Casas embrujadas, fantasmas y melomanía: la fórmula del punk psicodélico de Los Nuevos Creyentes

Los Nuevos Creyentes despuntaron en 2017 con el debut de su primer disco, El sonido bendito, y aprovechamos a charlar con ellos antes del show que darán en conjunto con Oro hoy viernes por la noche en Inmigrantes


Matías Singer. Foto: Lois Artigas

Por Gastón González Napoli

El pasillo estrecho parece un callejón como de película. Fuera de contexto en pleno Punta Carretas. Al final hay una puerta y del otro lado Matías Singer está regando unas plantas en el jardín del fondo. Parece estar solo, pero como en un coche de payasos, pronto saldrá gente de todos los rincones: los “75” miembros de la Croupier Funk, en palabras de Matías, están ensayando.

Al rato, mientras MOOG charla al sol otoñal con él, cantante y guitarrista de Los Nuevos Creyentes, y Zelmar Borrás, a cargo de otra guitarra del grupo, llegará Ismael “Señor Faraón” Varela a ensayar con su propia banda. Un ir y venir de gente que muestra lo interconectado de gran parte de la escena rockera montevideana. Hasta “Mandrake” Wolf ensaya ahí.

Los Nuevos Creyentes tocan este viernes en Inmigrantes, en conjunto con los bluseros de Oro. Hablaron con MOOG del surgimiento de su banda y de la grabación de su debut, El sonido bendito, editado el año pasado. Sobre todo, hablaron del desarrollo de su sonido de punk y psicodelia, en una conversación que se aventuró a las profundidades de la melomanía.

***

Empecemos con un repaso de la historia de la banda. El primer disco salió en 2015. Un EP.

Zelmar: Con los Nuevos Creyentes tocamos desde un año antes, 2014. Con Mati y con Rodrigo [Gils], el bajista, tocábamos en una banda que se llamaba Luz Mala, y cuando se separó nos juntamos a hacer covers, versiones de temas que nos gustaban. Ahí vino Diego [Prestes] el baterista. Estuvimos un año tocando así. Después empezamos a hacer temas nuestros y entró Santi [Bogacz], que toca las teclas.

¿Se conocían desde antes con Santiago y Diego?

Z: Santiago es el hermano del bajista.

Matías: Lo conocíamos como el hermano de un amigo.

Z: Son hermanos de madre. Y Diego trabaja conmigo desde hace mil años. Fue medio natural. Estábamos ensayando nosotros tres, Diego escuchaba la misma música que nosotros…

M: ¿No empezamos con él?

Z: Nos juntábamos en tu casa antes.

M: Ahh… me suena, ahora que me decís.

Z: Tocábamos los covers esperando que después pinte un batero.

M: Nosotros dos tocábamos antes en una banda que se llamaba Culpables. Venimos de hace pila tocando juntos.

Z: Siempre hacíamos temas nuestros. Culpables, Luz Mala… Se trataba de “tenemos una nueva banda para hacer nuestros temas”. Acá fue para desestresar que empezamos a hacer temas de otros. Incluso estuvimos mucho tiempo antes de tocar sacando versiones. Definimos un sonido.

¿Ya iban en esa onda psicodélica?

M: Capaz que no psicodélica, pero sí garagera.

Z: Covers de los 60 o de bandas punks de los 70.

M: Cosas con un sonido particular. O extraño, al menos. Capaz que la psicodelia entra por ahí.

El EP tiene un sonido más garagero.

M: Es que nos encanta eso.

Z: Hacíamos un par de baladas…

M: O temas de los Nuggets, que son todo bandas así [Nuggets: Original Artyfacts from the First Psychedelic Era, compilado de temas psicodélicos y proto-punk de fines de los 60].

Z: O temas de Can.

M: Algún instrumental, que la psicodelia la agarramos por ese lado. Con las bandas de antes no hacíamos instrumentales. De hecho hay una que tiene mucha similitud con covers que hacíamos [se ríe]. También pasa eso, hay temas que tenemos que son similares a algún cover.

Z: Totalmente [se ríe],

M: “Hoy no encuentro a mi mente”.

Z: Pero lo empezamos a hacer después ese, “Pushing To Hard” de los Seeds, que es igual a “Hoy no encuentro a mi mente”. Tampoco es igual, tiene algo. Todo el mundo lo hace.

