La cumbre escarlata: el bello arte del terror

Guillermo Del Toro, maestro del género fantástico con obras como Hellboy, Titanes del Pacífico y El Laberinto del Fauno, presenta una historia de fantasmas en su último homenaje al terror gótico. Una película hermosa aunque no gracias a su sutileza
crimson peak
Puntaje: 7.5/10
Edith Cushing (Mia Wasikowska, de Alicia en el país de las maravillas) es una aspirante a escritora que se enamora de Thomas Sharpe (Tom Hiddleston, Loki en las películas de Marvel), un extranjero misterioso que busca juntar fondos para financiar un emprendimiento que salve a su apellido noble de la decadencia. En  medio de este romance, una tragedia familiar afecta a Edith, y destrozada encuentra consuelo en su mudanza al hogar de los Sharpe. Sin embargo, los fantasmas que allí hay resultan peores que los que había dejado atrás en su escape.
Ese es el resumen básico de la trama de La cumbre escarlata, la última película de Guillermo Del Toro. Y hay que darle crédito al mexicano por la maestría que demuestra para ambientar este al igual que todos sus filmes. No importa que sea un cuento de hadas o un universo en donde conviven monstruos y seres humanos, el director siempre pone en sus obras un cuidado detallado en que el vestuario, los sets y los efectos visuales trabajen en armonía para que cada fotograma sea un placer a los ojos. En este caso la representación de época es excelente y ayuda a sobrellevar los primeros minutos de la película, en la que se desarrollan algunos personajes sin que pase nada realmente relevante. Pero donde Del Toro da rienda suelta a su visión de este mundo negro y escarlata es en la residencia de los Sharpe. Una mansión enorme que combina lujo y ostentación con vejez, decadencia y oscuridad.
También hay lugar para un par de criaturas sobrenaturales, de esas que le encantan al mexicano, aunque su rol en la película es menor de lo que uno podría esperar. El diseño de estas será familiar para todo el que conozca la obra previa de Del Toro; el énfasis esta puesto más en la locación que en los seres que la habitan.
En cuanto a la historia de La cumbre escarlata, no es tanto un cuento de fantasmas sino un cuento con fantasmas, pero centrado en los humanos. Los monstruos de esta historia son en verdad humanos, y cuando el guion juega con esa idea es cuando el terror realmente se aparece. Sin embargo, el misterio que rodea toda la trama se presenta en forma de un rompecabezas que se cree más difícil de lo que es. Se reciben pistas junto con la protagonista, pero Edith parece ser bastante lenta para ir configurando lo que pasa a su alrededor. Y cuando realmente lo descubre, no se puede más que decir: “¡Al fin, querida!”. También se suman a esto algunas decisiones ilógicas de personajes que parecen decididos a que alguien los mate y reaccionan ante situaciones como ningún ser vivo pensante lo haría. Esto pasa solo dos o tres veces; de cualquier manera es realmente molesto.
Volviendo a lo positivo, la actuación es excelente a lo largo de toda la película. A Hiddleston le toca un personaje con varias capas que explora en gran forma, y es genial poder verlo en un rol importante más allá de su ya clásico Loki del universo Marvel. Wasikowska también demuestra talento, y aunque la idiotez de su personaje a veces la hace quedar en offside, en estos casos no es su culpa sino la de un guion irregular. Pero la verdadera estrella de la película es sin duda Jessica Chastain, quien interpreta a la sombría Lucille Sharpe, hermana mayor de Thomas. Todavía me siento confundido por el miedo y atracción que me produjo simultáneamente esta mujer, que protagoniza los momentos de mayor tensión en toda La cumbre escarlata y puede infundir terror con solo una mirada diabólica.
Al final, La cumbre escarlata es un hermoso cuento de terror. No hermoso por su condición de cuento ni por generar terror en gran medida, sino hermoso por el hecho de ser hermoso. Aun así, como historia tiene suficiente intriga como para disfrutarse mientras dure, pero lo que se rescata al final son las imágenes: las hormigas devorando una mariposa, las hojas cayendo desde el techo, la sangre en la nieve.
Juan José Torres Negreira [@soytujotita]

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