Locura al aire: la película más crazy en cartelera

El documental de Alicia Cano y Leticia Cuba disputa el concepto mismo de qué es estar loco y se pregunta si “la costumbre de encerrar” es la vía más apropiada para tratar las enfermedades psiquiátricas

Por Gastón González Napoli

Locura al aire avisa al comienzo que transcurre en la radio Vilardevoz, ubicada dentro del Hospital Vilardebó. Pero no indica quiénes son los pacientes. ¿Cuáles son psicólogos? ¿Quién está “loco”? Se cae al universo de la película inmerso en confusión, que propone sutilmente el tema de fondo: el miedo terrible que da la locura. Lo difícil que es de identificar y la sencillez con la que puede romperle la vida a alguien. Capaz que por eso se encierra a los pacientes psiquiátricos: no porque todos sean violentos, sino porque es más fácil esconderlos que enfrentar el problema.

Los protagonistas de este documental son pacientes ambulatorios del Vilardebó, es decir que no están internados. Sí integran y conducen la radio comunitaria Vilardevoz, en la que hablan de los problemas diarios de vivir con una enfermedad mental, y también realizan trabajo periodístico, como cubrir una marcha por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, México. Se preguntan si está bien o no utilizar la palabra “loco”. Hablan de las ganas que tienen de dejar sus medicamentos, y del pánico que les da hacerlo. Viven romances y desamores. Buscan trabajo. Cantan, tocan la guitarra. Se cortan el pelo, se maquillan. Una psicóloga ronda, contiene, aguanta, apoya, impulsa. La cámara los muestra como una mosca en la pared, casi sin intervenir.

La excusa que hallaron las directoras Alicia Cano (la de El Bella Vista) y Leticia Cuba (en su ópera prima) para meterse con Vilardevoz fue su plan de viajar a México para un encuentro de “radios locas” en 2014. A falta de un mes para el viaje, Cano y Cuba rodaron con celeridad, sin esperar ni un fondo de apoyo financiero. Al año siguiente filmaron más material. Su película es un pantallazo de la pobreza de la salud mental pública uruguaya; aunque jamás muestra, con inteligencia, el ala más tremenda del Vilardebó, sí permite adivinarla e imaginarla. Pero Locura al aire también es un retrato de la cotidianeidad del hospital, del tratamiento psiquiátrico y de la locura misma.

Además de hallar imágenes de esas que solo regala la paciencia -como Gustavo, uno de los protagonistas, tomando una paloma con cuidado y dándole un beso-, Cano y Cuba se lucen tanto en la estética como en la narrativa. Puede dudarse si no habría sumado ver, aunque fuera, una pizca del viaje a México, que se dejó por fuera del corte final. Sin embargo, esa determinación por solo lo estrictamente necesario significa una narración ajustada, que engancha por lo entrañable más que por lo duro. Las directoras le sacan petróleo a las historias que encuentran en “la radio más crazy del dial”.

“Se va a acabar/Se va a acabar/Esta costumbre de encerrar”, claman por la calle los protagonistas en una manifestación. Locura al aire deja colgando un par de preguntas: ¿qué se va hacer cuando se cierren, como está planeado, los hospitales psiquiátricos? ¿Está preparado Uruguay para darles la contención que precisan? ¿Quién se preocupa por los locos?

One comment

  • Carmen  

    La crónica provoca las ganas de ver la película, y con ello ya le hace todos los honores

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *