Molotov está en la casa

La banda de rock mexicana Molotov se presentó en Montevideo este martes a todo volumen, con un repaso de temas de toda su carrera, desde ¿Donde jugarán las niñas? hasta el último Agua maldita; llenaron La Trastienda e hicieron arder la noche
Mientras un grupo de personas se agolpaba en la puerta de La Trastienda, esperando lo que sucedería pasadas las 21:30, un grupo de hombres pasó entre ellos, la mayoría vestidos con chalecos de jean y con barbas frondosas, que saludó y sonrió como respuesta a los gritos y silbidos de los fans. Molotov acababa de ingresar a La Trastienda, y ese perfil bajo tuvo poco que ver con lo que vino después.
Por suerte en Uruguay no se acostumbra llevar costureros a los toques; en el caso de que así fuera, agujas y alfileres hubieran quedado afuera. La cantidad de gente elevó la temperatura y disminuyó el aire para respirar; ver un rostro sin sudor era posible solo si alguien había ido acompañado de un maniquí. Sin mucho protocolo ni parafernalia, la banda mexicana subió al escenario y sus integrantes dijeron unas palabras difíciles de entender para quien no está habituado al acento mexicano. Lo que fueron 20 palabras cortas se escucharon como una sola palabra larga; al final hubo una aclaración: “No vamos hablar mucho”. Sabia decisión: para qué hablar si se puede hacer música.
El show empezó con “Noko” -una especie de apócope del estribillo “no comeremos mañana ni hoy”-, tema perteneciente al álbum Dance and dense denso. De ese disco a lo largo de la noche interpretaron varios temas, entre ellos “Changuich a la chichona”, un tema con muchas palabra ambiguas que aluden a la comida aunque su real sentido está dirigido a la mujer -“chichona” es un término mexicano para referirse a una mujer con senos grandes-; sí, a eso se le llama cosificación sexual. Tres filas de luces sobre la banda, verdes, blancas y rojas, representando los colores de la bandera de México para entonar “Frijolero”, otro tema del mismo disco que trata del maltrato a los inmigrantes aztecas en EE.UU. Sí, a eso se le llama xenofobia.
Una pantalla gigante ubicada detrás de los músicos reprodujo a cada uno de ellos mediante un lente ojo de pez; y cuando uno no mide más de 1.60 mts., la única opción era verlos por allí, a través de lo que parecía la mirilla de una puerta. El toque duró aproximadamente dos horas de corrido; en algunos casos hubo silencio -para nada incómodo- entre tema y tema, aunque lo más escuchado fueron finales alargados que enganchaban  el principio de la siguiente canción.
Molotov en vivo suena hardcore, más pesado y oscuro que cualquiera de sus discos. Molotov en vivo son muchos graves derechos al pecho. Molotov en vivo son un montón de personas saltando a la vez como si fueran chinos que quieren alterar el eje de rotación de la tierra. Molotov en vivo es casi por definición un cóctel explosivo. Este espectáculo del mejor rock pesado y latino, compuesto por dos bajos y  una guitarra, tiene un drummer hero: Randy Ebrigth, “el gringo loco”, que además de pegarle a la batería fuerte y con precisión, rapea en inglés sin una marca de agitación en su voz.
Del álbum Con todo respeto, en el que mezclan temas de otras bandas, siempre con la impronta Molotov -un poco de grunge, otro tanto de hip hop y transparentes influencias de Rage Against The Machine con su rap metalero- sonaron un par. Por La Trastienda pasó “Perro Negro” –tema de la banda mexicana Three Souls in my Mind-, también se proyectó una película de extraterrestres de los años 20 y comenzaron las dos caras del rockero y bailable “Marciano” (versión de “I Turned into a martian” de los Misfits).
No faltaron tampoco varias canciones del disco Agua maldita: “Y oleré y oleré y oleré el UHU” título y estribillo que parecen un cántico azaroso, pero refieren a oler pegamento- “Fuga” y “La raza es la pura raza”, este último acompañado de una proyección de Darryl Mc Daniels (DMC), rapero del grupo Run DMC, con quien grabaron el tema original.
“Here we kum” y “Parásito” ayudaron a ejercitar el idioma inglés entre los presentes que usaban el recurso fonético en su mayoría. A esa altura todo era humo, con distintos olores y animales teniendo sexo en una pantalla; los flashes, las cámaras y las promotoras de los auspiciantes habían quedado atrás, en un lugar que ya no parecía ser el mismo.
Las imágenes jugaron un papel muy emotivo en el tema “Hit me”, con retratos de las manifestaciones en México por el caso de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa: miles de personas en las calles con lágrimas en los ojos, un pueblo entero reclamando, un pueblo entero sufriendo el terrorismo de estado y una gran pancarta que dice “México huele a muerte”. El coro no se hizo esperar: “Nos quieren pegar y nos las van a pagar”.
Ningún tema se cantó tanto como los del primer disco ¿Dónde jugaran las niñas?. “Voto latino” y “Gimme tha power” fueron el despertar de los celulares, como espejos uno tras otro para registrar el momento al instante, y se escuchó un coro apasionado de “¡viva México, cabrones!”. Sonó una versión original de “Matate Tete” con un ritmo tropical intercalado, y “Chinga tu madre” terminó con un grito al unísono del público entre la humareda azul.
Se escuchó incesantemente una voz que pedía “Rastamandita”, promesa que no cumplieron. Tocaron “Puto”, y ese fue el punto final. La repetición de la palabra “puto” innumerables veces a diferentes tiempos. De un momento a otro, todos caminaban en dirección contraria al escenario, el aire volvía a expandirse, los pulmones y la mente agradecidos tarareaban: “Puto, el que no hace lo que quiere”.
Valentina Machado (@ValitaMachado)
Fotos: Bruno Larghero

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