Hermanos Láser: “Las buenas canciones pueden sobrevivir a cualquier mutación”

Tras cinco años desde su disco debut, los Hermanos Láser vuelven al ruedo con El problema de la forma, un álbum que aborda la distancia, el tiempo y la mutación.

Antes de que lo presenten en vivo este miércoles en la sala Camacuá, charlamos con Sebastián y Martín Cáceres sobre el proceso creativo de las diez canciones que lo conforman

Foto: Difusión

Por Rodrigo Guerra (@Rodriguerra96)

Entre Los Hermanos Láser y El problema de la forma pasaron cinco años. ¿Qué importancia le dieron a la ideade dejar reposar las canciones?

Sebastián Cáceres (SC): Para nosotros lo más importante es que las canciones sean lugares donde realmente podamos habitar y que en ellas se pueda encontrar un anclaje profundo de lo que somos y de lo que fuimos. Eso hace que se vuelva muy difícil tomarse el trabajo de grabar a la ligera, porque te genera mucha carga emotiva y mucha presión cada palabra que ponés, porque en un momento vas a tener que congelarla y ya no vas a poder elegir otra. Eso te provoca un poco de temor y, tal vez por eso, sentimos que necesitábamos un tiempo para rehacer las canciones y estar realmente seguros de lo que queríamos decir.

Martín Cáceres (MC): Las canciones tienen algo de plástica: uno tiene que dejar secarlas para después ver si le saca o le pone cosas. La paciencia jugó un montón y hubo que convencernos de que ese era el camino, porque la ansiedad estaba muy en la vuelta: no había quién no preguntara por qué no sacábamos el nuevo disco. El paso fue a ritmo de lo que esperábamos.

¿Qué relevancia le dan alformato del disco como concepto en sí mismo?

SC: Con en estos tiempos de streaming y de escucha en modo aleatorio, los discos dejaron de ser la forma preferida de leer la música, pero aunque es una pelea bastante absurda nosotros queríamos hacer un álbum. El problema de la forma propone un viaje en sí mismo aunque no pretende ser una obra conceptual. Lo que nos interesa del disco es el contexto que se necesita para leer las cosas: hay una idea y una secuencia de sucesos. Veremos si seguimos con ganas de eso en el futuro, pero esta vez la idea estaba muy firme.

Si bien El problema de la forma no es un disco conceptual, sí se puede encontrar un sonido homogéneo y  un tema en común. Creo que es un álbum que requiere varias escuchas para poder digerir los detalles de la música y de las letras.

SC: A nosotros nos gustan esos discos de difícil masticación, y no por hacernos los difíciles o los raros, sino porque está bueno ir descubriendo cosas en cada escucha. Si todo queda a la vista muy rápidamente, se termina transformando en algo de rápido consumo y sigo scrolleando. La idea es que las canciones puedan ser lugares para habitar y que uno pueda visitarlas todo el tiempo y encontrarle cosas nuevas. No queremos que esté todo tan fácilmente digerido.

MC: Aparte reconocemos que nuestro público, por suerte, nos muestra las ganas de escuchar un disco, y no solamente escuchar una canción. Por eso el desafío se pone más grande. Queríamos dejar lo mejor sin agregados extra y sé que en el mundo de hoy en día es una gran decisión porque la gente no está dispuesta a entregar su tiempo y su concentración para escuchar música.

Creo que por ahí aparece el problema de la forma.

MC: Somos conscientes de que ahora la gente escucha música mientras hace otras cosas: sale a correr o la pone de fondo para trabajar. Una canción es como un martillo, es una herramienta para prender la cabeza.

SC: Cada vez es más difícil conseguir un segundo o un minuto de tu atención y, por ende, lograrlo se vuelve un triunfo más heroico. Lograr que una melodía o unas palabras se cuelen…

MC: En ese filtro de defensa propia que existe por tanta información.

SC: Todos los artistas que estamos en este baile tenemos que correr la misma carrera. No es un llanto, sino lo contrario: se vuelve un doble festejo cuando lográs que algo se cuele dentro de tu sensibilidad y lográs empatizar con una canción. Ese triunfo vale cada vez más y por eso estamos disfrutando mucho de lo que está pasando con estas nuevas canciones y de la buena respuesta que sentimos que van teniendo.

¿Con el primer disco sintieron que era más fácil atraer la atención del escucha entre tanta información?

SC: Cuando grabamos el disco anterior mi teléfono era un Nokia 1100.

MC: Seba estaba atrasado [risas].

SC: Sí, pero ahora hasta mi abuela tiene un teléfono inteligente. Nuestra relación con la tecnología, con el tiempo y con la forma en que consumimos las cosas es abismalmente diferente que hace cinco años. Hay una cuenta que es muy clara: ¿cuántas veces escuchaste tu disco del año pasado?  ¿Cuántas veces escuchaste tu disco favorito de 2002? ¿Cuántas veces escuchaste tu favorito de 1996? Probablemente el de 1996 lo hayas escuchado 20 veces más que a tu disco favorito del año pasado. Cada vez es más difícil conquistar un pedacito de tu tiempo.

¿Cómo fue el trabajo al momento de componer las canciones?

SC: Se trabajó bastante en etapas y estuvieron bastantes desconectadas entre una y otra. Eso es algo que rescato al disco, porque para lo fragmentado que fue la manera en que lo grabamos y lo compusimos, terminó siendo una unidad. A mucha gente le sorprende que las tomas de la mitad de los temas se hicieron en dos años y se grabaron en lugares completamente diferentes y con una microfonía diferente. Sin embargo, creo que finalmente logramos hacer un disco y concretar algo que sea una unidad. La creación fue muy fragmentada: hubo momentos en lo que éramos Tincho y yo, momentos que éramos Gastón y yo, o Tincho solo. Quien iba pudiendo se ponía en los hombros una parte y caminaba ese kilómetro hacia la siguiente etapa.

