Indio en Tandil: ¿la última misa?

Tras más de un año sin tocar, el “Indio” Solari brindó un espectacular show de casi tres horas ante más de 160.000 fanáticos, en el que tocó 28 una cantidad inesperada de canciones de su etapa como redondito de ricota, confirmó que padece Parkinson, y que seguirá tocando si la enfermedad se lo permite
indio Foto: @Gederle
“Anda circulando en internet una versión de que estoy enfermo, y es verdad. Mr. Parkinson me anda pisando los talones, pero bueno, aquí estoy, no me van a bajar del escenario así nomás”, largó Carlos Alberto “Indio” Solari antes de comenzar su show del sábado 12, y pidió no hacer de esta tarea un drama. Luego explicó algunos cambios en la banda y se retiró, para volver algunos minutos después y hacer delirar a los más de 160.000 fanáticos que llegaron hasta Tandil. Carpe diem.
La misa arrancó con “Nuestro amo juega al esclavo” -un clásico de Bang bang estás liquidado, el cuarto disco de los Redondos-, en el que el verso “violencia es mentir” se sintió como una referencia a lo que dicho minutos antes. Siguió con cuatro temas de los principios de su etapa solista: “Pedía siempre temas en la radio”, “Porco Rex”, “Tatuaje” y “Charro Chino”, para darse el lujo de enganchar con canciones ricoteras que no venía tocando como “Esto es to-to-todo amigos”, “Gran Lady”, “Salando las heridas” y “Cruz Diablo”, que enloquecieron a todos a lo largo de los 160 metros del hipódromo de la ciudad del salamín. La primera tanda se concretó con las muy bailadas “Ramas desnudas” y “Ella baila con todos”.
Allí, Solari aprovechó para saludar al pueblo ricotero y volver a dejar claro que si el cuerpo le da, está para más. “Tratemos de no mandarnos muchas cagadas, así podemos seguir recorriendo el país”, dijo.
El retorno después de una pausa breve representó los puntos más altos del espectáculo, aunque también los más caóticos. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que lo acompaña, sonaron espectaculares e impidieron que se notaran los cambios recientes: el ingreso de Martín Carrizo en batería en lugar de Hernán Aramberri (que trabajaba con el Indio desde los ‘90) y la del bajista Marcelo Torres, cuyo lugar fue ocupado por Fernando Nalé. “Todos a los botes” y “El arte del buen comer” (Pituca), fueron las encargadas de volver a levantar polvareda, para que el público pudiera descansar con “Torito es muerto” y gozara la “Ceremonia durante la tormenta” y “A la luz de la luna”. Las zapatillas arrojadas al escenario dejaron interrumpida la presentación de “Barba Azul”, posterior a otras dos también canciones ricoteras: “Las increíbles andanzas del capitán Buscapina” y “Es hora de levantarse”. “Al pelotudo que está tirando zapatillas, que la corte”, pidió el “Indio”, molesto.
La última parte del toque largó cargada, con el ex líder de los Redondos cantando “Luzbelito” y “La parabellum del buen psicópata”, alcanzando los doce temas ricoteros, toda una novedad para su etapa solista. Al final, las canciones de su época anterior serían catorce, y como siempre, las más agitadas por los fanáticos. Aquí hubo tiempo para que se luciera el guitarrista Gaspar Banegas.
“Había una vez”, “Vino Mariani”, en la que el “Indio” -como nunca- explicó el origen de la letra, y “Adieu”, prepararon el cierre, que estuvo compuesto por “¿Por qué será que dios no me quiere?”, “Rock para los dientes” y “Flight 956”, canción que normalmente anticipa la despedida y el pogo más grande del mundo: “Jijiji”. Así se redondeó el show más largo de Solari con los Fundamentalistas: casi tres horas y 28 canciones, en uno de los mejores de su etapa en campos abiertos: no hubo dificultades con el frío y el sonido, como en Mendoza, ni tampoco el barro de Gualeguaychú, y la puesta en escena estuvo acorde al artista.
Faltaron algunos clásicos como “Juguetes perdidos” -la canción en honor a Walter Bulacio- y “Un ángel para tu soledad”, pero aparecieron otros, como “Esto es to-to-todo amigos” y “Salando las heridas”.
En sus palabras de despedida, Solari volvió a repetir que no sabe cómo se generó esta locura y que no puede hacerse cargo. Es que lo que se vive en sus espectáculos es algo muy especial y difícil de describir. No solo por la cantidad de gente que recital tras recital va a verlo, sino por el ritual que se ha generado en la previa, y la conexión del músico con sus fanáticos en el escenario. No es una relación normal: Solari no suele hablar mucho durante el concierto y cuando lo hace es para pasar pequeños mensajes.
A diferencia de los toques anteriores, los últimos acordes de “Jijiji”, ya con el pogo desintegrado, dejaron el rumor de que puede ser el último. Quizás por eso, el tibio “volveremos, volveremos…”, ganó lugar al clásico “olé olé olé, olé olé olá, solo les pido que se vuelvan a juntar”, con el que los fanáticos suelen despedirse. Su salud dirá.
Santiago Soravilla @santisoravilla

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *