Leer para sobrevivir: La noche que no se repite

Luego de un par de meses sin entradas, regresamos a este espacio de reseñas de libros sin actualidad con la novela de Pedro Peña

Por Gastón González Napoli

El camino es atípico. Nació como publicación de a capítulos en una revista, como la pulp fiction de hace casi un siglo. Se editó en formato libro en Perú en 2010. La reeditó Editorial Estuario en 2015, en su colección noir Cosecha Roja. Y hace cosa de un mes, se estrenó en salas uruguayas su adaptación cinematográfica. Por las calles de Montevideo se ven todavía murales pintados como campaña de marketing. Pero la historia transcurre en San José, de donde son nativos tanto los directores de la película como el autor de la novela: Pedro Peña.

La noche que no se repite es un libro breve, que vive del lado sencillo de la ficción. No tiene grandes pretensiones ni las necesita. Trae las reglas del noir a San José y les agrega sabor local. Como que uno de los protagonistas sea delivery y sea llamado, siempre, el gordo Pablo. Peña mantiene las cosas en tono ligero; no por eso abandona la amenaza que requiere el género y que empuja la historia hacia delante.

Dos amigos adolescentes, Juan Manuel y Esteban, le juegan una broma pesada al gordo Pablo y quedan involuntariamente -los tres- en medio de una trama criminal. Juan Manuel y Esteban porque se topan con un sicario; el gordo Pablo, porque es confundido con uno y contratado como tal. La noche a las afueras de San José se vuelve tenebrosa. Y el libro se lee muy rápido.

Alguna que otra inconsistencia revela la naturaleza episódica original de La noche que no se repite. Habría que preguntarle a Peña si tenía claro a dónde iba con su historia cuando comenzó a publicarla o si la fue desarrollando sobre la marcha. Lo entrañable del gordo Pablo, patético y valiente a partes iguales, compensa. Lo mismo la narrativa despojada del autor, que por algo tiene publicadas otras cuatro novelas dentro de Cosecha Roja. No es solo por que sea prolífico. Peña tiene facilidad para incorporar elementos extraños -un olor a azufre persistente- y otros de Clase B, tanto como puede escribir una buena secuencia de suspenso y espolvorearla de humor.

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