Misterios y experimentación: Juana Molina en La Trastienda

El pasado viernes 4 de agosto la artista argentina presentó su último trabajo en la sala de Fernández Crespo
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Foto: Alejandro Ros
“Quemarás la ruda, prepararás la poción/Y en noches de lunas repetirás la oración/‘Linda luna que ahí con tu luz iluminas el brebaje a ti te invoco/Ayúdame a conseguir lo que he pedido’”. Juana Molina había dejado la guitarra y bailaba “Paraguaya”, un tema cargado de misticismo dedicado a una poción que le permita atrapar a un amor no correspondido. La hipnosis que se sentía en el público hacía pensar que de verdad se estaba llevando a cabo el ritual dentro de la sala. Los misterios y la experimentación sonora serían la clave del paso de la artista argentina por una Trastienda con entradas agotadas.
Con un formato de trío formado por Diego López de Arcaute (batería y percusión), Odín Schwartz (bajo, guitarra, sintetizadores y coros) y ella en guitarra y sintetizador, Molina presentó su séptimo disco, titulado Halo. Arrancó con “Cosoco”, que gracias al sonido de la batería, los riffs repetitivos y la musicalidad de la voz procesada, despertó el baile desde el primer acorde. Continuó con tres canciones más de su nuevo disco: “Cara de espejo”, “Estalacticas” y la ya nombrada “Paraguaya”.
Solo tocó temas de los discos Halo, Wed21 y Un día; seguramente porque las canciones elegidas de estos tres álbumes tienen un sonido y temática que se pueden considerar similares, complementarios. Por ejemplo: después de que en “Paraguaya” Juana dijera que la poción falló y que la embrujada fue ella mientras que su amor lo olvidó, en la siguiente “Eras” habló sobre la espera en vano por un amor, una idea que llega a su clímax con la repetición de la frase “siete vidas te esperé”.  El dolor termina con la próxima canción del setlist: “Lo decidí yo”, donde la cantante es la que decide poner punto final al desconsuelo: “¿Quién decidió determinar que es un adiós?/Lo decidí yo, lo decidí yo”.
El momento más enérgico de la noche llegó con “Un día”, consagrada a las ganas de cambiar. Mientras que por los parlantes de La Trastienda sonaba la frase “Voy a viajar, voy a bailar, bailar, bailar, ¡quiero bailar!”, se formó un pequeño pogo entre el resto de las personas que bailaban sin parar. En el punto más intenso de la canción, Juana hizo un solo frenético con su sintetizador, del que luego loopeó el último fragmento y dejó sonando mientras la canción crecía.
Después de cantar “Sin dones” llegó un instante completamente opuesto al que se había vivido con “Un día”: la intimidad de “Lentísimo halo”. Aquí, el mínimo sonido por parte del público amenazaba con romper el ambiente creado por las luces rojas detrás del escenario, el humo espeso y el minimalismo de la música. Los efectos de sonido que rozaban lo sombrío y la voz casi susurrada de Juana conformaron el clímax mayor del recital.
Para continuar, la banda interpretó “In the lassa”, en la que Juana prescindió de las palabras, vocalizando en cambio melodías loopeadas que formaron una unión y provocó una vez más el baile generalizado. Para cerrar la primera parte, Juana retomó las canciones de Wed21 con “Ay, no se ofendan”, “Ferocísimo” y “Bicho auto”.
En el bis,  quedó sola en el escenario para presentar un tema que aseguraba no tener “muy ensayado”: “Días de esos” de Totem (el grupo uruguayo de principios de los setenta, liderado por Ruben Rada). Con su guitarra y su voz dulce, Juana cantaba “Días que pronto pasan/horas que son muy cortas/sola me han dejado”; sin embargo, el clima de la canción nunca terminó de concretarse debido a que, a falta de ensayo, el sonidista no podía enganchar bien el loop de la guitarra para que la canción siguiera su curso. A pesar de tres intentos fallidos, Juana decidió seguirla a pedido de los asistentes y cumplir con el cover improvisado.
Tras tocar “Sin guía, no”, Juana volvió al escenario para un segundo bis y así cerrar con “Wed21”, una canción llena de efectos de sonido y repeticiones que entregaron a La Trastienda al baile por última vez en la noche.
Por Rodrigo Guerra

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