que empecé. Para nada.

Pero estuviste en La Trastienda. Tenés un público.

Me refiero a que no es que la masa dijo “se vendió”. La gente que más o menos viene siguiendo lo que hago, al contrario. Se alegra o le gustó más este disco. Más fácil de leer. Con una lectura única ya entendiste. Es más literal. Me gusta eso también.

Una pregunta creativa. ¿Cómo escribís un tema tan esdrújulo como “Palabra clásica”?

La compuse en el bondi. Llegando a mi casa escribí toda la letra y le puse la música enseguida. No fue algo pensado. Nada matemático. Sí creo que fue de esas canciones que no son caóticas, pero que cuando salen terminan de desatar algo. Hay canciones que son más ejercicios que se van transformando en algo armado. Hay canciones que son “chau, salió esa piola y ya me quedo tranquila”. Esta salió así. Como quien van cinchando hasta que sale todo. Como sacando los pañuelos atados de la manga, y resulta que todos venían atados de una forma. Es la imagen que más puedo transmitir. No hay un método atrás.

¿Por qué decidiste que ese fuera también el nombre del disco?

Varias cosas. Tenía un nombre pensado, iba a ser Pacto, como una de las canciones. Justo había ganado el premio de música, venía polenteado ese tema. Y después me gustó la idea de que un concepto atravesara todo el disco. Llevarlo dialogando con la tapa, la idea de que fuera una especie de… ¿vieron las comuniones, las estampitas? Una onda casi religiosa, pero entregada a la canción. La palabra clásica es la canción. Y también pensar que lo que me ha atravesado en estos pocos años que hace que estoy con esto, es la canción como unidad creativa o unidad de comunicación. El clasicismo es lo que se mantiene; mi clasicismo son las canciones.

Antes habías dicho que te gustaría trabajar con un productor para aprender. En este estás con Guillermo Berta. ¿Cómo te cambió la experiencia?

Me pasó que esta vez llevaba las canciones a la preproducción o al ensayo como entes no tan cerrados. Uno es muy celoso con su obra. Celoso en el plan de “no me lo cambies”. Y decidí que no. ¿Por qué? El otro, el que va a producir, tiene una cabeza para que eso que para mí es así cuadrado se eleve un poco más. Rápidamente nos entendimos con Guile. Él se sumó a la banda hace como dos años. Fueron sumando al hecho. Ya nos conocemos, trabajamos bien juntos, somos amigos… era todo ganar.

¿Tuvo algo de trabajo a dúo?

Al elegir los temas los elegimos juntos, los ordenamos juntos, fue súper a dúo. En equipo. El último tema, que fue el último que metimos al disco, terminamos de cerrar la idea juntos y fue la primera vez. Estuvo bueno. Su experiencia trabajando con otros artistas re sumó. Saber qué grabar, dónde, dónde masterizar. Yo capaz que estaría todavía trabajando el disco y no estaría tan conforme. Él rápidamente entiende qué es lo que yo quiero. Lo recomiendo. Un productor que te entienda. Teníamos el mismo objetivo: hacer un disco pop que alegre. Hay un prejuicio de que uno no puede decir que le gusta lo suyo; a mí me gusta, quedé conforme.

Hablaste de la importancia de “Pacto”, que terminó de darte el aire pop.

Cuando terminé de tocarlo sentí que se me abría un canal. Abrió un montón de cosas. Fue el primero que escuché y dije “este es el camino”. Un camino estético. A cómo sonar, a no tenerle miedo a ciertas cosas del pop que jamás antes hubiera querido.

Pero elegiste como corte de difusión a “Bailo en la silla”. ¿Es más representativo del disco en general?

Sí, porque “Pacto” es un tema intenso, largo. Cuerdas. Es el único raro en cuanto a la duración. El resto son temas pop, tres minutos. Podría haber sido “Todo indica” también, pero no me arrepiento para nada.

Yo la que tengo pegadísima es “Tengo un imán contigo”. Tiene un imán de verdad.

¡Tiene! Ayer estaba en un cumpleaños y un nene de tres años me dijeron que la canta todo el día en el auto. Súper lindo. Tenía que ser el primer tema, marca el camino: arranca con palmas y secuencias y voz, y no con guitarras.

Habías dicho en una entrevista por lo del Graffiti que sabías que había gente que se invitaba a salir con tus temas. ¿Tus temas tienen algo de…

[Se ríe] ¿De hacer Cupido en la gente? El otro día una amiga me dijo: “Con tu tema ‘Bailo en la silla’ lo invité a salir” y yo tipo “¡vamo!”. Todos los usan menos yo. Pero sí, está buenísimo. Mandan el tema y sale la cita. Es muy gracioso para mí. Uno tiene injerencia a niveles que no se imagina cuando hace algo y lo larga. Está bueno. Es raro, pero está bueno. Mientras que solo sea invitar a salir y se corte ahí… Después no me quiero meter más en las parejas.

