Gula lleva su hambre a La Trastienda

Rodrigo Gularte, alias Gula, editó hace un mes su disco debut Un joven con hambre a través de Pure Class Music. Este sábado actuará como telonero de Dostrescinco en La Trastienda, una chance de mostrar su material a lo grande. En entrevista con MOOG habla de ese show, de la composición del álbum, del amor por su madre y de su trabajo en el ambiente del freestyle, en el que influyó al organizar las Knock Out Batallas

Por Gastón González Napoli

¿Hace cuánto estás vinculado con el freestyle?

Más o menos desde que empecé a rapear, a los trece, catorce años. Además de siempre escribir mis letras, con Milanss y con El Pretty, dos raperos de acá, dos amigos míos, hicimos las Knock Out Batallas, que fue de las competencias de freestyle más relevantes de Montevideo. Se hicieron en un momento que no había otra cosa y fueron creciendo cada vez más. Antes, igualmente, competí en la única competencia que había.

En un principio tomaba el freestyle como una herramienta para conocer gente, más allá de ser una disciplina. Nos juntábamos en una plaza a conversar y tirar un par de freestyles. El Callejón [18], que es de las competencias más conocidas ahora, sale de las Knock Out Batallas, son los mismos competidores. De hecho, yo estaba en los principios. La Knock Out se hacía una vez por mes y los pibes estaban re manija y se empezaron a juntar en otro lado. Así se formó el Callejón, en vez de una vez por mes era una por semana.

¿A qué edad arrancaste a organizarlas?

Hace cinco años, seis. Tenía 19, 18.

Un joven emprendedor.

La verdad que sí. Pasa que era un momento que había un solo tipo de batallas, en Montevideo y en Uruguay, y para mí estaban todas mal. Las viví en carne propia. En vez de criticar o dar palo al aire, decidimos que alguien tenía que hacer algo distinto. Le fuimos metiendo tiempo, cabeza, laburo. Recorrimos lugares, empezamos en la calle, lo metimos en Amarcord, después BJ Sala. La primera vez no sabíamos si iban a anotarse 20 o si iban a ir 100 personas. La difundimos lo mejor posible y fue creciendo. Supongo que eso y que siempre estoy invitado a juradear alguna batalla hizo que nunca dejé de relacionarme con el freestyle, si bien ahora hace un millón de años que no compito y no practico tanto.

¿Por qué se dejaron de hacer las Knock Out?

Rompimos con un proceso natural. No forzamos nada: cuando había 130 personas en la calle dijimos “lo podemos hacer en un lugar cerrado, hacemos una entrada barata”. Era invierno, estábamos atrás de la Facultad de Ingeniería haciendo la batalla, eran las dos de la mañana.

Con el frío que hace ahí.

Un frío de la puta madre. Había 130 personas y dijimos “vamo’ a hacer algo con esto”. Ahora no es que murieron, pero están en stand by. O volvemos de cero a la calle o hacemos algo grande, grande. También un poco porque tanto Milanss como El Pretty o yo estamos en otra cosa. Seguimos siendo amigos, nos vemos siempre, pero es algo que te demanda abundante laburo y estamos más enfocados en encarar estas cosas, en grabar. No sé si necesariamente las Knock Out, pero seguramente en algún momento, espero que sea cercano porque tengo ganas hace bastante, encararé algún proyecto relacionado con el freestyle. Me parece que hace falta.

¿Ahí se empezó a generar la movida del rap de acá?

Modestamente, sí. Porque no había nada. Cuando lo hicimos con mis amigos, había un campeón por año. No podían entrar menores. Nosotros hicimos un campeón en el día, como era en todos lados, y había doce campeones, o diez, en el año. El evento fue creciendo…

¿Quiénes salieron de esas batallas?

Salió Hache [Souza], salió Punisher, salió Naicen. Hache ha sido un gran campeón de las Knock Out. Lo conocía hace una banda, competimos en contra, nos juntamos en plan de “estaría bueno hacer algo”; él terminó siendo jurado, las veces que competía, casi siempre ganaba.

