LoNaranjaDeLaLuz: Noches anaranjadas en Montevideo

Una banda formada casi de casualidad e inspirada en las noches de la capital, pero con alma lacacina. Otra entrada en Radio Clash, nuestro espacio de artistas emergentes nacionales

Por Gastón González Napoli

Leandro Andrés Itza nació y se crió en Juan Lacaze, hasta que Montevideo lo llamó con su canto de sirena. Quería estudiar Comercio Exterior y se le complicaba en la ciudad coloniense, es cierto, pero su excusa principal era la música. Allá no encontraba con quién armar una banda.

Buscó por la capital durante cuatro años, el trabajo de una hormiga con necesidad de expresarse. Llamó a “Mape” Bossio, exLa Triple Nelson, para que le pasara alumnos; así conoció a Daniel Venosa. Entró a una escuela de música, “más para conocer gente que para aprender”, y así dio con el tecladista Pablo Mallada. A ellos se le sumaron el bajista Esteban Ruhig, y completó el guitarrista Alfonso Méndez. Ese origen atípico explica la diferencia etaria que separa a Leandro de sus hoy compañeros en LoNaranjaDeLaLuz: él tiene 29 años, los otros rondan los 40.

Cumplieron en abril “seis otoños”, y tienen un disco editado, Todas esas noches de 2016. Lo despidieron en la sala Hugo Balzo del Sodre algunos meses atrás, y van ahora por su segundo álbum. Entrarán a grabar en octubre.

En el marco de Radio Clash, espacio de artistas emergentes, MOOG conversó con Leandro Andrés Itza sobre su grupo.

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¿De dónde viene el nombre?

Del color anaranjado de las calles montevideanas. La luz en su versión más tenue. Ese color y las cosas que nos pasaban de noche inspiraron el nombre de la banda y el título, las primeras canciones que están en Todas esas noches.

¿Montevideo tiene que ver con las canciones?

Exacto. Son a partir de situaciones, la mayoría, que verdaderamente nos pasaron. Una época de la juventud que uno sale mucho y se encuentra con cosas que pasan de noche y no pasan de día. Esa frase ya trillada de que nadie hace amigos tomando café con leche. Te conocés de noche.

¿Vos escribís los temas?

La autoría es de todos. Si bien uno ya va con una canción compuesta a la banda, se termina de componer en general, lo que se escucha en el disco es resultado del trabajo de cinco personas. La otra persona que compone es el tecladista, Pablo Mallada. Entre los dos armamos una paleta bastante variada porque escribimos en distintos estilos y eso nutre. Yo me aburriría de mí mismo si las canciones fueran todas mías. Cantar canciones que no compuse yo me pone en el lugar de intérprete, me lleva a lugares que yo no exploro. Uno se va enriqueciendo del intercambio.

Vos que venís de Juan Lacaze, ¿qué pensás de Montevideo por las noches?

En Juan Lacaze la vida nocturna es casi nula. Venir acá me dio la posibilidad de conocer un circuito nocturno, que termina siendo el mismo de tocar en vivo en boliches. Eso se termina traduciendo en canciones.

¿Qué influencias identificarías en LoNaranjaDeLaLuz?

Todos escuchamos música anglosajona, nos gusta el rock que todos conocemos, por supuesto. De hecho, la banda tiene un sonido medio de pasta, digamos. Suena actual, pero trae referencia a cosas viejas. Pero obviamente, por ser de este lado del mundo, nos influencia la música uruguaya y argentina. Ese rock rioplatense está en la sangre. En eso sobre todo nos encontramos: a todos nos gusta Fito, Charly, Spinetta. También influencia la composición, y se nota.

¿Uruguayos a quiénes escuchan?

Hay mucha música. Del rock, en sus orígenes, las bandas más longevas que nos gustan a los cinco son por ejemplo La Tabaré. Cuando presentamos en la Zitarrosa tuvimos el gusto de que Tabaré Rivero y Lucía Ferreira cantaran con nosotros. Probablemente los invitemos a grabar el segundo disco. También coincidimos en el gusto de Los Terapeutas; Mandrake grabó con nosotros “Pisando barro en las sierras”. Y después los monstruos: Rada, Jaime, Mateo. El Príncipe, como algo más bohemio.

Eso de que todos escuchan música en inglés se nota, hay un fragmento de “Sunday Morning”.

En el primer tema, “Lobby en el hall”. Tenemos dos canciones de Lou Reed, “Walk on The Wild Side”. Y después lo nombramos explícitamente.

Pero después en “Pisando barro en las sierras” Mandrake hace un recitado que suena re local.

Es re Sabalero. Lo asocio también a Mandrake con el Sabalero. La canción era bien de aventura, y en esa parte que va el solo de teclado se imaginó que podíamos hacer un relato. La escribí pensando en el Sabalero, en esos relatos que hacía, y ese mismo día que Mandrake fue a grabar, no la había escuchado antes, se lo di y lo interpretó a la perfección.

