Guillermo Wood: “Me gustan las canciones que esconden cosas”

Guillermo Wood presenta su disco México y brindó una charla informal y amigable que fue desde las particularidades del álbum a la naturaleza de las canciones

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

El miércoles 6 de diciembre es la presentación del segundo disco de Guillermo Wood, México. La cita es a las 21 en El Chamuyo (exEspacio Guambia), y en MOOG aprovechamos para charlar con el cantautor solista, también bajista de Buceo Invisible, sobre cómo lo influyó el grupo y su trabajo con Diego Presa, cómo su estudio de la literatura moldeó sus intereses letrísticos, las historias detrás de las canciones y por qué a veces es mejor dejarlas en el misterio.

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De un disco al otro pasaste a trabajar con banda y con productor.

Pasa que el primero en principio iba a ser solo guitarra y voz, y una vez que grabé las canciones dije “mmm, a esto le falta algo”. Fabián Cota, que trabajó tanto en el primero como en el segundo, hizo los arreglos, que más que el total me gustan los arreglos. Entonces quedó una cosa como a medio camino, aunque igual tiene algo interesante. Además eran canciones que una tenía dos meses y otra tenía diez años. El segundo fue un proceso muchísimo más rápido, las canciones pensadas para el disco se las trabajó en dos etapas de arreglos: primero me junté con Diego Presa [compañero en Buceo Invisible], él fue el encargado de la parte de productor, de hacer las maquetas; a partir de eso con Fabián Cota y Antonio de la Peña montamos la banda y tradujimos los arreglos con algunas modificaciones.

A nivel sonoro se nota mucho la mayor riqueza.

Es bien distinto sí.

¿Era tu objetivo hacer algo más con banda o se fue dando?

Sí, completamente. También del primero al segundo no pasó mucho tiempo, pero yo toqué mucho. Hay que probar si las canciones se merecen un acompañamiento de banda o no, perfectamente pueden no merecerlo. También toco en proyectos de canciones de otros y dije “OK, vamos a hacer el intento de si es con banda o no”.

La presentación es con banda entonces.

Con Fabián, con Antonio de la Peña; dos guitarristas, uno Fernando Henry, que es un compositor muy bueno, y Gianni Lima; también Marcos Villarruel que grabó el corno en el disco. Esa va a ser la banda estable, vamos a tocar las canciones de México y algunas nuevas que estamos trabajando para el año que viene. Después va a haber invitados, Diego [Presa] y otros amigos de Buceo para tocar otras canciones nuevas. Porque el disco tiene nueve temas, era la excusa para canciones nuevas. Ninguna del primer disco. Va a haber también pinceladas más intimistas. Tratando de darle un cierre. Que la presentación, que se llama presentación, sea casi lo opuesto. Entre comillas, porque uno no decide cuándo cierran los ciclos [México se publicó en mayo].

¿En qué año entraste a Buceo Invisible?

El primer toque que hice con ellos fue cuando cumplían quince años, y este cumplieron 20 así que pasé cinco, capaz que seis años. No más. Yo conocía a muchos de ellos, porque el escritor Hugo Giovanneti Viola tenía un taller de literatura en su casa, nos prestaba libros, discos, era una cocina de cosas, y ellos habían ido, los de Buceo. Cuando empecé a ir me dijeron “acá pasaron unos gurises que tienen un grupo” y los empecé a ir a ver. Me llamaron para hacer visuales para una muestra y por carambolas absurdas terminé invitado a tocar el bajo.

Me decías que en tu disco anterior tenías canciones más viejas, pero este lo compusiste entero ya como integrante de Buceo Invisible. ¿Cómo te influyeron?

En composición te influye todo lo que te pasa alrededor, desde la música que va cambiando con los años, tocar más seguido también hace que estés más tiempo con el instrumento y desde otro lugar, y por supuesto Buceo me encantaba desde antes, desde los 18 años. Por completo me influyó el estar rodeado de esas canciones y de esos amigos.

¿Tu trabajo en el taller de literatura lo volcás a tus letras?

Mi padre es un fanático de la literatura y la poesía desde siempre, así que sospecho que por ahí me venía el bichito. Y con Hugo aprendí muchísimo de literatura. Muchísimo. Él nos daba Vallejo, García Lorca, Bocanegra, novelas. Yo no conocía nada a los 18 años. Dostoyevski, Salinger. Fueron años muy efervescentes. De conocer mundos que uno no tenía ni idea.

En tus letras se nota una vocación más de poesía.

Depende del género, ¿no? Capaz que vas a Colombia y escuchás la cumbia que más te gusta del mundo en una playa y no necesariamente la letra necesita buscar una cosa poética, se puede vivir más desde lo musical. Pero la canción es esa mezcla de melodía, armonía y letra, entonces siempre me han gustado los compositores que a la pata letrística le dan la importancia que se merece. No es un poema, tiene que jugar ahí. En ese trabajo estamos, en aprender el lugar que ocupa una letra en una canción. Si se pasa demasiado, quizá queda mal. Hay un equilibrio.

¿Si se pasa demasiado a qué?

El poema se tiene que aguantar solo en la hoja. La canción no. Está enmarcada en la melodía. Tiene que ser inventada en ese contexto.

¿Puede ser que tu primer disco tuviera letras más crípticas y este más directas?

