Misión: Imposible no falla: Repercusión es una perla más para el collar de Tom Cruise

La sexta entrega es otra clase de acción blockbuster, de entretenimiento estilizado, sin olvidarse del corazón de la franquicia

Por Gastón González Napoli

¿Cuál es la mejor Misión: Imposible? Es de las pocas franquicias en que no hay consenso. Para quien escribe es Protocolo Fantasma, de 2011. Por el humor del crack imbatible de Brad Bird y toda la secuencia de Dubai: nada que genere un vértigo tan fuerte como la escalada por los ventanales del Burj Khalifa. ¿Y la peor? Ha de ser la segunda, del 2000, que dirigió John Woo con mano fenomenal para la acción pero una historia demasiado cerca de ser incomprensible. Lo excelente de las Misión: Imposible, sin embargo, es que la diferencia de calidad es escasa. Todas están de mitad de tabla para arriba, todas con directores y elencos variados, todas ancladas únicamente en el rostro casi incambiado de Tom Cruise. La sexta entrega, Repercusión, tenía una vara alta que superar.

No hay sorpresas.

Aunque bien podría haberlas. Es la primera película de Misión: Imposible que repite director, Christopher McQuarrie, el hombre detrás de Nación secreta en 2015; también la primera que repite villano en el tenebroso Solomon Lane del actor Sean Harris. Dos datos que rompen la independencia con que cada película funcionaba, no tanto en cuanto a la historia, donde siempre hubo detalles de coherencia, sino en cuanto a los géneros. La de Brian de Palma y la de J.J. Abrams no tienen casi nada en común; Nación secreta Repercusión se parecen en su afán estilístico. Además, las separan solo tres años, la distancia temporal menor entre entregas de la saga. ¿A los ejecutivos del estudio se les había ido el éxito a la cabeza, como es la norma en Hollywood? ¿Querían el billete fácil y rápido, antes de que Cruise fuera demasiado viejo para colgarse del exterior de un avión o quebrarse el tobillo saltando de un edificio a otro? Es más que factible. Pero McQuarrie toma las riendas con firmeza y el rumbo es estable.

Las escenas de acción están coreografiadas con arte, como una pelea sensacional en un baño o la típica secuencia final de “va a explotar una bomba y hay que desactivarla”, que no por repetitiva deja de ponerte el corazón al límite. Los actores secundarios (Ving Rhames, Simon Pegg) cumplen con el nivel habitual; Rebecca Ferguson regresa a probar que el carisma sensual de Nación secreta no era casualidad, y a eso le agrega un costado de emoción sutil; Henry “Superman” Cavill brinda una performance física y amenazante, y hace olvidar que por culpa de Repercusión debieron borrarle el bigote con truchísimos efectos por computadora en La Liga de la Justicia.

Al centro, Cruise y su Ethan Hunt hacen una apuesta más por usurparle el trono de la acción a James Bond. No solo por las ansias de entretener a toda costa, sino por cómo le dan una pata familiar y emotiva sin clichés ni resbalones. Hunt puede hacer cualquier cosa. Pareciera que Cruise también.

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