Por otro lado, “Mil avenidas” tiene una cosa góspel.

Tenemos a Carmen Pi, que es una crá. Le hizo un arreglo coral que queda con un canto góspel, americano, negro, a full. Quedó tremendo. Es un tema que ya no lo tocamos…

¿Por lo difícil de ponerlo en el escenario?

No, no por eso. Cuando lanzamos el disco en la Sala Camacuá ella lo tocó en vivo y quedó preciosa la versión. Si lo pudiera hacer, lo haría nuevamente. No lo hacemos para no repetir. Es un temazo que nos encanta, pero hay que dejar de tocar canciones para que entren las nuevas. Es preciosa pero la tuvimos que dejar en el camino.

¿Con Carmen cómo se dio el contacto?

Es conocida del bajista. Y nos imaginamos a quién le podía entrar bien ese tema, y Carmen estaba más cerca de lo que pensábamos. Fue hacer una llamada y ella enseguida se puso a la orden. Fue un día increíble, es muy intenso lo que transmite esa canción y lo que transmite ella.

No se conocían antes de armar la banda, ¿se han hecho amigos en estos años? Esos procesos creativos y de grabación deben de ser de lucha encarnizada.

Si bien no es un tema de ego, sentís que en esa discusión se va la vida. Otra frase trillada: uno se hace amigo a las puteadas. Si te podés putear con una persona y no pasa nada, quiere decir que está todo bien [risas]. Obviamente hemos perdido la paciencia varias veces y por distintos temas. Cada decisión que estás tomando con respecto a todo lo que lleva la música, ya sea armar un show, a dónde lo hacemos, el tema de la prensa, ir a sacarse fotos… Eso fue algo re controversial. “¿Cómo vamos a ir a sacarnos fotos?”. Tenemos que ponernos de acuerdo. Siempre terminamos, por suerte, entendiéndonos.

El show que dieron en mayo, querían cerrar una etapa.

El disco Todas esas noches no puede dar un show más, ya dio todo lo que podía dar. Al mismo tiempo, nosotros estamos por suerte para otra cosa nueva. Hace que uno crezca. El año pasado en los ensayos empezó la composición de estas nuevas canciones, nos estábamos dando cuenta de que ese disco medio que ya estaba. Dijimos “hagamos un último”, para coronar el proceso y de paso presentar las del disco nuevo a ver qué devolución tienen. Sirvió como termómetro. Las canciones nuevas tienen que tener un poco de rodaje antes de presentarse de una al estudio. Lo que te da el resultado es el ensayo y error, tocarla y tocarla.

El disco lo presentaron por distintos lugares de Montevideo. ¿Estuvieron en el interior también?

Varias veces. En Colonia hay un boliche, Barbot, muy lindo, que vamos muy seguido. También en Rocha, Maldonado, en San José. Está bueno, si bien genera otro movimiento, porque si es difícil conseguir lugares acá, conseguir lugares allá que banquen el costo mínimo, los viáticos para ir, es complicado. Pero dos por tres se da y es como una salida de amigos.

Lo hacen a no perder guita.

Claro. Si no hay nadie que nos pague $4.000 no vamos. Que es lo más difícil. Salir cero a cero.

Los temas nuevos, ¿en qué están? ¿Qué tienen en mente?

En este segundo disco se nota un poco más la madurez y la comunión de la banda. De estar muy bien ensamblados. Si bien en el primer disco ya se logra, ahora estamos con más fuerza, bien unidos. Se nota mucho a la hora de escuchar los ensayos y de trabajar las canciones. En cuanto a los estilos, se mantiene, pero en el primero hay dos canciones folk más o menos del mismo estilo, y ahora tenemos una nueva pero tocada de otra manera. Después tenemos en el primer disco un tema funk, ahora tenemos dos pero con otra impronta. Con más swing. La otra estaba con un funk más rockeado. Más bailable, en otro momento no lo hubiéramos hecho. También hay blues. Nos tiene muy ansiosos. Nos quedan cuatro meses más de pelearnos entre nosotros [risas]. Para marzo, abril, pensamos que puede salir.

¿Qué repercusión tuvieron los temas nuevos que presentaron en la Balzo?

Fueron recibidos muy bien. Antes los habíamos presentado en Río, que la gente puede bailar, y están esos funks más nocheros, más bailables, que generaron que la gente se mueva.

¿Cómo ves la escena montevideana?

Preciosa. Hay una cantidad de bandas que me gustan mucho, escucho mucha música uruguaya actual. Hay un nivel por supuesto muy alto, que hace que para estar a la altura haya que trabajar mucho y está muy bueno. Nosotros estamos buscando nuestro nicho desde hace tiempo y de a poco lo vamos encontrando. La banda de a poco va haciendo su nicho. Es una escena muy linda. Si somos parte de eso, es muy lindo.

Hay casi que hasta demasiada oferta.

Sacás un disco y corre en una catarata para abajo. Que alguien lo vea es complicadísimo. Pero tenemos fe en las canciones.

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