¿Cómo se practica el freestyle?

Cuando recién empecé, tenés como una fisura, una leche arriba que estás calentando una hamburguesa y [rapea] estoy calentando una hamburguesa. Estás a 220. Pero nunca fui de practicar en mi casa. No me motiva estar encerrado entre cuatro paredes, tirándole a la pared el freestyle. Sirve compartir, no necesariamente batallando. Después conocí gente que estaba pa’ esa, el Seba Jones y Simón Nasser, los conocí en el liceo como a los quince; no había nada por la vuelta y era menor, y en inglés y todo le dábamos caña. Principalmente se practica en la calle. Juntarte con un compa que te tire un beatbox, vos le tirás otro y le vas dando. Se alimenta la competencia aunque no estés respondiendo a lo que te diga el otro. Es como un dojo pa’ entrenar.

¿No se generan rivalidades?

No. Puede haber, he tenido algún problema, pero se entiende. De un millón de batallas te podés encontrar cinco bardos. La gente que lo hace entiende cómo es el juego, que tiene que quedar ahí. Antes era muy cerrado, otra cosa que yo veía mal. Si te tocaba con un amigo, te tenías que tirar flores, ser muy violento no estaba bien visto. Para mí al revés, cuanto más violento mejor, cuanto más se den. Son batallas, es un espectáculo.

Toda esta generación post Knock Out sabe cómo es en el mundo, entiende que es un deporte y muere ahí. Y que cuanto más me des vos, más me tengo que motivar para contestarte y así va la vaina. Pero es tranqui. Bardo no pinta. Al revés, termina uniendo casi siempre. Tenés una batalla buena con un loco que capaz no conocías y se matan, y terminan generando una amistad. Es algo fuerte que se da en el momento. Si alguien no entiende la movida, se va a ir en breve. No hay cabida para una persona que se lo toma en serio o está buscando bardo.

Es como el rap de competencia, que uno dice “soy el mejor” y nadie se ofende.

Todo depende de cómo lo digas. Si lo rapeás bien… Tampoco me molesta si lo rapeás mal, decí lo que quieras, problema tuyo. Yo personalmente no lo hago con mi música, pero escucho gente que lo hacen y me encanta, me gozo. Hay lugar pa’ todo. El hip hop en general nace de la competencia, de los b-boy bailando contra otro, tu crew contra mi crew. Ves a un loco pintando un mural y decís “la puta madre, quiero hacer un mural del doble, con el triple de colores”. Así como te da abundante, porque te acercás y te dicen “agarrá la lata de tal manera”, también hay competencia. Es la manera en que crece.

¿Cómo se da tu vínculo con el resto de la escena? A algunos de los invitados de tu disco los nombraste ya, que los conocías de antes, como a Milanss. ¿A los demás?

Todos más o menos de esa época. A Arquero lo conozco como hace ocho años. En una plaza conversando y rapeando hicimos amistad, yo escuchaba lo que él tenía, él escuchaba lo mío. Santi Mostaffá lo mismo, fue a una juntada que habíamos organizado en la Seregni y le encantó. Él me hizo entrar a la competencia yo siendo menor. Milanss es mi amigo a muerte, a Punisher lo conozco por las Knock Out. Creo que la última que conocí es Eli [Almic], no por el freestyle sino porque me enteré que tocaba una piba con RC, que a RC lo conozco por la vuelta, y me encantó lo que hizo. Quedamos en contacto, ella admiraba cómo hacía freestyle, teníamos pendiente hacer algo.

Toda la gente que está en  el disco la conozco hace tiempo. Lo elegí así, no quería poner a cualquiera, por más que me guste lo que haga. Ahora toda la gente que anda por la vuelta, son gente que ya estaba. No hay nadie que apareció ayer. Nos conocemos entre todos.

¿Y con Dubchizza, que produce Un joven con hambre?

