Game of Thrones: tiembla la reina de dragones

“Una reina de dragones sin dragones no es una reina”, le dijo Daario Naharis a Daenerys Targaryen hace un par de capítulos. Y los sucesos de este domingo no hacen más que amplificar sus palabras: si la reina madre se queda también sin hijos, ¿qué será de la historia más trascendente de Game of Thrones?

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¿Acabamos de ver el capítulo más importante desde la Boda Roja? ¿O estoy exagerando? Sí, entre medio tuvimos tres episodios que rankean fácilmente entre lo mejor de la televisión (el juicio de Tyrion en “The Laws of Gods and Men”, la muerte de Oberyn Martell en “The Mountain and the Viper” y la batalla por el Muro en “The Watchers on the Wall”) y también tuvimos el cierre de la temporada pasada, que al igual que el final del sensacional libro Tormenta de espadas, pareció perder un poco el foco y apretar demasiados sucesos trascendentes en poco tiempo. Pero pocos capítulos significaron tanto para la historia macro de Game of Thrones como el de este domingo.

Esto tiene dos razones: la primera tiene que ver con la adaptación de la serie de la saga literaria de George R.R. Martin a la TV. Como ya hemos dicho, su cuarto y quinto libro denotan un bajón en cuanto a la calidad narrativa; pasa poco y en un disparate de páginas. Por eso los fans de la serie que habían leído los libros estaban preocupados con que el show también perdiera el nivel. Pero los productores D.B. Weiss y David Benioff eligieron la ruta de separarse cada vez más del papel, y no se puede más que darles la razón. El episodio de este domingo selló la diferenciación con las muertes (por las dudas, alerta de spoiler) de Ser Barristan Selmy y Gusano Gris, dos de los mayores hombres de confianza de Daenerys Targaryen, además de darle más trascendencia al papel que Magaery Tyrell desempeña en Desembarco del Rey y en llevar a Jaime Lannister y Bronn a Dorne. En los libros, Margaery apenas aparece, lo que hace a Cersei una mujer más paranoica y desesperada, diferente de la encarnada con frialdad y acidez desagradable por Lena Headey; y Jaime es enviado a Aguasdulces a hacer básicamente nada, mientras que Bronn simplemente desaparece.

¿Por qué esto es tan trascendente? Porque pase lo que pase con Martin y su lentitud para escribir -le faltan dos tomos para culminar la saga y se supone que a GoT le faltan dos temporadas que saldrán mucho antes que los libros-, Weiss y Benioff se están probando capaces de terminar la historia de Game of Thrones por sí solos, además de hacer todavía más disfrutable la serie para los lectores de los libros, que no saben qué esperarse.

La segunda razón tiene menos que ver con los sucesos alrededor de Game of Thrones, pero más con su historia principal. Desde el primer episodio, el show ha contado el ascenso de Daenerys Targaryen. Sí, claro, a sus responsables les encanta hacerte creer una cosa y arrancarte la alfombra de los pies, tirarte y marearte (véase la pelea entre la Víbora Roja y la Montaña por más información), por lo que es muy factible que el final sea otro. Esto lo digo como persona que todavía no terminó Danza de dragones -si alguien lo hizo y puede probarme equivocado, no lo haga, no me queme el final por favor-, pero la profecía que la niña Cersei Lannister recibió en el despertar de esta quinta temporada, esa que decía que otra reina la sustituiría, parece tener menos que ver con Margaery Tyrell y más con la platinada Daenerys. Su ascenso ha sido imparable. Hasta ahora.

Luego de un capítulo en que por primera vez su pueblo se le puso en contra, la Madre de Dragones sintió las consecuencias con una fuerza que no la había golpeado desde que su hermano Viserys la vendió a una suerte de guerrero indio de pocas palabras. En aquella ocasión, el tipo terminó siendo Khal Drogo, el amor de su vida, y Khaleesi no miró atrás desde entonces. Ahora, tendrá que enfrentarse con una revuelta de los hijos de la arpía mucho peor de lo que parecía en un primer momento, y deberá hacerlo sin su consejero principal, Barristan, y sin su mejor guerrero, Gusano Gris. La Reina de Dragones estará verdaderamente librada al azar. Es una situación devastadora para ella, no tanto por la muerte de los personajes, queridos pero no tanto, sino porque eso significa el principio de una caída que puede ser tremendamente dura. Daenerys tiene que actuar y actuar rápido, y hacerlo sola. Necesita desesperadamente de Jorah Mormont y, aunque ella no lo sepa, de Tyrion Lannister.

Después de semejante introducción, hagamos corto el recap del resto del episodio. Las arenas doradas de Dorne nos regalaron la primera pelea de Jaime “Matarreyes” Lannister desde que perdió la mano en la tercera temporada, y fue gloriosa. Principalmente porque tuvo a Bronn, que es un personaje increíble, querible a pesar de que se sabe que es una de las peores basuras del show, y porque tuvo al rubio guardia del rey deteniendo una espada con la mano de oro, como una especie de Terminator -o Will Smith en Yo, robot– de la Edad Media. Bienvenido de vuelta, Jaime. Y bienvenidas serpientes de arena, hijas de Oberyn Martell y sedientas de guerra. Por más que haya sido ridículamente exagerado cómo tenían al pelado navegante/traidor enterrado en la arena.

