Ignacio Alcuri: la Antorcha Humana de la comedia nacional

El octavo libro de Ignacio Alcuri se lee en un rato, entiendas el título o no

Puntaje: 8.5/10

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

El prólogo es a los libros uruguayos lo que los invitados son a los discos de bandas de rock nacionales: amigos chupándose las medias y divirtiéndose entre ellos sin que el resultado final se vea alterado de manera significativa. Pero así como viene a la cabeza alguna excepción a lo de los músicos invitados, dos por tres te topás con una puerta de entrada a un libro como la que Martín Otheguy le regala a Ignacio Alcuri para su última colección de cuentos, La novia de Johnny Storm ve la vaca y llora, editada por Sudamericana. Arrancás riéndote y cuando te querés acordar te tragaste todas las páginas, literalmente en ciertos casos, y ya estás esperando a que pasen dos años y Alcuri edite su libro siguiente. O a que termine la novela que dice que está trabajando.

Como los cuentos cortos son un poco como los chistes, adelantar de qué van los arruina. Sí se pueden desglosar temáticas repetidas, cosa que el propio autor ha hecho en su Twitter y en entrevistas que ha ido ofreciendo: la divinidad, el fútbol yorugua, los momentos en que esas dos fuentes de pasión se cruzan, las necesidades escatológicas, las referencias inabarcables a la cultura pop (desde el título). Y los fracasos amorosos que suenan a semi-autobiográficos y muchas veces a completamente-autobiográficos. Alcuri cuenta con tanto filo sus desgracias personales que uno termina sintiéndose una pizca culpable por no querer que dichas desgracias terminen. Se prende fuego a sí mismo como Johnny Storm, la Antorcha Humana.

Con el personaje de “Nacho” es facilísimo empatizar e identificarse para cualquiera que haya atravesado períodos de soledad involuntaria; para mí, los fragmentos en que repasa su adolescencia es como verme en un espejo. Y como tragedia más tiempo da como resultado comedia… Igual los cuentos más graciosos, más descacharrantes, son en los que Alcuri espolea su imaginación. Ya sea cuando bebe de referencias culturales obvias con un giro personal, como la escena de Monty Python y el Santo Grial (su traducción oficial no será nombrada en este sitio web) en que un carro pasa recolectando a los muertos por la Peste Negra, reconvertido aquí en un diario íntimo titulado “Apestados” y que arranca una carcajada imposible de la frase “papá murió”. Algo similar sucede con el “chiste” del payaso Pagliacci de Watchmen. Quizá el punto más alto sea la falsa obra de teatro que juega con la ruptura de la cuarta pared hasta que el cuento construye una quinta y también la demuele.

Es triste, pero nunca se valorará a la comedia tanto como al drama ni al cuento tanto como a la novela. Peor para Alcuri y demás autores. No tan malo para los que los leemos y podemos sentirnos mejores que los demás por saber apreciarlos. Hasta que nuestros fracasos también continúen.

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