No sé si más críptico o más directo, no me había dado cuenta pero ahora que lo decís puede ser. Pasa que uno no está pensando mucho… Ni escucho el primer disco [se ríe]. Todos los seres humanos cuando hacemos algo tenemos nuestro crítico interior, el que pone filtro, si lo que estás haciendo resuena contigo o no. Con el tiempo dije: “Guille, una vez que lo hiciste y tu crítico interior está de acuerdo, punto. Está hecho. Sigamos”. En todo caso con el tiempo lo podés revisar, si la canción soportó el paso del tiempo para vos o no. Entonces no miro mucho. Pero sí ha habido un cambio. Y va a seguir habiendo, es una búsqueda constante.

¿De dónde te vino el interés por cantar en inglés en México?

Lo bueno de la vida es que en cuanto generás un prejuicio busca la manera de que vos lo cometas, así te das cuenta. Toda la vida dije “no puedo entender que un uruguayo cante en inglés, es un pecado mortal”, y cuando me quise acordar terminé cantando en inglés. Pasa que las canciones de México fueron hechas en México. Estaba viajando con un inglés; había otra gente, unos lituanos que también hablaban en inglés, y esas canciones nacieron jugando. Fue más difícil ponerlas en español, o quise respetar el impulso inicial. Confié. Bajé un poco las defensas de qué pensaría el propio Guille años atrás. También en el viaje te hacés amigos y capaz que estas dos canciones son para ellos. No van a entender las letras en español, estas sí. Igual me parece un lugar un poco peligroso.

Te iba a preguntar justo de dónde viene el título del primer tema, “Lithuanian Lullaby”. Viene de que estabas con lituanos.

Era una familia, tenían una hija chiquita de un año. Estábamos viviendo en una playa muy perdida y la niña acababa de aprender a caminar, en la arena estaba sufriendo. No era tierra firme. Tratando de ganarme el corazón de la familia y de la niña haciendo sus esfuerzos fue surgiendo esta canción como un juego.

Lo compusiste, me decías, todo en el viaje. Creía que el viaje te había inspirado. ¿Cuánto tiempo estuviste?

Tres meses. Fui sin guitarra, compré un barata allá en el D.F., entonces fue compuesta en el último mes y medio. El principio se ve que fui acumulando y después salió el chorro.

¿Te fuiste por laburo?

En realidad por alguien que no conocía mucho, que estaban con un proyecto de un documental que se pospuso y escuché que tenían pasajes a México que se estaban por vencer. Había que pagar una diferencia. No era tan barato como yo quería, pero muchísimo más de lo normal. Les dije: “Si no encuentran a nadie, yo no tengo ni hijos, ni esposa, ni perro, ni auto, nada, así que voy yo”. Y terminé yendo. Iba a ir por un mes, al final me quedé más.

¿Te mandaste solo?

Sí, sí. Espero que seas un buen podador porque hablo mucho, pero lo recomiendo. A cualquier ser humano que se soporte solo, porque hay gente que no, se lo recomiendo extremadamente. Si no querés, no estás solo nunca. Me parece que el viaje interior se vuelve más bonito.

Lo de buen podador, ¿es que no querés que ponga eso?

¡No, amigo! Hacé lo que te parezca. Yo estoy hablando como hablo.

Quería pedirte si podías contarme alguna de las historias que inspiraron las canciones.

¿Alguna en especial? Todas tienen alguna historia atrás.

“Detalle”, por ejemplo.

Justo esa es una historia de amor, y creo que es la que prefiero no decir [se ríe]. Lo que tiene, me di cuenta tiempo después bromeando con mis amigos al ensayarla, me parece que la lectura inicial que se puede tener… nunca importa lo que uno quiso escribir, importa la lectura de cada uno al escucharla. O eso me pasa a mí como escuchador de canciones.

A mí siempre me gusta igual conocer la intención del artista.

Bueno, la primera lectura que se puede hacer no es lo que me pasó. Hay una trampa, como un revés de la trama. Pero otra, la del “Coyote”. Estuve en un desierto, un lugar muy hermoso, y nos quedamos a dormir con unos amigos ahí. Pasa el tren, que le dicen La Bestia, así le iba a poner a la canción…

La Bestia es el tren de los inmigrantes, ¿los viste pasar subidos al techo?

Sí, claro. Es un lugar increíble. Está todo el desierto bien plano, rodeado de montañas, cactus pequeños, hay una línea recta que es la carretera y en paralelo la vía del tren. “Coyote” nació de ese lugar. Puedo recordar los lugares: “Pacífico” nació en el Pacífico, “Chacagua” nació en Chacagua… Capaz que la de “Chacagua” tiene una linda historia, pero no está contada en la canción, amigo, entonces sería una trampa [se ríe]. La canción tiene que sostenerse sola. ¡Te estoy trampeando la respuesta!

Pero aunque no tengan nada que ver con la canción las historias detrás siempre son interesantes.

Te voy a decir una cosa personal: me gustan las canciones que esconden cosas. No es fácil escribirlas, me gustaría mejorar en eso. Sin ser un tonto, sin esconder por esconder. Si la canción te dice toda la información, puede perder un poco de magia.

“Mango mota mezcal” también puede ser una historia interesante…

Son historias de amor justo esas dos [por “Detalle”]. Esa fue una linda historia… Pero prefiero no contarla.

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