Lo que sangra vive

Candombe y hard rock conviven en un nuevo álbum de Hablan por la Espalda, dedicado e inspirado por la intensidad de la vida
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Puntaje: 7.5
Pocos cambios de estilo en la música uruguaya (de los cuales hemos visto varios en los últimos tiempos) fueron tan bruscos y tan bien ejecutados como el que encaró Hablan Por la Espalda a fines de la década pasada. La banda que había surgido a mediados de los noventa con un marcado sonido hardcore y que con los años había se había expandido al territorio del rock de garage y el post-hardcore pegó un volantazo con Macumba, su álbum de 2009, en el que confluían influencias del blues y del candombe.
Esta renovación fue a la vez una decisión consciente y una necesidad visceral. Tal como los miembros de la banda suelen relatar, se sentían malditos, y el adoptar un sonido nuevo para la banda resultó ser un ritual necesario para sacarse la mufa y de paso ganarse el cariño de la prensa musical nacional, que hasta ese momento había sido indiferente -por no decir hostil- hacia los trabajos de la banda.
Sangre, el nuevo disco del septeto, arranca en el punto exacto donde nos dejó el álbum anterior con la marcada presencia de tambores y un órgano Hammond en el primer tema, “Himno del incendio”, que podría ser perfectamente la banda sonora de un nuevo exorcismo personal. Sin embargo, los tambores no son omnipresentes en el transcurso del disco, lo que se traduce en una banda alejándose un poco del candombe y buscando un sonido que en determinados momentos se acerca más al hard rock.
Más allá de los cambios en climas y sonidos durante su duración, Sangre no deja de ser un álbum cohesivo y para ello resulta fundamental la producción y mezcla a cargo del guitarrista de Santé Les Amis, Nicolas Demczylo. Cuando los temas están orientados hacia el candombe como en “Cabeza de moto”, “Himno del incendio” o el que da título al álbum, la mezcla le da a los instrumentos el espacio suficiente como para marcar presencia, especialmente el profundo groove de bajo de Víctor Borrás y los teclados sesenteros de Andrés Varela. Cuando el objetivo es el hard rock como en “La procesión” u “Ojos de luna”, la mezcla se hace compacta y directa, con guitarras distorsionadas bien al frente y una intensidad desde la batería que completa cualquier espacio vacío.
El acierto principal de la producción, sin embargo, y a su vez la innovación más notoria en el álbum, es poner la voz de Fermín Solana adelante de la mezcla en los momentos donde la banda baja las revoluciones. Esto le da a temas como “Puede ser” y “Canción del remedio” un carácter especial, más íntimo y personal con respecto al resto de los temas del disco.
Al igual que su álbum anterior, desde el Bandcamp en el que se puede escuchar y comprar el disco la banda revela que su principal inspiración fueron las “dramáticas circunstancias atravesadas por integrantes de la banda durante los años 2012 y 2013”. No es raro entonces que desde las letras se tome al movimiento como sinónimo de mantenerse con vida: el que no se mueve y no sangra está muerto. Hablan por la Espalda armó un álbum que muestra todo lo contrario, que celebra la intensidad de vivir y toma a esa sangre que titula el disco y brota de las heridas como resultado directo de ello.
Ignacio Rissotto (@mohb55)

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