Organizando las Knock Out, un día me mandó un mensaje un loco de Colonia que yo no conocía, no tenía ni foto de perfil en el Facebook creo. Me dijo “soy beatmaker y estoy para regalarle un beat al ganador”. “Bueno, gozado, ya tenemos a alguien que lo haga pero mandá”. Me encantaron, estaban zarpados. Le dije “mandale mecha, estamos re agradecidos, te ponemos en la página del evento”. Estuvimos en contacto, después yo en mi canal, Gula 5, hice varias secciones; una se llamó Síntesis. Le dije “mirá, quiero usar beatmakers uruguayos, ¿estás pa’ tirarme un beat?” y quedó todo re bien. Es de los últimos que conocía. Después me enteré del proyecto de Los Buenos Modales que él estaba haciendo con Pan. Chivito [Seba Jones, que integra los Modales] me mantenía al tanto, me pareció que estaba demás. Y al poco tiempo me propusieron el disco, consideraban que me faltaba el disco.

¿Quién te propuso?

Rolo [Borrazás, de Pure Class Music] y Guille [Beschizza, alias Dubchizza]. Yo ya conocía el disco de los Modales. Me encantaba lo que hacía y estaba pa’ darle. Ni en pedo iba a cerrar esa puerta. Le dimos fuego, hicimos tremenda dupla. Me presentó una carpeta grande de beats, como de 25, 30, elegí quince y quedaron doce. Fue tan sencillo como natural. Se re dio.

¿Participaste en la elaboración de los beats?

Guille me los presentó crudos y fui seleccionando. Los que más me gustaron los ataqué rápido, les di caña. Después había otra cantidad que no estaba tan acostumbrado a hacer, y me encanta hacer de todo. Yo saqué dos trabajos, Made In en febrero, que es un mixtape, y este disco ahora en junio. Y los dos tienen de todo. Yo ni en pedo solo escucho hip hop. Entonces él tenía pila de beats que no acostumbraba a escuchar de beatmakers de acá, y dije “estos los agarro seguro”, pero los dejé para lo último, les fui dando otro color, tratando de armar todo el conjunto.

Un montón de trap, ¿no?

Me dicen que hay pila, pero para mí está bastante equilibrado. Capaz que porque no es tan común. Pero hay temas como “Libre entre barras”, “Baja y sube”, “Las ojeras de mamá”, “Metido en esto”, que no son nada trap.

Capaz que porque hay varios distintos pero que no se parecen entre sí, y hay otros que sí siguen esa misma línea. Entonces te da la idea de que hay más trap.

Puede ser. Que no me molesta para nada porque el trap me encanta. Era mi intención meter bastante, a mi manera. Era una oportunidad porque había un montón de ritmos que a mí me encantan y no son tan usados. Se juntó el hambre y las ganas de comer.

¿Con los invitados? ¿Les pasabas el tema ya armado y que ellos se sumaran?

Cuando iba construyendo los beats me iba imaginando. “Este seguro que con Santi queda demás, la va a explotar”. “Este un poco más rapero 90s, más fuerte, más sentimental, lo voy a encarar con Puni”. Como a todos los conozco, no es que quiero hacerlo por conveniencia, “le mandé un verso por internet y quedó por esa”… Quiero trabajar mano a mano. En “Baja y sube”, a Eli le mandé el estribo y el verso, ella lo grabó, le dimos una vueltita juntos. El featuring no lo tomo como una oportunidad para que otra gente te conozca, que lo es, de llegar a otro ambiente, sino que lo veo como una oportunidad de aprender con un colega, de crecer. No quería forzarlo.

Está “No vi nada”, con Arquero.

Era el tema más fiestero, más pistero, aunque tiene un mensaje. Con Arquero teníamos hace una banda en el debe hacer algo. Le encantó el beat y le dimos, fui para la casa a terminar el tema. Con Milanss lo mismo. Yo elegí a quiénes, qué beat darle a cada uno. Me gusta trabajarlo así, a la par.

Tiene que ver con el alcohol, un tema con el que Arquero juega mucho.

Era un choque la temática, pero totalmente vinculada con el alcohol, un juego entre verso  y estribillo que recién se devela al final. Sé que a él le gusta chupar abundante e iba a entender perfecto de lo que estaba hablando. En su versión de Dieguito La Amenaza, se pone en ese plan.