Desembarco del Rey nos dio un consejo de la reina más -y van…- pero como siempre, Lena Heady salvó una escena menor (Mace Tyrell, padre de Margaery, fue enviado a Braavos a negociar con el Banco de Hierro) con una sonrisa a medio camino entre burlona y amenazante. El que no anda con vueltas es el exgorrión supremo, actual septón supremo, y gracias al desprecio irracional de madre despechada de Cersei por los Tyrell -algo en lo que no le falta razón, ya que Olenna mató a su hijo Joffrey y Margaery se hace la buenita pero está con Tommen por su sed de poder-, de ahora en más también líder de la Fe Militante, un ejército de sacerdotes armados y en busca de afirmar la ley divina hasta en los lugares en los que la ley divina es dejada afuera por los patovicas. Como prostíbulos, por ejemplo.

La Fe Militante nos regaló la mejor escena de Natalie Dormer en el papel de Margaery desde que llegó al show. Por siempre la reina de las flores ha parecido rellena de bondad, pero solo Cersei podía ver su aspecto trepador. Por primera vez, la joven Tyrell ha mostrado que ella tampoco está del todo contenta con un esposo niño ni con una suegra insoportable, pero nunca como en este episodio. Margaery pasa del enojo por el arresto de Loras por los sacerdotes armados, dirigido contra el pobre Tommen como si él hubiera tenido algo que ver, a tranquilizarse, poner voz dulzona y convencerlo de ir a hablar con el septón supremo. Pero cuando los sacerdotes no lo dejan pasar y la gente empieza a gritarle “bastardo” -este niño de verdad da lástima, no se merece la familia en la que nació- y Tommen regresa con las manos vacías, Margaery le da la espalda por primera vez para ir con su familia.

El Muro nos dio, este, a Melisandre desnuda. Ya había pasado demasiado tiempo sin que la mujer roja mostrara sus atributos para conseguir sus deseos, ya fuera parir una sombra (!) o generar una maldición que fuera matando uno por uno a todos los reyes (!!). Pero en este caso, la pelirroja volcó sus atributos contra Jon Snow, el hombre menos indicado de todos los Siete Reinos. Para atraerlo, necesitará un poco más que eso. Queda la duda de qué pretendía Melisandre del buen Jon, y por qué, al irse, le dijo “No sabes nada, Jon Snow” y sonrió con malicia, como si supiera que esa frase la había dicho antes que ella otra pelirroja.

Pero sobre todo, el Castillo Negro nos regaló una visión humana de Stannis Baratheon. Desde que apareció en la segunda temporada que el hermano menor de Robert y mayor de Renly no había sido mostrado como nada más que un militar eficaz pero helado y sin sentimientos. Para nada carismático ni querible. Fue su hija Shireen la que permitió conocer un poco más su lado sensible, cuando le contó la historia a la niña de cómo contrajo la psoriagrís que le dejó la cara para siempre cicatrizada, y cómo él no se resignó a que la niña muriera y consiguió salvarla. El abrazo que se da con Shireen es lo más cercano a una persona que Stannis ha sido nunca. La que sí no tiene arreglo es su mujer, eh, esa sí que es flor de madre.

Invernalia nos regaló un poco de historia de los Siete Reinos, conocida por los lectores pero no tanto por los espectadores: Petyr Baelish le cuenta a Sansa cómo el comienzo de la rebelión de Robert Baratheon y la caída de los Targaryen tuvo lugar cuando Rhaegar Targaryen ganó un torneo y le puso en la falda una corona de flores a Lyanna Stark, hermana de Ned, en lugar de a su mujer Ellia Martell. Lyanna estaba prometida a Robert; de hecho, en el primer episodio de la serie, Robert visita Invernalia y lo primero que hace es ir a la tumba de Lyanna. “¿Cuánta gente murió porque Rhaegar eligió a tu tía?”, le pregunta Petyr, y Sansa dice que luego el Targaryen la secuestró y la violó. Pero la mirada de Meñique dice algo bastante distinto. Fue ese desaire del príncipe y la negación de Robert a aceptar que Lyanna no lo quisiera a él lo que lo llevó a rebelarse.

Además, Baelish trata de dejar tranquila a Sansa antes de irse a Desembarco del Rey diciéndole que Stannis invadirá Invernalia y la salvará. Y que si Stannis no lo hace o si pierde, ella tendrá que usar todas las estrategias que aprendió de él. Después de todo, como Baelish mismo dice con otras palabras, el tipo es un genio maligno. Queda la duda de si el beso de despedida de Meñique le gustó o no a Sansa. La chica es a veces bastante difícil de leer. Como buena adolescente.

En fin, otro gran episodio de Game of Thrones. Y uno que probó, además, que Tyrion Lannister es demasiado inteligente para su propio bien aun con una mordaza en la boca.

Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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