Haberkorn, la recuperación democrática y la juventud siempre incomprendida

El último libro de Leonardo Haberkorn encuentra una historia más para contar del período de la dictadura

Por Gastón González Napoli

Entre los reportajes largos que está publicando en El Observador, la actividad tuitera y la rapidez para opinar de absolutamente todo que caracteriza a cierta franja etaria de periodistas, Leonardo Haberkorn sería un tipo ubicuo aunque no fuera, además, un autor prolífico de no-ficción. Hace un par de semanas se editó su último libro, La muy fiel y reconquistadora, y parecería ser el cierre de un capítulo para él.

Si como periodista de diarios y revistas mostró olfato para el color, un manejo hábil de la narración y ningún miedo a embarrarse (basta leer su antología Crónicas de sangre, sudor y lágrimas), como escritor Haberkorn ha probado tener puntería para los temas populares, por fuera del círculo de colegas y políticos para el que escriben algunos. Una biografía de Pablo Bengoechea, la historia de Peñarol para niños, una investigación sobre el dulce de leche o el caso “Plata quemada” en Liberaij. Pero su nicho fundamental es la dictadura, hasta el punto de acercarse a quedar encasillado. Haberkorn le dio vueltas al tema por todos lados. Historias tupamarasMilicos y tupas, Víctor Hugo Morales jugando al fútbol con militares en Relato oculto (compartido con Luciano Álvarez) y Gavazzo. Sin piedad conforman un encare variopinto del proceso cívico militar.

Por eso, al ver el subtítulo de La muy fiel y reconquistadora (“Memorias de la generación que no perdió la democracia, pero luchó por recuperarla”), a quien escribe se le escapó un “¿otra vez?”.

En ningún sentido quiere decir esto que haya que dejar de hablar del pasado reciente. Lo mismo que en esta crítica del documental Trazos familiares: es fundamental que se siga estudiando el período. Pero sí que dan ganas de que Haberkorn ponga la mira en el presente, que bastante tiene para investigar y no los suficientes periodistas de su nivel lo hacen.

Es mérito del autor que La muy fiel y reconquistadora se enfrente con esas dudas y salga airoso. Es una lectura ágil, que ilumine sobre uno de los escasos ángulos del período que faltaban por iluminarse: los que eran niños y adolescentes cuando el golpe de Estado, a quienes la dictadura trató de moldear a su gusto. La generación del propio Haberkorn, que desliza anécdotas personales entre la narración y los testimonios originales y recabados de otros medios. Fueron jóvenes vilipendiados por los “popes” guerrilleros y exiliados, que los acusaban de “inoperantes” y “castrados”, tanto como los insultaron los propios militares al hacer de ellos un experimento sociológico. Y aun así jugaron un rol clave en la reconquista.

Para contar esa premisa, Haberkorn se vale de los estudiantes y trabajadores que le encontraron la vuelta a la militancia, los primeros con una versión clandestina de la FEUU o con la creación de Asceep (Asociación Social y Cultural de Estudiantes de la Enseñanza Pública) y los segundos con la constitución del Plenario Intersindical de Trabajadores. Puede lamentarse que no se repase, también, la cultura aunque tampoco se le puede exigir al autor que escriba una enciclopedia -además, este año se editó 100 veces murga y justamente sus fragmentos más interesantes cubren ese terreno-.

Dentro de ese marco aparecen historias de colaboración entre distintos partidos que hoy suenan a cuento de hadas, episodios de represión salvaje y otros de coraje cotidiano y poco adepto a los flashes. El núcleo de La muy fiel y reconquistadora, sin embargo, está en la teoría que va surgiendo acerca de por qué esa generación quedó a la sombra de la anterior. Una explicación de por qué tanto la cultura, con la Generación del 45 y la de los 60 a la cabeza, como la política, devinieron en gerontocracias. No solo porque los veteranos fueran intelectuales de relevancia, sino porque la dictadura los idealizó y ellos se comieron también esa idealización. Al regresar la democracia, narra Haberkorn, le dieron una palmada en la espalda a la generación de principios de los 80 y la botijearon hasta aplastarla.

Esta lectura también ayuda a entender particularidades del sistema político nacional actual, como por qué se aceptan como verdades determinados relatos indiscutiblemente falsos o por qué los partidos tradicionales abandonaron sus estructuras pre-dictadura más amplias y se corrieron al conservadurismo con el que se los asocia hoy.

Y por ahí aparece algún momento de comedia involuntaria, cuando Haberkorn se ríe de que los más veteranos criticaban a los jóvenes ochentosos por jugar a las maquinitas, cuando en realidad estaban militando en secreto y encontrando formas de subvertir las reglas. Salvando las distancias, Haberkorn se olvida de que él criticó de manera bastante parecida hace muy poco a los jóvenes de hoy. La juventud, incomprendida por siempre.

La muy fiel y reconquistadora no es una maravilla por lo difícil que es contar eso de la valentía diaria. Lo que sí, encuentra un filón más para la memoria que desde tiendas muy variadas a veces quiere coartarse; en ese terreno Haberkorn se mueve con su estilo y sus habilidades ya conocidas. Y tal vez signifique para él un broche y la posibilidad de poner el ojo en otro período. Al menos hasta que aparezca otro hueco oscuro en la dictadura y la década turbulenta que la precedió.

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