Los Nuggets los nombraron en una entrevista con PiiiLA en donde decían que había sido una gran influencia para ustedes. Un montón de bandas…

M: …de culto. Nos gustaba hace tiempo.

Z: Cuando éramos guachos, el “Tuka” [Martín Solana], guitarrista de Hablan Por La Espalda, se había comprado la caja con los CDs. Lo fuimos copiando. A todos nos recontra copó. Nos gustaba el punk…

M: Es el proceso que hacés cuando escuchás punk. Empezás a ir para atrás. Te gusta el hardcore, vas al punk de los Ramones, después a los Stooges, y llegás ahí. Son bandas que le copiaban a los Stones, a los Beatles.

Z: Y ahí llegás a los Stones.

M: Tienen punk los Stones. Pero los Nuggets tienen algo re casero. Hay bandas que tienen dos temas.

Z: Los Nuggets originalmente creo que era un LP, pero cuando salieron en CD eran como cuatro discos de 30 temas. Entonces son 120 temas de garage.

M: Y existen pila de compilados. Back From The Grave que llega hasta los 80 o fines de los 70.

Z: Pebbles también.

M: Bandas medio extraterrestres, con un sonido particular sin darse cuenta. Capaz que ni siquiera lo buscaron. Se tenían que diferenciar.

Z: Los Monks tenían un banjo eléctrico. Los 13th Floor Elevators tenían ese instrumento medio raro.

M: La botella.

Z: [imita el sonido].

M: Algunas tienen una estética marcada. Mismo los Monks, son todos monjes. Hay mucho de las bandas de surf, que de repente se vestían de saco rojo y pantalón negro con corbata negra. Nosotros lo hacemos con la creencia y la fe.

Z: ¿Conocés a los Monks?

No…

M: Están increíbles. Alemanes, ¿no?

Z: Yanquis que se fueron a Alemania.

M: Cierto. Porque eran militares y estaban en una base todos juntos en Alemania. Para divertirse hacían punk.

Tienen un nivel de melomanía importante.

M: Somos todos bastante melómanos.

Z: Nos gusta. Somos medio nerds de la música.

Zelmar Borrás. Foto: Lois Artigas

Los Hablan Por La Espalda arrancaron para la música uruguaya y ustedes para la psicodelia punk.

M: No, medio lo mismo. Ellos se coparon con lo uruguayo. Al Zelmi también le gusta.

Z: A vos no tanto.

M: No escucho tanto uruguayo. Santi capaz que sí.

Ahora que nombrás a Santiago, yo lo conocía por Matador.

Z: Es re versátil. Si bien mete su personalidad en las teclas, hace eso y hace…

M: Puede hacer lo que quiera.

Z: Podría tocar en una banda de metal.

Es que Matador es como un folk metal.

Z: Tal cual.

¿En qué momento se dieron cuenta de que ya no estaban imitando a otros?

M: Nunca [se ríen]. Yo justo, el Santi es lo opuesto, a mí me copa parecerme a cosas que me gustan. Lo que pasa es que después, lo que hacemos no es así. Uno hace un tema pensando que es parecido a algo que te gusta y los demás le ponen las cosas que les gustan, después lo grabás, después cómo lo tocás, están todos los organismos de las distintas personas jugando ahí y no es lo que creías que era. Por suerte.

Z: Salvo que te intereses por tocar… Nosotros no fuimos nunca de tocar “este estilo”. Si tocás surf rock, algo bien de género… Pero nosotros tocamos hace 80 mil años y ya tenés una forma de tocar. Nunca va a ser igual a la de otros. Tenemos el Farfisa, que es un teclado de los 60, o los pedales. La banda fue llegando a un sonido, por alguna razón. Ponele, Diego, el baterista, es re primitivo para tocar.

M: Le da pila de personalidad a la banda. Cuando fuimos a grabar, el dueño del estudio -un crá, pobre, no sabía- le dijo “hacé algún pique” cuando estaban probando la bata. Y el afinador de bata, ¿cómo se llama? Drum doctor. Dijo: “No, él toca así”. Todo el tiempo igual. Va derecho, derecho, derecho. Y es re persistente. Hay tremendo valor en eso. En no aburrirte y seguir. Pila de gente dice que está demás cómo toca el “Niño”. Como le dice el Zelmi en los ensayos, es como si fuera una maquinita de ritmo.