En el caso de Eli, la voz femenina le da un toque distinto.

Claro. Aparte a mí me encantan las voces femeninas, aportan un montón. Estoy tocando con una corista, algo que quiero hacer hace tiempo. En Made In metí a mi hermana, que no canta, chamuya de oído, pero le encanta la movida. Made In tiene ese concepto de base, del origen, y el mixtape no sería lo mismo sin esa voz femenina.

Creo que es de las colaboraciones que mandé todo más completo. A Eli le encantó el estribo, se lo acordó cuando fue a grabarlo. Guille tuvo la excelente idea de poner las dos voces juntas, que no sea una vez cada uno. Quedó gozado. Ella se subió al carro, no solo grabó el verso y se fue.

Luego tenés “Las ojeras de mamá”. En las Crème Sessions de Pure Class Music tenías “El hijo de Gladys”. ¿Qué vínculo tenés con tu madre?

Es lo más grande que hay. Está salada mi vieja.

¿Tu viejo no se pone celoso?

No, qué se va a poner celoso, que se maneje [sonríe]. Con mi vieja pasa que soy el más grande, el único varón. No digo que soy el favorito, pero estoy seguro que le tiro un poco. “El hijo de Gladys” está como título, no habla de mi vieja; es una vecina que está comentando, “el hijo de Gladys anda en esa”. Pasó a ser como un a.k.a. [also known as, un alias], Gula el hijo de Gladys. Me re enorgullece. Era una historia mía contada por otro.

¿Cuándo presentás el disco?

No hay fecha todavía. Como sacamos el disco en un mes complicado, salió el día que empezó el Mundial, quisimos tomar un tiempo. Empezar por ahí, ir soltando algún temita de a poco, ver el feedback. Preferimos presentarlo con un rodaje, cuando el disco tenga tiempo sonando. Se están dando buenas oportunidades de toques en distintos lados, más chicos, más grandes.

Ahora el sábado tengo el goce de estar teloneando a Dostrescinco, y seguro vamos a poder tirar cuatro o cinco temitas del disco. Es tremenda oportunidad para probarlo, para hacer una sala así, para compartir con gente que no conoce en un lugar como La Trastienda. Cuando llegue el momento de presentarlo, va a estar todo bien. Sacar un disco de doce temas no es lo que el mercado pide ni la web, pide un single cada tanto con un video, los discos son un conjunto de singles.

¿Qué tenés preparado para La Trastienda?

Es alta oportunidad, también para agarrar rodaje a un team de toque. Yo todas las veces que toqué solo, fue con un DJ. No estoy muy a favor de un compañero, no por rata sino porque no me gusta el show de otro rapero que esté apoyando. Hace tiempo quiero tocar con una piba. Hay que armar un team, un DJ con el que nos entendamos bien, una corista. No “llamo a un amigo que me haga los apoyos, un DJ que me tire el beat“. No es la idea, el laburo está salado, lleva un montón de tiempo. Hay que estar firme y que sea un conjunto. Que lo estés escuchando como el material entero, como si estuviera sonando en Spotify.

En La Trastienda voy a ir con Chivito, porque lo invité a hacer “Un viaje”, que es un tema que tenemos juntos, y me dijo “bo, si querés a alguien que te segundee, sé que a vos no te gusta”. Pero el escenario es re grande y es tremenda ocasión para tocar con él. Vamos con Dubchizza de DJ, con Miranda Díaz, la corista, y con Seba Jones. Cuatro en escena. Pero mi idea es seguir tocando DJ, Miranda y yo. Es un tipo de show que quiero ver. El disco tiene intervenciones melódicas, si me ponés un disco de 50 minutos todo rapeado, yo al minuto 20 lo saco. Me gustan los puentes, me gustan los estribillos, me gusta rapear con pausas, me gusta usar el beat musicalmente. La corista me da un aprendizaje en cuanto al canto, un apoyo y la satisfacción de un show que es más o menos el que me imaginé.

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