Para Irvine Welsh, la tecnología es un escape para “manejar el dolor psíquico”: “Estamos sobrepasados, no vemos nuestro propósito como especie”

El escritor escocés estuvo en Montevideo hace un par de semanas para participar de la edición local del Filba y presentar su última novela traducida, Un polvo en condiciones, originalmente editada en 2015

Foto de Candela Stewart

Entrevista por Gastón González Napoli, Felipe Reyes y Candela Stewart

Parece aburrido. Es lo último que se esperaría de un tipo que se ha descrito a sí mismo como “un bastardo”, que es famoso por las mentiras en torno a su propia vida -tantas que es difícil establecer con certeza su fecha de nacimiento-, que entró al panteón literario de la mano de una novela sobre adictos a la heroína y que está en Montevideo para presentar otra titulada Un polvo en condiciones, pero es cierto. Irvine Welsh tiene cara de querer estar en otra parte.

En algo así como una hora, participará de un panel en la versión montevideana del Filba junto con Nico Barcia, Gabriel Calderón y el argentino Enzo Maqueira; un panel titulado 120 días en Sodoma. “Las fiestas y los excesos”, dice el programa del festival literario sobre este ítem. “Desde los castigos bíblicos, pasando por la novela del Marqués de Sade hasta llegar a la película de Pier Paolo Pasolini, la transgresión de los límites recorre el ADN de estas obras, así como se da tanto en la obra y vida de nuestros participantes. ¿Escribir es un exceso?”.

Si no se conociera su corpus literario -o la obra fílmica basada en él-, Welsh, con sus lentes de sol colgados del cuello de la camisa y su cara de habitué de un bar de la vieja guardia, parecería colado en una descripción semejante. Más cuando en la entrevista responde las preguntas en tono monocorde y algo balbuceante, lo que dificulta entender su de por sí espeso acento escocés de clase trabajadora. Pero las respuestas del autor de Trainspotting son brillantes.

El hombre tiene cancha para contestar con gracia hasta cuando lo hace obligado por su schedule de gira.

*

Esta es tu segunda vez en Montevideo. ¿Te gusta?

Sí, parece muy cool, muy relajado. Buenos Aires es muy grande y frenética.

¿Tiene algo parecido a tu hogar?

No, la verdad que no.

Tal vez cómo jugamos al fútbol…

Sí, pero ustedes producen algunos jugadores decentes, nosotros no lo hemos hecho por 30 años. No sé por qué los equipos escoceses son tan malos ahora. La selección ha sido basura por los últimos 30, 35 años. Creo que dejamos el deporte por las drogas. De verdad. La gente dejó de ir por ahí pateando la pelota y empezó a drogarse y jugar videojuegos.

En el Filba de Buenos Aires, donde participaste, le entregaron a Jorge Luis Borges un Nobel simbólico -y por supuesto póstumo-, aprovechando que la Academia Sueca no otorgará el premio este año. ¿Leés a Borges?

No desde hace tiempo. Hay fases. Una de las cosas horribles de la cultura del idioma inglés es que hay muchos escritores latinoamericanos fantásticos, y conocí a varios de ellos en eventos como este, pero no les puedo decir “¿puedo leer tu libro?” porque no está traducido. Y hay tanta mierda de Estados Unidos y el Reino Unido que es traducida al español. Es terrible. Llegás a Borges y Gabriel García Márquez y no desenterrás los escritores latinoamericanos contemporáneos, y si están traducidos no tienen la publicidad para chequearlos.

Yo solía ser un buscador compulsivo de literatura, buscaba en sitios web y revistas de todo tipo. Ahora ya no. Porque no hay una cultura de prensa underground como antes, no hay una cultura de pequeñas librerías como antes. Particularmente en el Reino Unido. Y no puedo leer en pantallas, paso tanto tiempo frente a pantallas, así que termino en estas grandes cadenas, como Barnes and Noble o lo que sea, y termino comprando la misma basura que todo el mundo lee.

El año pasado se estrenó T2: Trainspotting. Es una película muy nostálgica. ¿Sentís nostalgia por la época de tu vida que inspiró la novela original?

No, la verdad que no. Tenés que vivir en el presente. Soy terrible mirando para atrás y soy malo mirando para adelante. Puedo mirar hasta dos semanas para adelante, y hasta ahí llego.

Hay un diálogo de T2 que me quedó dando vueltas: “La interacción humana reducida a nada más que datos”. ¿Lo ves así, es esa la mochila de nuestra generación?

La humanidad está perdida, estamos yendo hacia un mundo en el que no tendremos comunicación. Porque todo se trata sobre comunicarse más rápido, pero nuestra cultura también se trata de humanidad. Estamos perdiéndolo por la necesidad de comunicar un montón de información absolutamente fucking innecesaria que no nos hace ningún bien.