¿Cómo fue el proceso de composición de El sonido bendito?

M: Algunos temas los traje yo, otros el Santi, otros los terminamos acá en la sala. Uno lo trajo el Zelmi también.

¿Los instrumentales cómo salen, zapando?

Z: “Palabra de un misionero” sí. “Licencia para resucitar” lo trajiste vos ya armado.

M: Ponele que hayan quedado dos temas afuera. Pensamos hacer pila y después elegir, pero la verdad que los que estaban ya estaban bien. En el primer disco la banda se encuentra por primera vez. Va a ser más fácil explicar el proceso del siguiente disco que este.

Z: Un poco más pensado.

M: No sé si pensado. Pero el otro fue, onda, a descubrirse. Estaban re bien las canciones, a todos nos encanta el disco. No es que llegamos tipo, “metamos este porque nos quedan pocos temas”.

Z: Hubo una circunstancia, vos te ibas, y había que grabarlo ya. Eso estuvo bueno.

En lo que cuentan ustedes, hablan más de punk. Pero las reseñas del disco casi todas hablan de psicodelia. A mí también me sonó por ahí.

M: Es un punk psicodélico. Desde guachos tocamos punk. Se fue depurando el sonido de las cosas que hacemos. Es punk, pero no tan punk comparado con lo anterior. El otro día me encontré con un loco que nos iba a ver y después se encontró con el Charly, el exbatero de Hablan, que era batero de Culpables, y le dijo: “Che, el otro día me encontré con el Mati y me mostró lo que está haciendo. Es re Arctic Monkeys” [se ríen].

Z: Qué hijo de puta.

M: A nosotros no nos gusta ni ahí. Pero para él, punk es lo otro. Esto ni ahí. Para mí es como el punto medio entre punk y psicodelia.

No tanto psicodelia lisérgica…

M: Para mí sí igual. Yo re viajo con lo que hacemos.

Z: Pasa que el punk es muy amplio. Le decimos a todo punk.

M: A Edmundo Rivero capaz. Es una actitud. Hoy en día, sobre todo.

Justo hay cierta movida de Nueva Psicodelia.

Z: Está de moda. Mismo bandas famosas.

Tame Impala.

Z: Esas bandas suenan más… No somos nada que ver. Aunque hay algo que no hacíamos antes: apagamos las luces en el ensayo. Hay cierto misticismo. El nombre de la banda. Antes no era tan así, era más agresividad.

M: No apagarías la luz nunca.

Z: Ahora ponemos dos celulares, apagamos la luz y nos quedamos zapando.

La oscuridad capaz que no, pero sí aparece bastante el terror en el disco. “Cuento de terror”, “La hija del terror”, en “Espectro” no se lo nombra aunque hay como una sensación, con la “piel de gallina”…

M: Tiene que ver con la luz apagada. Casas embrujadas, fantasmas, todo ese imaginario está re presente en la banda. Una parte espiritual, como la parte buena, y una parte de terror, no sé si de demonios. Lo malo está medio llamado “terror”. Pero “La hija del terror” no es tan mala.

Pasando al recital, parte importante del sonido de ustedes es el teclado de Santiago, que está en el exterior. ¿Cómo lo van a manejar en vivo?

Z: Con el “Pelado”, que tocaba en Hablan. El año pasado tocamos una fecha con él.

M: Es otro sonido, pero está de fiesta.

Z: Tiene un Hammond. Arregla las canciones de formas distintas.

¿Qué los emparenta con Oro?

M: Somos amigos de hace pila de tiempo. Ellos ensayan acá también. Es el grupo de amigos dividido en dos bandas.

Por eso “Mandrake” Wolf se fue para el blues, entonces, porque ensaya acá.

M: Puede ser [se ríe].

El batero de Oro está con Mandrake.

M: Y el violero de la Croupier también. Está todo conectado.

Z: Con Oro tocamos varias veces y siempre está de fiesta. Los equipos son los mismos, el sonidista es el mismo.

M: Y hay gente que si toca uno y no el otro capaz que no va, pero como tocamos los dos, tienen que ir seguro. El ambiente va a estar alegre.

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