Los Nuevos Creyentes casi demuelen Inmigrantes

Galería de fotos y reseña breve del recital que Los Nuevos Creyentes dieron el viernes pasado en Inmigrantes, como parte de un show conjunto con Oro

Texto por Gastón González Napoli

Fotos de Gastón Martínez

Fueron unos 40 minutos. Los Nuevos Creyentes dejaron con ganas de más. El rato les bastó para sacudir los cimientos de Inmigrantes, con la batería imposiblemente potente de Diego Prestes al frente de la cabalgata. Tocaron temas de su debut El sonido bendito y de su anterior EP homónimo. Trajeron a Montevideo un poco del proto-punk de los sesenta y el garage psicodélico que los inspira, lejos del punk ramonero que persigue parte importante del rock nacional mainstream.

Matías Singer parecía siempre al borde de desgarrarse las cuerdas vocales. Una furia que nada que ver tenía con el tono que utilizaba para preguntar “¿cómo están pasando, amigotes?” entre canción y canción. Más gruesa y amenazante que su voz en el disco; puristas de que el vivo debe sonar como la grabación abstenerse. A los temas los vigorizó. Más cuando tienen nombres como “Cuento de terror”, “Nuevo Orden Mundial” o “Ira marina”. Hubo espacio para un par de covers, como “Night-Time” de los Strangeloves. Joya extraída de los Nuggets que la banda ha señalado como musa.

Sin el teclado Farfisa de Santiago Bogacz, quien está viviendo en Alemania, pero sí con un Hammond que hizo más que lo necesario para suplirlo. Tampoco hay que olvidar a Rodrigo Gils y Zelmar Borrás, el uno en bajo y el otro en una guitarra principal que no despuntó en solos sino en texturas y ruidos que le daban la pátina psicodélica. Aun así, el puntal de Los Nuevos Creyentes el viernes pasado fue la batería de Prestes. Recordaba a la escena semi-ficticia de la serie Vinyl, en que un show de los New York Dolls, proto-punks originales, hace colapsar a un edificio (el lugar se desmoronó en serio; aunque los Dolls no estaban tocando en ese momento, sí lo hacían todas las semanas).

Con esos golpes de bata, si Inmigrantes no se vino abajo no lo hará nunca.

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