Un lugar en silencio empuja los límites sonoros del cine

John Krasinski dirige y Emily Blunt eleva una película insoportablemente tensa que es casi un experimento auditivo

Por Gastón González Napoli

No es difícil imaginar a un productor leyendo el guion original de Un lugar en silencio y haciendo una pausa. ¿Convendría invertir en eso? Una historia de terror con criaturas alienígenas provistas de oídos ultra desarrollados que han casi eliminado a la raza humana, lo que fuerza a la familia protagonista a comunicarse en lenguaje de señas. Con un personaje sordo, cuyo punto de vista subjetivo se utiliza para generar tensión. Casi una película muda. Viviría o moriría según cómo se trabajara el sonido. Y en un Hollywood adormilado por bandas sonoras ensordecedoras tipo Hans Zimmer, ¿a quién poner al volante?

Resulta insólito que la productora detrás de la película sea la de Michael Bay, famoso por dirigir películas ruidosas y explosivas (todas las Transformers, para empezar); y que la dirija John Krasinski -el Jim de la versión yanqui de The Office-, quien contaba con dos créditos como director, ambos dramas indie no muy bien recibidos por la crítica. Más todavía sorprende que Un lugar en silencio funcione tan bien. Que sea insoportablemente tensa y te tenga al borde del asiento, con el corazón en la boca, por casi toda su duración. Que logre que en el cine no vuele una sola mosca.

Los héroes máximos son los diseñadores y editores de sonido, Ethan Van Der Ryn y Erik Aadahl. Héroes tantas veces pasados por alto que acá se llevan el premio. De todas maneras, mucho del crédito va para Krasinski. Fue él quien decidió que el personaje sordo, una adolescente, fuera interpretado por una actriz también sorda, Millicent Simmonds. Le aporta otra naturalidad. Es Krasinski quien, junto con la directora de foto Charlotte Bruus Christensen, provocan un suspenso brutal con mostrar pies descalzos caminando con cuidado, o con revelar un clavo solitario en un escalón. Juntos eligen dar información de a poco: tapas de diarios que leen “¡Es el sonido!” sin que la cámara se detenga sobre ellas, por ejemplo. Y es Krasinski quien decidió tomar el rol masculino protagónico, y aceptó que fuera su esposa, Emily Blunt, la que diera vida al femenino.

Krasinski no es un gran actor, pero tampoco se exige más de lo que puede dar. De lo que hace -mucha cara seria y emoción contenida- sale airoso. Ahora, lo de Blunt es fantástico. Vuelve a probar que puede hacer cualquier cosa. Las secuencias más impactantes son suyas; más que el sonido o la falta de él, más que la presencia de las criaturas, notorias aunque jamás demasiado expuestas, es Blunt la que lleva a uno a pedir por favor que termine la escena. El dolor, el miedo, la determinación, se leen en su rostro. Qué actriz. Se dice que ella le pidió el rol a su marido apenas leyó el guion. Por suerte están casados.

Es que se trata de un guion excelente. Los escritores (Scott Beck y Bryan Woods, además del propio Krasinski) construyen personajes reales y empáticos en un marco irreal. Diseñan una trama íntima, reducida, en un universo post apocalíptico que otros (entre ellos, Michael Bay) exprimirían hasta la última gota. En Un lugar en silencio, el universo queda en segundo plano. Nada sabemos de cómo llegaron las criaturas, tampoco importa. Como La carretera de Cormac McCarthy. Y el conficto de fondo no es “humanos contra monstruos” sino “padre y madre quieren proteger a sus hijos a toda costa y no saben cómo”. Ya sea porque su hija es sorda y no consiguen ayudarla, o porque, claro, hay monstruos. Como en La carretera de McCarthy.

Capaz se puede decir que Un lugar en silencio es como La carretera pero sin la agonía existencial depresiva. La carretera versión pop.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *