La culpa la tiene Buñuel: Brazil

El segmento de cine de culto “La Culpa la Tiene Buñuel” se despide del 2015 con un peliculón: Brazil, del británico Terry Gilliam. Una sátira steampunk que recuerda al 1984 de George Orwell y que predijo el mundo futuro como ninguna otra película; sobre todo en lo referente al poder del terrorismo y el control del estado.

Un film oscuro y neo-noir que, incluso para algunos críticos, implica un retrato satírico de las dictaduras en América Latina. Así de complejo es el asunto en este excesivo ejercicio de ciencia ficción cyberpunk que lleva orgulloso el rótulo de película de culto

brazil

Durante los primeros minutos de Brazil (1985) uno es testigo de los problemas –más que soluciones- que trae la tecnología en una ciudad distópica de la que solo se sabe que es “algún lugar del siglo XX”. Una sociedad adicta a la televisión, observada por el aparato represor estatal que actúa como el Gran Hermano, y que sufre constantes ataques terroristas por parte de guerrilleros anti-sistema. Sam Lowry, un burócrata funcional al estado, entabla una amistad accidental con el subversivo Harry Tuttle (un joven Robert de Niro) y busca desesperadamente alcanzar a la mujer de sus sueños. Ambas cosas lo llevan a convertirse, sin pretenderlo, en un enemigo del Estado. Y por tanto debe ser eliminado. Pero no nos adelantemos tanto…

Desde los créditos escucharemos una versión bastante particular de “Aquarela do Brasil” (original de Ary Barroso y popularmente conocida por Gal Costa) que será LA canción de la película. Se te pega la melodía de una. Y es ahí que todos aprovechan para preguntar: ¿por qué se llama Brazil? ¿Tiene algo que ver con el país? A nivel de trama: no. El único vínculo está con la canción, que repite la palabra “Brazil”. Pero ojo. Hay ciertos críticos que creen en la alegoría de la trama con las dictaduras en América Latina. Más específicamente con la última en Brasil, que finaliza (casualmente, o no) el año en que se estrena la película: 1985.

Terrorismo de Estado, persecución, guerrilleros… bueno, hay cosas en común. Pero son teorías. El director nunca se refirió a ese tema como posible subtrama del filme. Que crea quien quiera creer.

Volviendo a la historia: estamos ante una sociedad retro-futurista oscura y oprimida que sufre ataques terroristas. En ese contexto, un funcionario estatal comete un error burocrático que provoca la muerte de un hombre de familia inocente confundido con un terrorista (Robert de Niro). Sam debe ser el encargado de “hacer como que aquello nunca pasó, porque el Estado no comete errores burocráticos” y, en ese intento, conoce a la mujer de sus sueños. Literalmente. Es que Sam es un soñador, se lo ve desde el principio. Y en su mundo personal está Jill: una mujer angelical que lo desea y a la que nunca puede alcanzar. A través de la búsqueda de esa mujer en la realidad, es que Sam se va revelando contra el estado. Y por tanto convirtiéndose en su enemigo.

Pero antes de todo eso,Sam recibe la propuesta de ascender en su puesto de trabajo. Dudoso de aceptarla, recurre a su madre, quien parece tener un importante cargo gubernamental. Ella, regia, se está haciendo una nueva cirugía estética que le sacará 20 años de encima. La escena recuerda al videoclip de Intoxicados, “Reggae para Mirtha” -y efectivamente el video del Pity está basado en Brazil-.

El sistema no solo tiene fallas burocráticas. La corrupción y el amiguismo siguen vigentes: la madre designa como nuevo Ministro de Salud a su cirujano, por haberla operado tan bien.

Una de mis escenas favoritas, y que es muy cercana en estos momentos, es cuandouna bomba explota en pleno restorán donde Sam y su madre están cenando. Caos, gritos, heridos. Atentado terrorista. Sam y su madre: regios. Siguen comiendo como si nada.

– Sam, ¿no podés hacer nada con estos terroristas? Me tienen harta.

– No, mamá. No pertenece a mi área.

Y en seguida los mozos colocan un biombo que les oculta el horror. Los apartan.

¡Tremenda! El terrible acostumbramiento al terrorismo, la deshumanización. Todo eso en una escena memorable.

La fotografía de Roger Pratt juega constantemente con las pantallas, los lentes, los televisores, con “el mundo visto a través de algo”. De vuelta la acertada visión del futuro. No hace falta que diga a qué me refiero. También hay muchas sombras, contrastes, luces. Todo un ambiente cargado, una puesta en escena densa y repleta de detalles. Todo muy pensado y con referencias específicas, como cuando homenajea al Acorazado Potemkin y la famosa escena de las escaleras de Odessa.

Tal vez en ese querer abarcarlo todo esté su principal falla. La película funciona, y es interesante, y hay una crítica. Es sátira pura. Pero tanta mezcla, reiteración y ostentación de recursos… termina cansando. Y medio querés que termine de una vez, y te cansás de ver tantas cosas juntas al mismo tiempo.

De todos modos se trata de un clásico de la anticipación, un oscuro retrato del presente y el futuro. Necesaria. Debe ser vista. Feliz 2016.

–          Brazil se encuentra disponible online, buena calidad, con subtítulos en español en el siguiente link: http://peliculasio.com/brazil

Gonzalo Martín (@okgonzalomartin)

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