La noche que no se repite: A los maragatos les gusta sucio

Es el último fin de semana en que se podrá ver en cines la primera y única película punk retro rural uruguaya. ¿Vale la pena? No sea tarao y siga leyendo


Foto: Facebook de La noche que no se repite

Por Juan José Torres Negreira

La ópera prima de los maragatos Aparicio García y Manuel Berriel, La noche que no se repite, narra una historia coral donde varios personajes cruzan caminos en una noche accidentada y violenta en San José. Para vendérsela rápido a un amigo le diría que es una especie de Pulp Fiction del interior del país.

La inspiración en el estilo que popularizó Tarantino en los noventa es notable. Se pueden ver muchos de sus elementos característicos: diálogos cotidianos llenos de ordinarieces, variedad de personajes criminales en situaciones extrañas, saltos de tiempo y de perspectivas. Hasta hay títulos que dividen la película en capítulos. Una comparación más justa sería con filmes que vinieron después y se enfocaron todavía más en la comedia negra procedente de los cruces del destino. Como por ejemplo Snatch: cerdos y diamantes, Go (traducida como Viviendo sin límites) 11:14. También hay algo de la Fargo de los hermanos Coen y la argentina Pizza, birra, faso. Pero dejemos las influencias de lado para hablar de La noche que no se repite en sí.

Sucia, guaranga y desprolija, lejos de ser insultos, son tres adjetivos que definirían bien a esta película basada en la novela homónima de Pedro Peña. Parece haber intención de los realizadores de mostrar el lado más bizarro y decadente del interior, sin ningún filtro. Encuentran el humor en donde otros verían solamente precariedad. Es una película realmente graciosa, que mantiene entretenido de principio a fin sin dar respiro. No es para cualquiera, igual. Quien conozca el género de la comedia negra sabrá bien por qué: tiene momentos vulgares y no tiene problema en ser políticamente incorrecta. Están advertidos.

También tiene sus debilidades. La forma en que se narra la historia por momentos confunde; uno puede marearse en cuanto a qué tiempo y qué personaje sigue. El recurso de los capítulos por personajes es extraño, porque en lugar de organizar más la historia confunde más; al final todo se entrelaza constantemente y no hay una verdadera división por protagonista. Además hay algunas desprolijidades técnicas –aunque no abundan- que se ven en el montaje y sonido, así como actuaciones secundarias que no convencen. Por otro lado, la ambientación de este San José nocturno es sencillamente genial. Todo es feo, pero con un estilo sobrado de personalidad. Se destaca la fotografía y la música que ayudan a darle dinámica a todo lo que se ve en pantalla.

Es una película que depende mucho de su final, donde todas las historias deben estrellarse y explotar en mil pedazos, y en ese sentido se puede decir que el cierre es correcto. Hay películas corales que cierran más –las nombradas como referencia por ejemplo- y otras menos. La noche que no se repite lo hace bien. Quizá no con un mensaje tan claro, lo que parece ser parte del punto.

¿Pero vale la pena, tarao? Mirá, tarao, tiene sus fortalezas y debilidades, pero considerando que dura poco más de 70 minutos y puede ser la última chance de verla en cines, es un buen plan para los amantes del género y/o cualquier que quiera ver una película uruguaya que se juega a ser diferente.

En principio este será el último fin de semana que la La noche que no se repite estará en cartel. Puede verse en Montevideo en el auditorio Nelly Goitiño, Grupocine Torre de los Profesionales y Movie Montevideo Shopping, así como en San José en el Movie Club.

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