El álbum arranca con “Australia”, que se puede interpretar como una metáfora del deseo de viajar a un lugar lejano. Creo que esta idea de viaje, incluso de abstracción, es algo que se va repitiendo en todo el disco.

MC: Con tanto ruido y tantas cosas, creíamos importante que surgiera una especie de mantra al principio del disco. Como nos gusta marcar esa cosa del final en el principio, tenía que ser un círculo que cierra y que deja ese sentimiento que tiene que ver con el disco. Es algo que arranca pero que queda resonando. Quisimos que el primer tema genere un ambiente para meterte en la música y dejar el celular en otro lado.

Foto: Difusión

En ese tema suena un didyeridú. ¿Incluyeron algún otro instrumento fuera de lo convencional en el disco?

SC: Siempre que grabás un disco partís de la premisa de que no te vas a quedar con ganas de nada. De los 1.200 instrumentos que tiene en su casa Gabriel Casacuberta [el productor del disco], testeamos un montón y muchos aparecen. Aunque no todos se distingan con claridad, hay diez o doce capas de percusión.

MC: De hecho, al final se transformó en una restricción porque llegó un momento en que tanta instrumentación nos obligó a focalizarnos en lo que más importaba. Hay algunas sonoridades que nos gustaban mucho: en una especie de cajoncito, Gabriel tiene una colección de instrumentos que hacen ruido de pájaros. En el disco hay cuerdas, cítaras, el didyeridú que nombraste, pero sobre todo un montón de capas de guitarras.

Leí que llegaron a grabar hasta 120 pistas.

SC: Sí, fue un laburo demencial y muy expansivo. Cada capa nueva que agregás te habilita un montón de posibilidades, pero después lo más difícil es comenzar a tallar para ver con qué cosas te quedás.

La idea del “problema de la forma” aparece en el segundo tema, “Tormentas”, y luego se retoma en “Mercurio”. Ese cuestionamiento se puede interpretar de muchas maneras, ¿qué significa para ustedes?

SC: En realidad ya no importa lo que significa para nosotros, aunque por supuesto es algo bastante íntimo. Como todo lo que escribimos, viene de nuestras vivencias y experiencias, pero ahora que está en el universo; la idea es que cada quién puede encontrarle el sentido que esté necesitando. Ese es el juego de la poesía y de la música: ¿para qué cerrar una idea si es mejor dejarla abierto para que cada quien pueda hacer su propio rollo?

MC: La idea era una interrogante dentro de una canción, un pedazo de letra que planteaba eso: por qué uno seguía atrapado, girando y buscándole la vuelta para poder hacer algo más sencillo. La idea era aprender de lo que fuiste y de lo que vas a ser. El foco es llevado hacia la interrogante de la pregunta, más que decir que realmente hay un problema.

En “Interior” hablan de Ciudad de la Costa, pero también se podría interpretar la letra como un viaje interno.

MC: La distancia estaba marcada en el disco, recorrer distancias: por momentos son pequeñas y por momentos son larguísimas y a gran velocidad.

SC: Sí, a veces hacia afuera y a veces hacia adentro. Todo el disco tiene la idea del viaje, de la transportación, la mutación o la metamorfosis es el gran tópico de todo el disco. Esa idea va dejando esquirlas durante todas las canciones; el tono del disco es como un viaje, en movimiento que es hacia adentro, hacia afuera, en largas o cortas distancias. Va un poco por ahí.

Publicaron el disco en Bandcamp¿Qué libertades sienten que les brinda publicar de manera independiente?

SC: El disco está en todas las plataformas de streaming, pero lo que tiene Bandcamp en particular es que uno puede descargarlo en FLAC, que es un formato de calidad óptima. La diferencia en el sonido bastante notoria y además tienen la posibilidad de ponerle una moneda, del tamaño que quieran. Eso nos funcionó mucho con el disco anterior porque consideramos que cuando alguien compra un disco no lo hace porque no lo pueda conseguir, sino porque quiere apoyar al artista y que siga girando. Es una manera de comprometerse con la obra, de participar y de ser parte de este viaje.

Foto: Difusión

¿Cómo se plantearon llevar el sonido del disco al vivo?

SC: Para el disco nos sacamos las ganas de grabar la cantidad de instrumentos que tuviéramos ganas y de hacer los arreglos que queríamos sin importar cómo lo íbamos a reproducir en vivo. Ahora estamos en la etapa de reconstruir el disco para tocarlo en vivo, que son dos cosas totalmente diferentes. Por suerte se viene dando de forma muy natural. No sé qué tan parecido va a sonar al disco, pero estoy seguro de que no importa porque lo que hicimos fue hacer buenas canciones. Las buenas canciones pueden sobrevivir a cualquier mutación, cambios de tempo, de instrumentación y de intensidad.

¿Cómo va a ser el recital de este miércoles en la Sala Camacuá?

SC: Va a ser bastante íntimo y sencillo. En los shows de los Láser no hay grandes acrobacias, sino que el foco está en las canciones y la idea es que ellas trabajen. La gran diferencia con otros recitales es que la gente está sentada y es otra actitud al momento de escuchar la música.

MC: Es una forma de recrear el camino un poco más concentrados y con más una sensación de estudio, que ahora que recién sale el disco nos gustaría generar. La sala va a estar abierta para todo público y eso nos encanta porque podemos recibir a pequeños y grandes; eso genera una nueva experiencia. Esperamos conectar con el público.

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