Volviendo a algo que decías hace un rato: ¿te sentiste medio bloqueada después de Mesopotamia?

Sí, pero natural. Por cansancio. Por entregar toda tu energía al disco y todo lo que conlleva. Después que terminó, salís, cerraron cosas, y fue como apertura nueva. Respirar de nuevo. Fue muy necesario, por eso salieron estas canciones. Bienvenido el bloqueo y su posterior desbloqueo.

Tu primer disco era más guitarrero, ahora tenés más cuerdas, vientos, etc. Al componer un tema, ¿ya tenés esos instrumentos en la cabeza?

Me pasa pila. Con el tema de la instrumentación siempre fui yo la que decía “acá tiene que entrar tal cosa”. Está bueno que los arreglos los hayan hecho personas distintas. Las cuerdas las arregló Lucio Mantel, un amigo argentino, estuvo buenísimo lo que hizo. Los vientos los arregló un chico de acá, Ricardo Arbiza, que toca en orquestas sinfónicas. Enseguida las referencias fueron muy claras y funcionó.

¿Lo aprendiste ahora o ya lo traías del primer disco?

Me pasó también. Rápidamente identificaba a las personas que tenían que tocar. Es un buen ejercicio. Con los coros, la que los arregló fue Estela Magnone. Es un trabajo que no se imaginan lo tedioso que es, cuando las melodías son intrincadas. Que parece que no, pero las melodías son poco cuadradas. Hay que tener una facilidad tremenda.

Paciencia…

Es un huevo. Por eso Estelita vino y puso lo que había que poner. Una genia. Crack.

La trompeta de “Aquiles” es re pegadiza.

Esa la canté yo. Increíble. No fue un arreglo, vino Ale Picone de La Vela a grabar y le dije: “Bo, Ale, perdoname, yo tengo esta melodía”. Se la canté, la memorizó y la tocó. Fue el único arreglo de viento que no lo escribió Ricardo.

Tiene una cosa como medio latina.

Sí, sí. Es el más escuchado de Spotify contra todos mis augurios. Lo levantó una lista y lo llevó a las nubes.

Se te ve muy determinada. Otras artistas mujeres han hablado de que los hombres quieren acaparar ese trabajo. ¿Nunca te pasó eso?

Jamás. Me siento muy agradecida de trabajar con la gente que trabajo. Hombres, mujeres. Jamás me sentí ninguneada ni por ser chica, ni mujer, ni del interior. Ni por tener rulos. Siempre sentí que me abrían la cancha para trabajar, para desarrollar habilidades, y eso está buenísimo.

Cómo es ninguneada la gente con rulos. No hay ni un emoji con rulos.

Es dura la vida del que tiene rulos. Y de la mujer con rulos mucho peor. Aparte de las particularidades de género. No, nadie me dijo nunca nada [risas]. Al contrario, hay muchas mujeres compositoras con rulos. Samantha Navarro, Ana Prada, Laura Gutman. Hay un poder ahí en el rulo. Somos todas castañas claras también. Hay un tema sociológico ahí, ¿eh?

En “Revistas” hablás de la maternidad. ¿Es un tema que tenés en la cabeza?

Y sí, está presente. Una va creciendo y se lo empieza a plantear. A pensar en la idea de que en algún momento tenga que encarar para ese lado. Estaba hablando con Laura Canoura de esa canción y me dice: “Si ustedes mujeres jóvenes no hablan de eso, ¿quién va a hablar?”. Y es así. Igual cada vez las mujeres tienen hijos más grandes. Tengo muchos años por delante para seguir haciendo canciones que hablen de algún día…

En Mesopotamia trabajaste en la producción ejecutiva con María Rama. ¿Ahora lo estás haciendo sola?

Estoy con Iván Albarenque en la logística del proyecto. Yo naturalmente soy un poco gestora, entonces no puedo ir contra esa veta. Laburamos los dos y todo diez puntos. Es un trabajo duro.

Y María la tiene clara.

Anda muy volando. Aparte una experiencia que adquirí, aprendiste con gente que la tiene clara, no con un más o menos. Hacer un primer disco es un trabajo muy de abajo. Después ya tenés una base. La edición independiente es un embole, súper tediosa, pero la segunda vez es más fácil. No es un laburo que me moleste, preferiría estar en una playa en las Bahamas mientras otro trabaja por mí, pero dadas las condiciones lo voy a seguir haciendo porque es la manera de que la música llegue a más gente y de que se cumpla el objetivo final, que es… [la cortan los ruidos del Tinkal]… comer chivito. En definitiva. Todo trabajo es para esto. ¿Alguna duda?

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