¿Es la tecnología una manera de escapar de la vida como las drogas duras?

Es manejar el dolor psíquico. Estamos sobrepasados. No vemos nuestro propósito como especie. Las microdosis en Estados Unidos se han vuelto la gran cosa entre la gente profesional. Toman cápsulas de pequeñas dosis de éxtasis o alucinógenos, y van a trabajar con este estado de ánimo elevado, más creativo. Mis amigos de Miami son abogados, toman microdosis, y no quedan viajando. Gente normal tomando ácido.

Vivís en Miami, y ahí transcurre La vida sexual de las hermanas siamesas, editado en 2014. ¿Ha cambiado la ciudad tu manera de escribir?

Viví en Chicago antes de Miami y en San Francisco antes que eso. Estoy hace diez años ya, probablemente es hora de volver. Fui a comprar un litro de leche y nunca volví.

Chicago es genial para escribir, porque no podés salir en enero, febrero, marzo [el invierno boreal], así que te quedás en casa y tipeás. Como Jack Nicholson en El resplandor. Te enloquece, pero usualmente tenés una novela o un guion al final de marzo, y salís y disfrutás el resto del año. En Miami es distinto, porque pensás “debería ir a la playa” o a tomar cócteles.

Con tus dos últimos libros, todavía no traducidos al español, The Blade Artist y Dead Men’s Trousers, regresás a los personajes de Trainspotting. ¿Qué te inspiró a hacerlo? ¿Estabas extrañando tu hogar?

Creo que estos dos, en particular Dead Men’s Trousers [editado este año], salieron de trabajar en T2. El guionista, el productor, el director y yo estábamos en una casa en Edimburgo que habíamos alquilado, y leíamos guiones y el libro Porno [primera secuela de Trainspotting, de 2001], y vimos cómo los actores habían envejecido, así que decidimos hacer algo que lo reflejara. Entonces imaginé a estos personajes y qué estarían haciendo ahora.

Has hablado de la posibilidad de una serie de televisión…

Sí, de hecho acabamos de vender los derechos para uno de los libros, pero no diré cuál.

Con este último par de libros inspirados por T2, ¿le diste un cierre a los personajes?

No creo que sea algo deseable. No son personas reales. Pero sí querés un mood dramático predominante, y creo que la historia de ellos cuatro está terminada.

¿A cuál te parecés más?

Cada personaje que escribís se parece a vos hasta determinado punto. No lo sabés bien, porque tiene mucho de subconsciente. En La vida sexual de las hermanas siamesas las narradoras son mujeres. Mi esposa leyó el libro y dijo “te parecés más a ellas que a cualquier otro personaje que hayas escrito nunca”. Así que nunca sabés. Podés escribir cualquier edad o raza o género, son personajes.

Estás acá para participar de un panel sobre excesos y literatura. ¿Te identificás con esa etiqueta?

No. O sea, no tenés una visión consciente de algo así. Cuando escribís, es solo personaje e historia. Quizá tema, personaje e historia. Estas cosas son guarniciones, básicamente. Estás escribiendo en personaje, contando una historia, ponés al personaje en posiciones extremas, emocionales y psicológicas, y las cosas se van a la mierda. Pero no soy consciente de los vicios o la degradación, no me interesa.

¿Escribir es una forma de evitar esos excesos?

De alguna manera sí. El diablo se aprovecha de las manos ociosas. Probablemente me ha mantenido vivo. Me gusta más escribir que salir a tomar y drogarme.

Pero seguís haciéndolo.

Estratégicamente, sí. No con el abandono con que solía hacerlo. En setiembre estuve en varios festivales como DJ, y probablemente tomé más drogas en setiembre que en los últimos diez años [hay que aclarar que Welsh también acaba de divorciarse].

¿Qué música te gusta?

Escucho cualquier cosa, cualquier tipo de música. Acabo de terminar un disco de techno, lo he estado mezclando, así que he estado escuchando mucha música dance.

En su momento colaboraste con el soundtrack de Trainspotting.

Todos colaboramos. No teníamos plata, así que había que ir a los artistas directamente y pedirles que donaran canciones. Podríamos haber gastado todo el presupuesto en licencias de canciones. Estuvo muy bueno, tenés que musicalizar una película así. No podés solo poner canciones. Cada tema encaja perfectamente.

En Leith, la zona donde te criaste en Edimburgo, ¿la gente sigue mirando los trenes mientras se droga?

Probablemente hay más yonquis hoy que en los 80. Está muy extendido. Aunque ya no verás más trenes en Leith porque los cerraron. Pero no necesitás trenes, podés nada más mirar la pared.

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