“Mad Max”: adrenalina en estado puro

La franquicia que hizo famoso a Mel Gibson regresa y destaca entre tanta secuela como una película de acción aceleradísima y con profundidad

mad max

Puntaje: 9.5
La sensación que te queda al salir de la sala de cine después de ver Mad Max: Fury Road se resume en una palabra: wow. Es una inyección de adrenalina pura, como una canción de Van Halen materializada, recubierta de cromo, prendida fuego, tirada en el desierto y explotada una buena cantidad de veces pero que sigue sonando a hard rock. El tráiler es un buen resumen de lo que se puede esperar: una gran persecución de vehículos gigantes a través de la arena en un futuro distópico en que los motores son venerados como dioses y el desagradable de Immortan Joe controla el agua y por tanto a un pueblo que no tiene otra que adorarlo. Es una película que no conoce el término “sutileza” ni mucho menos está interesada en conocerla. Y aun así no es un filme vacío de contenido que solo apunta a divertir: Mad Max: Fury Road es lo que toda película de acción debería aspirar a ser.
“Mad” Max Rockatansky es el personaje que lanzó a la fama a Mel Gibson, en una película homónima cuando todavía era un ignoto actor australiano en 1979. En aquella oportunidad, Rockatansky era un policía en un futuro cercano en que las bandas de motociclistas criminales dominaban las calles. Con un presupuesto mínimo y unos ingresos descomunales, supo ser durante años la película más rentable de la historia y con un shock eléctrico le dio vida a una franquicia loca por la velocidad. La siguiente, El guerrero del camino, de 1981, profundizaba el tema distópico con un mundo que se caía alrededor de Rockatansky, y es hasta hoy considerada como uno de los grandes hitos del cine de acción/ciencia ficción. La trilogía se cerró con éxito en 1985, con Mad Max: Beyond Thunderdome. Durante 30 años, el director George Miller se conformó con dirigir películas para niños como las dos de Babe: el cerdito valiente Happy Feet. Su regreso a la saga con un nuevo actor en la piel de Max podía salir mal de muchas maneras, pero todas las fichas cayeron en su lugar.
El ascendente Tom Hardy (el villano Bane en El caballero de la noche asciende -valga la redundancia-, el hombre capaz de cambiar su rostro en El origen) encarna a “Mad” Max, con la peculiaridad  de que Miller elige no volver a contar su historia de origen (algo que las películas de súperhéroes se han encargado de volver pesado y repetitivo), y en lugar de eso pone a Rockatansky en un lugar todavía peor al de Beyond Thunderdome, convertido en un linyera solitario en medio de la nada. Enseguida es capturado por los “chicos de guerra”, jóvenes totalmente dedicados al culto del V8 que están condenados a morir y quieren hacerlo de manera valiente, en la lucha por Immortan Joe, lo que les garantizaría un lugar en el Valhalla.
Mientras a Max lo limpian y le tatúan en el cuerpo que es un donante de sangre universal, Imperator Furiosa (Charlize Theron) parte al frente de una comitiva que va a buscar nafta al Pueblo Gasolina. Pero cuando Furiosa se desvía y Joe descubre que se llevó consigo a sus esclavas sexuales para liberarlas, un ejército de vehículos monstruosos, chicos de guerra y el propio Immortan parten en su persecución. Uno de los chicos de guerra, Nux (Nicholas Hoult, protagonista de Mi novio es un zombie y Bestia en X-Men: días del futuro pasado), está demasiado débil pero no quiere perder la posibilidad de ir al Valhalla, por lo que se lleva consigo una “bolsa de sangre” para atar al auto y no interrumpir la transfusión que lo mantiene vivo: así, Max termina atado al frente de su vehículo.
Lo que sigue es una cantidad de energía, acción y vehículos demenciales ejecutada a la perfección. La fotografía es espectacular, intachable; esquiva la tendencia post-Jason Bourne de la cámara loca en favor de planos de colores saturados, filmados de tal manera que es imposible perderse nada e igual consigue sumergir en la locura adrenalínica en que están Max y Furiosa. Claro que gran parte del mérito de la espectacularidad del filme es su dirección de arte: George Miller eligió la vía de la realidad en lugar de la de los efectos por computadora, por lo que de verdad se diseñó y construyó todos los vehículos que persiguen a Furiosa (como se puede ver en el backstage). Delirios futuristas como una especie de camión que tiene atrás seis tambores para acompasar la marcha militar y en la parte de adelante una pared de amplificadores con un guitarrista demente que no para de tocar mientras su instrumento lanza llamas. Obviamente que es ridículo: es la idea. No todo tiene que ser oscuro y realista a la Caballero de la noche.
Y en medio del culto al motor, las actuaciones de Hardy pero en particular de Theron mantienen todo firmemente atado a la tierra. Furiosa es la verdadera protagonista, mientras que Max se convierte en su aliado. Esto llevó a que se la tilde de película feminista. Pero no debería ser así, a nadie debería llamarle la atención que una heroína sea más cool que su contraparte masculina: el género no tiene nada que ver. Sin embargo, ya que ese mundo no existe todavía, Mad Max: Fury Road se lleva aplausos por no transformar al personaje de Theron en una damisela en peligro con el hombre que viene a rescatarla. También y contra todo pronóstico, en el rol de la esclava favorita de Immortan Joe, Rose Huntington-Whitely (la modelo rubia que sustituyó a Megan Fox en Transformers: el lado oscuro de la luna) también se destaca, y ni que hablar de Nicholas Hoult, un tipo que debería ser una estrella a esta altura. Hardy la tiene más difícil, pues Max apenas habla y se pasa buena parte de la película con un bozal gigantesco; e incluso así saca adelante el papel.
Todo esto enmarcado en una banda sonora sensacional que no da respiro. ¿Qué sale del combo? Lo más cercano a la perfección a lo que una película de acción puede acercarse. Las críticas van por el lado de dejar en un papel demasiado secundario al propio Max, algo que seguramente cambie en las secuelas inevitables y, por una vez, bienvenidas. Lo único: después de verla, no manejes. La adrenalina es demasiada.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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